El vizcaíno Pello Bilbao gana la sexta etapa del Dauphiné

Pello Bilbao, celebra su victoria en la sexta etapa de la ronda gala. /AFP
Pello Bilbao, celebra su victoria en la sexta etapa de la ronda gala. / AFP

Thomas (Sky), segundo en la carrera de este sábado en Rosière, reforzó su posición de líder en la víspera de la meta final

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Además de premiarle con la sexta plaza final, el pasado Giro de Italia le mostró a Pello Bilbao (Forua, 28 años) una lección clave en la carrera de un ciclista. Le enseñó a sobrevivir. Mientras otros corredores con más currículo desfallecían, el vizcaíno gestionaba como un metrónomo cada gota de su energía. Nunca claudicó y así llegó sexto a Roma. Pello Bilbao, licenciado en Educación Física, se ha estudiado bien por dentro. La universidad le dio la teoría; el ciclismo se ha encargado de la práctica. Y el Giro fue su máster.

Con todos esos datos en la cabeza, el corredor del Astana ofreció este sábado en la sexta etapa del Dauphiné una clase magistral de gestión de esfuerzos. Economía del sudor. Dejó en la almohada el regusto amargo de su mala etapa anterior. La archivó. Y salió a meterse en la fuga. Convencido. La jornada, corta y con cuatro puertos, era perfecta. A la cuesta final, La Rosiere, llegó con 30 segundos sobre Thomas, el líder, y el resto de los favoritos, que le veían una curva por delante. Pello ni se inmutó. Fijó su ritmo. Apuró sus límites y, tras dibujar la ecuación exacta, alcanzó la meta y la victoria con 21 segundos sobre Thomas. «La cabeza es lo importante», dijo en la meta. Ya ejerce como maestro. Ya sabe el tipo de ciclista que es: de resistencia, de vueltas. Ahora, con los mejores años por venir, le toca escalar hasta su techo. «Si estás bien mentalmente, puedes dar mucho más y pelear contra cualquier cosa», declaró tras su triunfo en La Rosiere. Estas montañas le van. Antes del Giro ganó aquí una etapa en el Tour de los Alpes y este sábado repitió.

El Dauphiné es un campo de pruebas del Tour. La etapa de este sábado era un calco de la que espera en la Grande Boucle el 18 de julio: 110 kilómetros y cuatro puertos, Bissanne, el col du Pré , el Roselend y la Rosiere. Estaba claro. Iba a ser un día explosivo. Pello había pagado una jornada antes los esfuerzos del Giro. Pero se despertó con ganas. Todos sabían que la salida iba a ser en tromba. Cuesta arriba. Ahí se montó una fuga de 27 corredores. Iba el dorsal número 1, Pello, que empezaba a impartir su clase de cálculo.

Atrás, Bardet probó en el descesno del col du Pré la solidez del Sky, el equipo de Thomas. El Sky no flojeó. A la subida final a La Rosiere, la fuga llegó con medio minuto. Parecía sentenciada. Sólo Pello creyó en ella. En él. Los arreones por detrás de Daniel Martin, que se llevó a rueda a Thomas y Bardet, pusieron al vizcaíno a tiro. Le veían. Pero no le cogieron. Pello tenía bien calculado el camino exacto al éxito.

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