MTB Non Stop Madrid-Lisboa

«Hacía mucho que no sufría tanto sobre una bicicleta»

El equipo de ELCORREO.

El equipo de EL CORREO supera las dos primeras etapas de la carrera 'non-stop' más dura del mundo

JOSU GARCÍA / BRUNO VERGARA

La 'champions' del mountain bike de larga distancia se disputa estos días entre Madrid y Lisboa. Y la estamos sufriendo en nuestras carnes. Esta carrera no perdona. Es dura, larga, los participantes tienen un nivel increíble, pese a no ser profesionales y discurre por un terreno donde hay que sudar cada kilómetro. No valen medias tintas. Hay que darlo todo en cada cuesta y cada descenso. Los dos periodistas que escribimos estas líneas estamos sorprendidos. No nos esperábamos este trazado tan tortuoso. El año pasado, la Barcelona-San Sebastián, prueba hermana de la que ahora estamos encarando, nos pareció un camino de rosas al lado de esto.

Todo ha comenzado a las doce del mediodía en Las Rozas. Allí nos hemos encontrado de nuevo con Jordi Pereira, el ganador el año pasado en la categoría individual. Tras compartir impresiones, nos ha recomendado «no salir a bloque». Una cosa son los consejos, y luego estar en carrera. En la salida había unos 400 equipos y 800 corredores. Un gran pelotón que ha salido muy rápido. Tras ir ganando posiciones en los primeros kilómetros, ha comenzado la batalla. Pistas llanas y muy rápidas en las que se iba en fila de a uno. Nadie quería el viento en la cara, que pegaba con fuerza.

Tras unos 20 kilómetros y los 'gallos' en cabeza, estábamos un grupo de unos 25 corredores. Siempre en fila. En un descenso muy rápido, el grupo se ha cortado tras una caída. Un ciclista ha quedado tendido sobre la tierra. No tenía buena pinta. A partir de ese momento, y con una dura ascensión por delante, el grupo se ha fragmentado en unidades de dos o tres. Echar el pie a tierra ha sido la tónica de muchos corredores, ya que los kilómetros pesaban en las piernas. Quedaban unos 6 kilómetros en descenso hasta Robledo de Chavela (Madrid). 66 kilómetros que se han hecho muy duros por el alto ritmo.

Un camino de cabras

Cerca de donde hemos tomado el segundo relevo hay un observatorio de la Nasa. Los datos que transmitió en 1969 fueron claves para que el hombre pudiera pisar la Luna. Cuatro grandes antenas paelleras saludaban a los ciclistas. El segundo segmento nos ha llevado de inicio por una zona muy complicada. En el kilómetro 5 había un repecho muy técnico, casi un camino de cabras. La bajada ha obligado a los ciclistas menos hábiles a echar pie a tierra.

Nos habían comentado la dureza de los primeros 15 kilómetros de esta segunda posta. Que luego suavizaba, nos decían. A mí, sinceramente, no me lo ha parecido. Todo el camino picando hacia arriba y con bajadas con mucha arena, en las que era muy difícil exprimirse. En resumen terreno difícil, pestoso, con viento de cara en algunos momentos... Una emboscada en toda regla, en el corazón de la Sierra de Gredos.

«Si Amstrong puso el pie en la Luna, nosotros queremos ponerlo en Lisboa, tras 800 kilómetros de sufrimiento»

Hasta el kilómetro 50 la cosa ha ido bien. He podido disfrutar de la compañía de varios ciclistas. Hablar, apenas se habla, porque aquí se va a bloque. Con un asturiano y un murciano nos hemos dado unos cuantos relevos. No muchos, porque el terreno no lo permitía. Pero ha habido entendimiento y solidaridad.

En el fatídico 50 me he quedado solo. Me ha dado un buen bajón moral y físico. No cogía ritmo. Pensé que no llegaría nunca. Los kilómetros pasaban muy lentos. Hace mucho que no sufría tanto sobre una bici. En el 55 hemos pasado por el embalse del Burgillo. La sequía ha dejado al descubierto un mar de arena y rocas. Un paisaje lunar. Hoy iba el día de épica espacial. Si Amstrong puso el pie en la Luna, nosotros queremos ponerlo en Lisboa, tras 800 kilómetros de sufrimiento.

El ejemplo de Guillermo Prieto

En el kilómetro 60 me ha pasado Guillermo Prieto. Un guipuzcoano que es un auténtico ejemplo de superación. Pedalea con una prótesis. Me ha visto tocado y me ha dado ánimos. De verdad que los he agradecido. Es increíble verle pedalear con soltura con una pierna y media mientras tú te retuerces con las dos. He seguido un poco su rueda pero tenía miedo a cebarme.

He seguido sufriendo hasta el 66. Allí he enlazado con un gallego muy simpático y otros dos participantes. Hemos hecho una buena grupeta que no se ha deshecho hasta un kilómetro de Burgohondo, donde esperaba el tercer relevo.

En resumen, ya hemos cubierto, en poco más de 7 horas, casi 150 kilómetros de los 770 que nos aguardan. Y a un ritmo alto. Quizás demasiado. Aquí se va tan rápido que todo se contagia: tanto la velocidad como el sufrimiento y la agonía. Por ahora, puesto 25 de 88 equipos de cuatro. Seguimos pedaleando e informando.

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