Un segundo baja a Landa del podio en el cuarto Tour de Froome

Christopher Froome en acción durante la vigésima etapa de la 104ª edición del Tour de Francia /EFE
Christopher Froome en acción durante la vigésima etapa de la 104ª edición del Tour de Francia / EFE

Brillante también en la ‘crono’ final, el alavés casi remonta la desventaja que le llevaba Bardet, tercero tras el inglés y Urán

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAEnviado especial

Lejos de los focos que siguen pendientes de la llegada de Froome, vencedor ya de su cuarto Tour, Mikel Landa abandona el Vélodrome de Marsella. Circula solo. Gotea el sudor de la contrarreloj de 22 kilómetros. Habla solo. “¡Un segundo! ¡Por un puñetero segundo!”. Por ese suspiro no subirá al podio de París. Tras Froome y Urán, Bardet será el tercero. Por un segundo. Landa pedalea como por inercia, toalla al cuello. Por un segundo. La cifra le taladra. Sigue ensimismado. Y, ¿qué es un segundo? Así lo define mientras va hacia el autobús del Sky, el equipo que ha elegido a Froome como ganador de este Tour y no a él: “Un segundo… Es tan poco y tanto a la vez”.

Apenas un rato antes estaba en el estadio. Cinco minutos eternos esperando a Bardet. El sonido del Vélodrome impresionaba. Francia entera animaba a Bardet, que venía fundido, con las piernas arruinadas. Abajo, en la pista, Landa ni pestañeaba. Estrujaba una ‘fanta’. Preguntaba: “¿Cuánto tiempo tiene que hacer Bardet?” Para perder la tercera plaza, la que sube al podio, la que acaricia el alavés. “30 minutos y 20 segundos”, le dijeron. Hizo recuento. Ya no pedaleaba pero el pulso de los latidos no bajaba. Sudaba frío.

Francia contenía el aliento. Bardet es su hijo. Pero se arrastraba por las calles de Marsella. Iba tieso, desencajado. Había partido con 1 minuto y 13 segundos sobre Landa, y en la recta de vuelta al Vélodrome ya apenas le quedaba renta. El estadio y Landa apretaban los puños. Sin respirar. El sonido de la expectación. Miles de personas con los ojos tan abiertos como los del alavés. Bardet merece el podio. Landa merece más. Fue el más fuerte el juves en el Izoard, donde, otra vez, le frenaron en favor de su líder Froome. Bardet trazó al límite el giro de acceso al estadio del Olympique de Marsella. Ingresó en el túnel. Salió a la luz. El goteo de la emoción: 30.21, 30.20, 30.19, 30.18… Por un segundo, Bardet acompañará a Froome y Urán en el podio de París.

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Landa sale del podio

Y Landa, cuarto en la general final si no sucede algo ineseperado en el paseo final a París, rebobinó de inmediato. “Ahora pienso en dónde he perdido ese segundo”. Se le amontonan las etapas. “Aquellos dos segundos en el sprint de, el día de la fuga con Contador…”, repasaba. Hay más. Ha pasado días activando el freno porque Froome se lo pedía. Le dolía especialmente el pasado “jueves”. La etapa del Izoard. Cuando al fin el Sky le dio permiso para atacar. Fue Froome el que, ya en la Casse Déserte, le cogió y trajo con él a Urán y Bardet. Pese a todo, Landa le preparó ese día el sprint en cuesta a su líder. Y él volvió a ceder los metros que, al final, le han bajado del podio.

“He hecho la contrarreloj de mi vida”, se repetía. Voz de profundo lamento. Hondo. Amargo. La etapa la ganó el polaco Bodnar, potente en el repecho que sube a Notre Dame de la Garde, valiente en el revirado descenso y con reservas para pelear contra el viento en el viaje de vuelta al Vélodrome. Por su segundo batió a Kwiatkowski. Era la cifra del día. Froome, sin arriesgar, acabó tercero (a 6 segundos) su cuarto Tour victorioso. Contador, brillante en su probable despedida de la ronda gala, fue el sexto, a 21 segundos. Urán, que asustó al Tour en la curva final, donde tuvo que sacar el pie zurdo para seguir en equilibrio, concluyó octavo, a 31 segundos. Con ese tiempo le quitaba a Bardet el segundo cajón del podio. Pobre Bardet, penaba Francia. Landa, decimoquinto, a 51 segundos de Bodnar, reclamaba la medalla de bronce. La que perdió por un segundo. Nada. Todo.

Marsella es el escenario ideal para contar la historia de Landa en este Tour. Esa ciudad abierta al sur es un anfiteatro sobre el Mediterráneo. Al fondo, como un dinosario dándose un baño, emerge el islote de If. La prisión del conde Montecristo. En esa cárcel, injustamente preso, rumió durante años su venganza Edmundo Dantés. La novela fue escrita a cuatro manos por Alejandro Dumas y Auguste Maquet, que no figura en los créditos del libro. Dumas le pagó para quedarse con los derechos de la obra y se quedó con toda la gloria. En el palmarés de este Tour figurará para siempre Chris Froome. Landa, cuarto al final y sin el premio de consolación del podio, quedará tapado en los archivos de la ronda. Apartado en el islote de If.

A Edmundo Dantés le salvó de la desesperación un vecino de celda, el Abate Faria, el sacerdote que le iluminó con todos sus conocimientos y le desveló la existencia de un tesoro. Dantés logró escaparse de los barrotes de If, se convirtió en el conde Montecristo y amasó con mimo su venganza. Para ser el corredor que quiere, libre y de leyenda, Landa tendrá que buscar galones lejos del Sky y volver un día al Tour a medirse cara a cara con sus hoy compañeros. “Me veía con fuerzas para hacerlo este año”, lamentaba en Marsella, con If a la vista. No le han dejado.

Al alavés le ha pasado como al pobre Auguste Maquet. Toda la fama del libro ha sido para Alejandro Dumas. Como el Tour para Froome.

Aunque fueron Landa, Kwiatkowski y Nieve los que le sostuvieron en la subida al Peyresourde, en los Pirineos. Lo reconoce ahora el director del Sky, Nicolás Portal. “Ese día ‘Froomey’ nos dijo que no iba bien. Entonces le pedimos a sus compañeros que ralentizaran un poco el ritmo, discretamente para no alertar a los rivales”, desveló. Así fue. Landa tuvo que subir con el freno echado. En dos etapas anteriores, cuando había estado fugado camino de Rousses y de Foix, fue el Sky, su propio equipo, el que tiró a por el escalador de Murgia. Y tras contenerse en beneficio de Froome en el Peyresourde, tuvo que hacer lo mismo en los Alpes. El colmo para Landa fue ver que Froome salió a por él en el Izoard. Fue su noche más triste. A Landa le quedan sólo unos meses recluido en el islote de If. En 2018 no pertenecerá al Sky. Tendrá las piernas desatadas para pedalear hasta donde realmente merece. “¡Qué pena! ¡Por un segundo!”. Cabeceaba. “He aprendido mucho. Nunca más”. El Tour le ha maltratado. Ni el consuelo del podio le ha permitido. Ya volverá a saldar cuentas. Cuando le dejen ser el ciclista que es: hecho para emocionar en cada montaña. Libre.

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