Merckx también es de Santutxu

Antes del Criterium de Txurdinaga, Ocaña y Merckx dieron una vuelta al circuito con los corredores infantiles de la SVAC, un recuerdo imborrable del que fue testigo el multitudinario público./
Antes del Criterium de Txurdinaga, Ocaña y Merckx dieron una vuelta al circuito con los corredores infantiles de la SVAC, un recuerdo imborrable del que fue testigo el multitudinario público.

En 1971 inauguró los locales del club ciclista y dio el saque de honor en San Mamés. Ahora vuelve para la clásica Bilbao-Bilbao

J. GÓMEZ PEÑA

Cuando la organización de la Bilbao-Bilbao anunció que Eddy Merckx estará presente el próximo 11 de marzo en la salida de esta marcha cicloturista que cumple 30 años, tocó una tecla de la memoria. Sonó, de repente, el bullicio de la chavalería de Santutxu y Txurdinaga que el 29 de septiembre de 1971 tuvo el privilegio de rodar un rato junto a Merckx y su entonces gran rival, Luis Ocaña. El ‘caníbal’ belga no es nuevo en Bilbao. Conoce de sobra la ciudad. Aquí llegó como líder de la Vuelta a España que ganó, la de 1973, y aquí se hizo antes socio de honor de la Sociedad Vizcaína de Amigos del Ciclismo (SVAC), aquel club de la calle Zabalbide que fue el vivero del que salieron, entre otros, Etxabe, Gastón, Cima, Angoitia, Alberto Fernández y Arsenio González. En sus mejores tiempos tuvo más de dos mil socios. Incluido el mejor ciclista de la historia, Merckx, que ahora vuelve.

Aquel final de verano de 1971 todavía resonaba un grito del mes de julio, el de Luis Ocaña, caído en el barrizal del descenso del col de Menté, donde perdió el Tour. Donde lo ganó Merckx. Ocaña nunca le llamaba ‘Eddy’. Le decía ‘el puta’. Más por admiración que por odio. Era de los pocos que no le tenía miedo. Que le retaba. Que se atrevía. Aunque Merckx fue la piedra en la que casi siempre tropezó Ocaña. Como en aquel Tour. Los dos, tan enemigos, se respetaban. Tras aquella caída que sacó al conquense del Tour, el belga no quiso ponerse el maillot amarillo. Salió al día siguiente con la camiseta del Molteni, color tabaco con banda negra. A Bilbao, ya en septiembre, Ocaña llegó de traje y Merckx, con el maillot arcoíris de campeón del mundo. Su uniforme oficial. Tenían una cita en la ciudad: iban a asistir a la inauguración de la sede de la SVAC, en Santutxu, el centro esos días del planeta ciclista.

Mecenas. Justino Adrada, presidente de honor de la SVAC, trajo a Merckx a la inauguración del club.
Mecenas. Justino Adrada, presidente de honor de la SVAC, trajo a Merckx a la inauguración del club.

¿Y cómo acaban dos mitos así en la calle Zabalbide? Los sueños hay que merecerlos. Cuestan su trabajo. Justino Adrada, hijo de un maestro de La Puebla de Montalbán (Toledo) al que trasladaron a dar clase en Bilbao, creció en la villa y fue ciclista del Athletic Club de Bilbao en los años veinte. Vivió enamorado de su deporte. Llegó a formar parte de la caravana del Tour, donde llevaba en coche a los periodistas de Radio Bilbao. Era íntimo de Dalmacio Langarica, el gran director del KAS, y amigo de Bahamontes y Loroño. En Bilbao se respiraba ciclismo. La Vuelta a España organizada por EL CORREO había vivido el gran duelo, el Loroño-Bahamontes. Esa pasión en las cunetas era contagiosa. Justino Adrada la ‘padecía’. Incurable. Era constructor y había levantado un bloque de pisos en Zabalbide 23. Abajo, como recuerda su nieto Julio García-Borreguero Adrada, tenía «unos locales muertos de risa», así que los ocupó con su sueño: crear un gran club ciclista. La SVAC. Y, claro, con los colores de su otro equipo, el Athletic. Maillot de fondo blanco y letras rojas.

«A mi abuelo le encantaba Merckx. Iba a verle a carreras belgas». No había mejor embajador para el bautizo de la SVAC. Adrada habló con el belga. Hecho. Y con Ocaña. Lo mismo. Además de la inauguración de la sede, se montó un criterium ciclista en el circuito de Txurdinaga y, un día después, un criterium de montaña en Sollube. Programa completo. Fiesta en Bizkaia. Miguel Madariaga, luego creador de la Fundación Euskadi, era director del Olsa-SVAC y fue a buscar a Merckx al aeropuerto. El mito llegó cansado tras partir desde Bruselas y hacer escala en Londres antes de dormir en el Hotel Avenida. Pero con el ánimo intacto: «Siempre que salgo en una carrera es para ganar», avisó en las páginas de EL CORREO. No dejaba ni las migajas. Ni el Criterium de Txurdinaga.

En San Mamés. Merckx hace el saque de honor en el Athletic-Southampton, con Ocaña y el trío arbitral.
En San Mamés. Merckx hace el saque de honor en el Athletic-Southampton, con Ocaña y el trío arbitral.

Gernika, el frontón y Sollube

Campeones así sujetan la historia de este deporte. Y a su lado aparecen aficionados entusiastas como Adrada. El ciclismo actual sigue su estela. No cabía la multitud en el circuito de Txurdinaga. Los infantiles de la SVAC, con sus gorras de Nocilla, dieron una vuelta a rueda de Merckx y Ocaña. Con sus ídolos en las yemas de los dedos. «¡Eddy! ¡Eddy!», reclamaban las abarrotadas aceras. Luego vino la carrera, las 25 vueltas, el pinchazo de Ventura Díaz y los ataques de Lasa, López Carril, Linares, Galdos y Ocaña. Y la victoria anunciada, la de Merckx con el arcoíris cruzándole el pecho.

Esa noche, el belga y Ocaña tenían otro compromiso. Adrada era amigo de Félix Oraá, presidente del Athletic. Y había partido de la Copa de Ferias en San Mamés ante el Southampton inglés. Andaba el Athletic algo trastabillado en la Liga. De hecho, era colista, y la afición se lo recriminaba, pero iba a salvar aquel cruce europeo con goles de Ortuondo y Arieta. El ciclismo les trajo suerte. Merckx, con Ocaña al lado, hizo el saque de honor. Tenía maña con el balón. De niño había soñado ser futbolista. Iribar, Sáez, Guisasola, Villar, Uriarte y los hermanos Rojo fueron testigos del ‘toque’ del ‘caníbal’ en La Catedral.

Comida. Antes de correr en Sollube, Merckx y Ocaña, junto a Madariaga y Adrada, cogieron fuerzas en Gernika.
Comida. Antes de correr en Sollube, Merckx y Ocaña, junto a Madariaga y Adrada, cogieron fuerzas en Gernika.

El programa no terminó ahí. Quedaba otro día con Merckx. Y tenía que ser en Gernika, la villa de Esperanza Berriozabalgoitia, esposa de Adrada, y capital de la cesta punta, otra de las pasiones del mecenas. Los ciclistas fueron recibidos en el frontón, lleno. Ocaña, valiente también sin bicicleta, hasta probó con la cesta. Luego, todos, incluidos miembros del Athletic y de la Sociedad Ciclista Guerniquesa, comieron en el restaurante Boliña. No mucho, que había que pedalear por la tarde. Y cuesta arriba. En Sollube, Ocaña se vengó. Pudo con Lazkano, con Tamames y con Merckx, ‘el puta’ que le había tumbado tres meses antes en el Tour, socio como él de la SVAC.

La cuna de Etxabe, Gastón, Cima y Alberto Fernández

Entre el legado que dejaron Julio Adrada y la SVAC está la larga lista de corredores profesionales incubados en su cantera. Adrada puso un piso a disposición de ciclistas de otras provincias, como Alberto Fernández y Enrique Cima. A ellos se sumó una camada de jóvenes vizcaínos que luego se hicieron hueco en este deporte, como Fede Etxabe, Iñaki Gastón, Arsenio González, Sabino Angoitia, Ramón González Arrieta, Jesús Argintxona y Juan Carlos Trabudúa. Uno de los últimos dorsales de la factoría de la SVAC fue Íñigo Cuesta, profesional desde 1994 hasta 2011.

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