Mikel Landa reflota la marea naranja

Jorge Azanza, director del Euskadi, con los doce corredores en el Azkuna Zentroa (Bilbao) durante la presentación del equipo./ignacio Pérez
Jorge Azanza, director del Euskadi, con los doce corredores en el Azkuna Zentroa (Bilbao) durante la presentación del equipo. / ignacio Pérez

«No entiendo el ciclismo sin el equipo Euskadi», dijo en la presentación de la plantilla que preside y que regresa este año al pelotón profesional

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

«Crecí soñando con ser Iban Mayo o Haimar Zubeldia atacando a Armstrong en el Tour. Iba con cuatro amigos a ver la carrera con camisetas naranjas e ikurriñas» contó ayer Mikel Landa en la presentación de la Fundación Euskadi, el equipo del que salió y al que ahora ha salvado de la desaparición y preside. Quiere recuperar aquella marea naranja de aficionados vascos que coloreaba el Tour. «Me gustaría contagiaros esta ilusión», lanzó al público del Azkuna Zentroa. Le escuchaban, entre otros, los alcaldes de Bilbao y Vitoria; el director de Deportes del Gobierno vasco, Jon Redondo; exciclistas como Marino, Barrutia, Gandarias, Perurena, Laiseka, David López y Zubeldia; futbolistas como Illarramendi, y el alero Mumbrú. «No entiendo el ciclismo sin la Fundación», les confesó Landa. Por eso se ha puesto como meta reflotar la marea. Le ayudarán los 12 corredores de la plantilla continental, esto es, de tercera categoría profesional. El inicio del retorno.

El eco es un rebote del sonido. Se oye y no se ve, aunque en ocasiones evoca imágenes, colores... El naranja. Decir Euskaltel-Euskadi frente a las paredes de los Pirineos rescata aquellas escenas del Tour repletas de aficionados vascos uniformados de naranja que acunaban con voces y ánimos a sus ciclistas y también a los rivales. '¡Aupa!'. Ese sonido entró en la jerga del Tour, pero se extinguió en 2013 cuando el equipo se apagó. Aun así, en el aire quedó el eco. La memoria. Diez años atrás, en 2003, Mayo y Zubeldia, dos dorsales naranjas, le habían discutido el Tour a Armstrong y Ullrich. Al otro lado del espejo de la televisión, un niño de 13 años les veía desde Murgia. Acababa de apuntarse al club ciclista zuyano. Era Mikel Landa, que soñaba con aquel maillot. Lo vistió entre 2011 y 2013.

El equipo

Presidente.
Mikel Landa, que releva a Miguel Madariaga.
Director.
Jorge Azanza.
Plantilla.
Egoitz Fernández, Iker Azkarate, Txomin Juaristi, Ibai Azurmendi, Juan Antonio López-Cózar, Mikel Alonso, Marc Buades, Diego López, Gotzon Martín, Peio Goikoetxea, Jon Ander Insausti y Ricardo García.

Y ahora, ya en el Movistar y candidato al Tour, sigue fiel a su cuna, la Fundación Euskadi, que naufragó el pasado verano pese al empeño de Miguel Madariaga por sostenerla a flote. En agosto, Madariaga dijo basta: ya no podía mantener ni la plantilla amateur, el símbolo de su cantera. El eco se diluía cuando sonó el teléfono. Era Mikel. Se ofreció a hacerse cargo de la entidad. Relevó a Madariaga en la presidencia, ha rescatado el color naranja para el nuevo maillot y con la ayuda de Orbea y Etxeondo ha devuelto al equipo al pelotón profesional.

Landa, con Madariaga justo detrás, atento a la pantalla del techo.
Landa, con Madariaga justo detrás, atento a la pantalla del techo. / Ignacio Pérez

Ayer, en el Azkuna Zentroa, doce jóvenes ciclistas se presentaron en voz alta. Tronó el rumor creciente de la marea naranja que vuelve. Aunque aún está lejos de las costas del Tour, ya avanza. Crece con el objetivo de convertirse, cuanto antes, en pleamar. La meta es reconquistar las cunetas del Tour. Teñirlas otras vez con aquel color naranja que con 13 años emocionó a su ahora impulsor y guía.

«Quiero volver a ver a la Fundación Euskadi en lo más alto» El objetivo

El ciclismo profesional funciona como una caja registradora. El triunfo trae dinero. Pero todavía queda hueco para el corazón. Landa, convertido en estrella mundial, no ha olvidado su origen. «No podía dejar que la Fundación muriera», repite. Ha salido al rescate de un proyecto que nació en 1992 como un milagro. Fue, claro, en Lourdes, a donde van los devotos a pedir imposibles. Allí, José Alberto Pradera, entonces diputado general del Bizkaia, y Miguel Madariaga, director del equipo Beyena, vieron cómo miembros de la escuadra holandesa PDM ocupaban la barra de un bar durante una etapa del Tour. Era la era Induráin. Se respiraba ciclismo. Y Pradera soñó el alto: «Miguel, ¿sería posible un equipo profesional vasco?». Lo fue con la ayuda de Juan Carlos Urrutxurtu. Aquel mes de julio brotó el eco, en la falda de los Pirineos. Origen y meta.

Apoyo a la cantera

El primer Euskadi comenzó a rodar en 1994. Ese año, fiel al milagro fundacional, logró su primera victoria: la de Agustín Sagasti en la meta de la Vuelta al País Vasco situada junto al Santuario de Loyola. Luego vino la bancarrota de 1995, las deudas que casi llevan a la cárcel a Madariaga, la entrada salvadora en 1997 de la firma Euskaltel... Y victorias como las de Laiseka en la Vuelta a España (1999, Abantos) y el Tour (2001, Luz Ardiden). O la de Mayo en Alpe d'Huez. La ola crecía. Marea alta. En Murgia, un fan de Mayo, Landa, dejaba de lado el fútbol y el frontón y se alistaba en aquello del ciclismo. En edad juvenil la Fundación Euskadi le abrió sus puertas. Fue el primer becado de la entidad. Madariaga le dio la oportunidad. El talento natural del corredor alavés ha hecho el resto. Instalado en la cima no olvida su punto de partida. «Quiero que los jóvenes tengan la opción que yo tuve», repite.

«Crecí soñando con ser Mayo o Zubeldia atancando a Armstrong en los puertos del Tour» Su origen

«Me da miedo no estar a la altura», confesó ayer. «Pero quiero volver a ver a la Fundación en lo más alto», se propone. 'Juntos somos más fuertes' es el lema del equipo naranja. El eco sube de volumen. Desde la pantalla gigante del Azkuna Zentroa ciclistas como Armstrong, Dumoulin, Degenkolb y Ten Dam desearon suerte al proyecto. Recordaron la palabra que siempre les dedicaban en el Tour los aficionados vascos: 'Aupa'. El eco de la marea que sube.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos