Tour de Francia

Landa esquiva el viento que barre a Contador

Matthews se hizo con su segunda etapa en el Tour. / REUTERS

Matthews repite antes de los Alpes en una etapa marcada por los abanicos que cortaron a Martin y al madrileño

J. GÓMEZ PEÑARomans-sur-Isére

Michal Kwiatkowsi, polaco y centinela de Froome en cada kilómetro con peligro, se acerca a Mikel Landa en la meta de Romans-sur-Isére, donde ha ganado Matthews al sprint. Se sonríen. Y no se dan la mano porque eso no se estila en el aséptico equipo británico. Para evitar contagio, el saludo es un leve choque de nudillos. Como un puñetazo amistoso. La higiene es tal en la escuadra de Froome, líder del Tour, que por cada corredor hay una lavadora. Sin mezclas. Aquí cada uno tiene su papel bien diferenciado.

Kwiatkowki felicita al alavés, que ha esquivado el corte provocado por el viento lateral. «Ufff. ¡Vaya susto!», dice Landa, quinto en la general a 1 minuto y 17 segundos de Froome, su jefe. «Por un momento me he quedado cortado, pero he tenido fuerza para empalmar», relata. Una prueba más. Y van… A Landa le sobran piernas en este Tour. Pero no son suyas: pertenecen a Froome, al que defenderán en los Alpes que vienen, como le escoltaron en los Pirineos. Aun así, le critican por la sinceridad de sus declaraciones, por atreverse a decir que en el futuro «nunca más» quiere ser mayordomo del líder. De que es mucho más que eso hay una evidencia: no deja de recibir ofertas de equipos que le ofrecen todos los galones. El mercado no duda de Landa, que hasta sale vivo de una etapa en su contra, la del viento.

Las aguas dulces del Isére, afluente del Ródano, están picadas. Olas con la corona de espuma. Eso es que soplan ráfagas del sur. A los ciclistas, secos tras quince etapas, les rechinaron los dientes todo el día. No hay paz en el Tour. En la puerta de los Alpes, el aire caliente puso a hervir el asfalto. A 14 kilómetros de la meta de Romans-sur-Isére esperaba una curva despejada a la que todos temían.

Ahí, el aliento del sur dejaba de soplar de frente y comenzaba a silbar con el sonido que más acelera a los ciclistas: de costado y a favor. Eso enciende la locura. Todos lo sabían. Y sólo un equipo tuvo músculo para subirse a esa curva. Claro, el Sky. «Hemos decidido adelantarnos a los demás», contó Froome. Ordenó a Kwiatkowski trazar el giro y acelerar. El polaco desplegó el abanico que barrió a Martin y Meintjes -cedieron 51 segundos-, y a Contador, que perdió otro minuto y medio en vísperas de subir su cuesta preferida, el Galibier. «Bueno, ojalá así me den más libertad», se consoló el madrileño, solo, sin equipo que le proteja.

El maillot cuenta. A Froome le escudan en el Sky clasicómanos como Kwiatkowski, contrarrelojistas como Kiryienka y escaladores como Nieve y Landa. A Bardet (Ag2R) le rescató el belga Naesen cuando el tajo del abanico le había caído encima. «Naesen me ha salvado la vida», agradeció el tercer clasificado del Tour. A Aru le cuidó lo poco que queda del Astana. A Urán, nadie. Se basta solo. Y a Contador le pilló mal colocado esa curva donde el viento movía su periscopio. Iba con él su fiel Pantano, que se cayó. «Ha habido unos frenazos fuertes y hemos perdido contacto», narró Contador. Le dolía ese tiempo perdido que voló con el aire. Ya está a más de siete minutos de Froome. Más orgullo herido para el Galibier que se acerca.

Toda la etapa tuvo sabor a garganta quemada. Salir desde la tierra volcánica de Le Puy-en-Velay fue como una inspiración. En la tercera semana, el Tour tiene ya muchas guerras abiertas. Como la del maillot verde, el del ciclista más regular. Es Kittel, ganador de cinco etapas. Pero se lo discute Matthews, menos veloz y más completo. Kittel, tan alto, potente y pesado, mostró sus grietas en una salida alocada. El viento sur tiene ese efecto. Al ver la herida del rezagado Kittel, el equipo de Matthews, el Sunweb, puso a zumbar la etapa. A muerte. Ya no hubo tregua. Silencio agónico. Rumor de tubulares sobre el asfalto.

El dilema del sprint

Sin Kittel delante, al pelotón le aceleraban dos motores. El miedo y la ambición. El temor de los favoritos al viento que encrespaba el Ródano. Y la codicia de los velocistas, ansiosos de medirse en un final sin Kittel. Primero hubo que resolver la cuestión del aire. El Sky contestó en la curva clave. Eligió el corte del abanico. Metió delante a Froome y a Landa, que superó el susto con las piernas más poderosas de este Tour. Los dos se subieron a esa ola de viento que barrió a Martin y a Contador. Pasada la curva del miedo, había que solucionar el dilema del sprint. ¿Quién ganará sin Kittel?

A la pancarta de Romans-sur-Isére se llegaba por un zigzag en cuesta. Un sprint para pegadores. Van Avermaet se ajusta a ese perfil y se ciñó hasta el borde a los dos últimos giros. Tenía ganada la posición. Pero descubrió su error al ver al fondo la meta. Estaba demasiado lejos. De su chepa, casi agradecido por el lanzamiento, salió Matthews, que agarró su segunda victoria e impidió a Boasson Hagen celebrar el ‘Día de Mandela’, la inspiración del equipo sudafricano Dimension Data.

Hay otras inspiraciones pendientes. El Galibier que viene. En 2011 Contador, derrotado como este año, reventó ahí el Tour. A eso saldrá. Y solo una etapa loca, descosida y caótica puede abrirle a Landa una opción de victoria en esta edición. En el resto de situaciones, su papel será defender a Froome, cada vez más líder. En los planes del británico y del Sky no hay sitio para las improvisaciones o las locuras. Cada uno sabe su función. Una lavadora por dorsal. Cada uno en su sitio. Y Froome vino al Tour a ganarlo la tercera semana. Así lo diseñó el Sky. «Quería llegar a este momento como estoy ahora», amenazó el líder del Tour y de Landa. Turno para el Galibier, hora y media de subida. Una mole que emerge en la historia del Tour.

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