Ciclismo | Tour de Francia

Froome vuela y Valverde e Izagirre se estrellan

Eusebio Unzúe atiende a Alejandro Valverde.
Eusebio Unzúe atiende a Alejandro Valverde. / Teledeporte

El guipuzcoano y el murciano, con el tobillo roto y la rótula partida, abandonan por caída este Tour en el que ya intimida el Sky

J. GÓMEZ PEÑADÜSSELDORF

Düsseldorf, salida de este Tour, era una ciudad acuática. Un velo flotante mojaba el cielo y la carretera. Justo donde esta esquina de Renania pone un pie al borde del río Rin -más agua aún- corría la contrarreloj inicial. Catorce kilómetros sobre un espejo enjabonado. En esa orilla había un curva donde se cruzaban los ciclistas y la mala suerte. Era un giro que tenía todos los componentes para el patinazo: abierta y en ligero descenso para facilitar la velocidad de los corredores ambiciosos, llena de pintura sobre el asfalto y bañada por la lluvia que no dejaba de acribillar Düsseldorf. Por allí pasaron Geraint Thomas, veloz para ganar la etapa, y su jefe en el Sky, Chris Froome, poderoso para dar el primer golpe en la cara a Porte (le metió 35 segundos), Quintana (36), Bardet (39), Aru (40) y a Contador (42), el más lento de los favoritos, pero no el peor parado. De allí, de ese giro maldito, no salieron ni Valverde ni Jon Izagirre, caídos, rotos, fuera ya de un Tour que sólo ha dado su primer paso, eso sí, sobre agua, el peor suelo para las bicicletas.

Situado a seis kilómetros de la rampa de salida, esa curva a la izquierda ya había avisado. Antes le había puesto la zancadilla a Roche, Groenewegen, Bennet y Gallopin. Se levantaron y siguieron. Tuvieron esa fortuna. A otros dos, en cambio, se les iba a caer en ese bucle el último pétalo de su trébol de la suerte. Primero uno y luego otro, Valverde e Izagirre se estrellaron contra la misma valla. Golpe duro, bruto. Valverde amagó con levantarse. No. Le falló la pierna izquierda. Tenía la rótula partida y el tobillo roto. Adiós al Tour y a la próxima Vuelta. Una lesión así no se sutura en unas semanas. La alarma de la ambulancia que le llevó al hospital anunció que era su despedida, tan prematura. Con ese mismo sonido se fue Izagirre, con contusión lumbar y la cadera derecha machacada. El guipuzcoano se estrenaba como líder del Barheim en la ronda gala. Bautizo y entierro el mismo día.

Bajo el cielo ceniciento de Düsseldorf hubo dos tipos de ciclistas: los que nada arriesgaron y los que nunca frenan. Valverde, pese a tener ya 37 años, mantiene jóvenes sus ganas. Salió sin afeitarse, barba cerrada, y sin pestañear. Es hábil. De los que baila bien agarrado a las peores curvas. De los que se arriman al pitón. Como su líder en el equipo es Quintana, corre libre. Como le gusta.

Y así, disfrutando de su eterna juventud, metió la rueda en esa curva empapada. A toda pastilla. Seguro. Con la pierna zurda haciendo de timón. Bien agachado. Confiado en el beso húmedo entre los tubulares y el asfalto. Eso le traicionó. Perdió rueda y se fue al suelo, patinó y se dio de frente contra un ristra de banderas anudadas a la vallas que delimitaban el peligroso circuito alemán. Dolió ver el impacto. Paró el golpe con la rodilla y el costado. Eusebio Unzúe, Chente García Acosta y el auxiliar Aritz Berruezo saltaron del coche del Movistar. «Le sangraba mucho la pierna a la altura de la tibia», contó Chente. Sangre sobre el charco. Trataron de orillar al corredor para evitar que otro ciclista impactara contra él. Valverde, con collarín, se dolía. Se encogía. «Al principio parecía una caída más, pero no...», relató el técnico navarro. El corredor murciano se fundía en un ovillo con su dolor, calado por la lluvia del Rin, por la desgracia. Hasta ese resbalón había sido su mejor año: victorias en Lieja, en la Flecha, en la Vuelta al País Vasco, la Volta… Todo roto en 6 kilómetros de Tour

La caída de Valverde corrió como un escalofrío hasta la salida de la contrarreloj, donde aún sudaban bajo toldo y sobre rodillos los aspirantes al podio. «Justo antes de partir me lo han dicho», comentó Contador. «He ido con mucho cuidado en las curvas», añadió. Masticaba decepción en la meta: Thomas le había sacado 54 segundos. Y lo peor, Froome, en poco más de un cuarto de hora de sudor, le había metido 42 segundos.

Contador a 42 segundos de Froome

Contador no se tapó: «Es una barbaridad de tiempo perdido. No es la mejor manera de empezar el Tour». Se le notaba abatido, como si hubiera chocado contra otra valla, la de la realidad, la del Sky. El equipo británico colocó a cuatro corredores, Thomas (1), Kiryienka (3), Froome (6) y Kwiatkowski (8) entre los ocho mejores del primer y breve asalto.

«Froome va muy fuerte», constató Contador. Todos lo hicieron. Si la víspera había un racimo de candidatos con las expectativas intactas, en apenas 14 kilómetros muchos se llenaron de dudas y les cayó encima una certeza: el Sky vuelve a llegar puntual al Tour, con todas sus piezas engrasadas. Incluido Thomas, galés, compañero de clase de Gareth Bale, y primer líder de este Tour.

Thomas ya había gastado toda su mala suerte antes de venir a la gris Düsseldorf. Su madre y su esposa han pasado por problemas físicos. Y él fue víctima en el Giro de aquella caída por culpa de una moto policial mal estacionada que también tiró a Mikel Landa. En este Tour está, como el alavés, al servicio de Froome.

«He salido relajado. No pensaba ganar y mira», contó. Temía al esloveno Roglic, que tocó suelo en otra caída. Pensaba también que Tony Martin, el esperado por Alemania, le iba a triturar. Y no. Nadie surfeó mejor que él sobre el mundo acuático de Düsseldorf. Thomas es ciclista por culpa del Tour, por aquellas imágenes de la Grande Boucle que llenaron de niño sus vacaciones de verano. «Le pedí de regalo a mi padre que me pusiera ‘eurosport’ en la tele para ver la carrera». En Düsseldorf recibió el regalo amarillo del maillot de líder mientras Natalia, la esposa de Valverde, tiraba hacia el hospital universitario donde estaban los huesos molidos de su marido y de Izagirre, los primeros caídos de este Tour que arranca a mordiscos.

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