Ciclismo

De la Parte, de usar el ciclismo para echarse la siesta al mejor equipo del mundo

El vitoriano Víctor de la Parte, en la prueba que disputa esta semana en Argentina. /Movistar
El vitoriano Víctor de la Parte, en la prueba que disputa esta semana en Argentina. / Movistar

La curiosa historia del corredor vitoriano del Movistar, un trotamundos que con 21 años empezó a dar pedales con el único objetivo de «descargar adrenalina». Ahora es compañero del alavés Mikel Landa y del colombiano Nairo Quintana

CARLOS DE TORRESAlto Colorado (Argentina)

De usar el ciclismo para echarse la siesta y no tocar una bicicleta ni practicar deporte en su vida, a correr en el mejor equipo del mundo. Así se resume la curiosa historia del corredor del Movistar Víctor de la Parte (Vitoria, 31 años), un trotamundos que con 21 años empezó a dar pedales con el único objetivo de «descargar adrenalina». Un decenio después, y tras pasar por 5 equipos de países diferentes, luce el maillot del Movistar en la Vuelta a San Juan, en su segunda temporada.

«Hasta los 21 años no hice ningún tipo de deporte, ni bici ni nada. Eso es lo que más puede sorprender de mí», admitió De la Parte en la salida de una etapa en San Juan. Talento tenía, pues apenas hizo dos carreras como aficionado los técnicos se fijaron en él. En su primera experiencia con dorsal le hicieron un reportaje titulado: "Uso el ciclismo para echarme la siesta". «Era algo más o menos así», recuerda el vitoriano.

Con una experiencia en el Giro en su palmarés, De la Parte admite que aunque lleve 10 años de ciclista «aún hay una buena parte de este mundillo» que no conoce, pero en el Movistar ha cuajado y sabe que tendrá opciones para correr pruebas grandes.

Respecto a sus comienzos, el alavés no refiere haber tenido pasión alguna por el ciclismo y en su familia tampoco había nadie que lo practicara. Nadie le inculcó este deporte ni ningún otro.

«No hacía nada. Un día cogí una bici de aluminio, de las antiguas, con cambios en el cuadro, me puse unas zapatillas dos números más grande de mi talla y un chándal común. Por supuesto, iba sin depilar. Decidí salir a hacer una hora diaria, a tope, siempre por la misma carretera, y volvía a casa. Lo que quería era soltar adrenalina, sin más», relató.

De la Parte trabajaba en una tienda de deportes cuando empezó a andar en bici con regularidad. Se empezó a juntar con el grupo de su paisano Joseba Beloki. Era un anónimo mal uniformado y una bici anticuada que se pegaba como una lapa a la "grupetta". Aguantaba el ritmo y nadie daba crédito.

«Yo iba que explotaba, pero también comprobé que machacaba a muchos. Ellos se mosqueaban, yo aguantaba mucho, como un animal. Creo que sorprendí a muchos», señaló.

El estímulo del ambiente ciclista de Vitoria

El ambiente ciclista de Vitoria le estimuló. Algunos alucinaban porque llevaban desde los 9 años en la bici y no lograban nada, no tenían un equipo importante que le ofreciera sus servicios. «Yo les ganaba y generaba algo de envidia», comentó.

Llegó el momento de dar el paso: «Me animaron unos cuantos para probar en el ciclismo, sobre todo Koldo Fernández de Larrea, quien ayudó a hablar con equipos para competir».

De la Parte, con el mallot del Movistar esta semana, en Argentina.
De la Parte, con el mallot del Movistar esta semana, en Argentina. / Movistar

Mientras llegaba la oportunidad se fue a una carrera por su cuenta, de manera independiente, y luego se compró una bici, una Specialized que ya superaba con creces al "hierro" que tenía. Además le prestaron ropa en un gimnasio y se apuntó a una carrera en Estella. En el kilómetro 3 se fue al suelo. Se acabó la aventura.

«Después me apunté en una carrera en Alsasua, que fue tan dura que solo terminamos 22, y yo el último, pero terminé. Me vieron algunos equipos en aquellas condiciones y me ofrecieron correr con ellos. Les dije que no, que se olvidaran, que yo hacía aquello por divertirme, pero no quería líos», destacó.

Aquella carrera fue un domingo. Al siguiente miércoles le llevaron a la Vuelta a Asturias con el Azysa navarro. Por supuesto, le dejaron bici y material. Era su primer año.

Allí estaba De la Parte dispuesto a probar suerte en contra del criterio familiar. «Pesaba 7 kilos de más, pero tenía una fuerza animal. No sabía nada de ciclismo ni de tácticas ni de nada ni por qué se escapaban. Yo era simplemente combativo», destacó.

«Un sacrificio excesivo»

«Mis padres no compartían para nada que me dedicara al ciclismo, veían que era un sacrificio excesivo. Yo estaba acabando magisterio deportivo y luego quería hacer INEF. En casa me decían que estudiara, no me apoyaban. Tampoco veían la disciplina que tenía que llevar para las comidas», rememoró.

Víctor de la Parte inició un largo camino de equipos y experiencias antes de coronar su trayectoria en el Movistar, equipo cuatro veces número uno mundial en el último lustro.

El Caja Rural le hizo el bautizo profesional, su primera oportunidad seria, luego pasó «un año bonito» en el Efapel portugués, cruzó al ciclismo griego con el SP Tableware, «una temporada en tierra de nadie», triunfó en Austria con el Vorarlberg, ganando la ronda de aquel país, y luego pasó al CCC polaco, equipo continental antesala del World Tour.

«No me esperaba fichar por el Movistar»

«Vengo de abajo, esta profesión para mí es como un hobby. Salgo a entrenar, tengo mi grupo y aquí en Movistar hago lo que me mandan, cada uno tiene su rol. No me esperaba fichar por el Movistar, pero supuso la oportunidad de estar en un equipo grande. Tenía ganas de correr el Giro y tuve la suerte de ir en 2017 con Nairo Quintana. Mi primer año en este equipo fue bueno, pero espero que este sea mejor», comentó.

Ahora vuelve a soñar con correr la carrera rosa, pero tiene claro que será un gregario para los líderes del equipo, incluido su paisano Mikel Landa, con quien comparte entrenamientos.

«Ser vecino de Landa facilita las cosas, y además es un amigo. En el equipo es uno más de la familia. Haré mi trabajo para los lideres del Movistar», aseguró.

Con las cosas claras, De la Parte ha empezado la temporada en tierras argentinas. Aún con otra responsabilidad en las piernas, su espíritu no varía: «Me esfuerzo como un animal al servicio del equipo». La adrenalina sigue corriendo por sus venas.

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