Roglic obliga a Landa a una hazaña

Landa, durante la crono de Lodosa./AFP
Landa, durante la crono de Lodosa. / AFP

El esloveno arrolla en la contrarreloj, pero le restan dos etapas de montaña que favorecen al alavés, que va a más

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Agarra la 'Fanta' naranja mientras gotea el último sudor de la contrarreloj de Lodosa, tan llana como la ribera del Ebro, y pregunta veloz sobre el resultado. Mikel Landa quiere comparar su tiempo. «A cinco segundos de Gorka Izagirre», le dicen. Bien. Buen espejo. Otro trago y una sonrisa. La contrarreloj es su pesadilla. La va domando. «Ya voy por el buen camino», se anima. Le ha sacado incluso un par de segundos a Quintana.

Mientras pedalea al trantán hacia el autobús del Movistar, sus rivales en esta Itzulia van cruzando la meta en hilera. Landa se detiene a hacerse fotos con aficionados que le reclaman. Se gira y vuelve a preguntar. Alaphilippe, el líder, ha volado, pero nadie ha llegado tan alto como el saltador de esquí, el esloveno Roglic, que ha pasado la plancha sobre los registros de todos: en el podio, Roglic se coloca en posición de salto. Una broma. Un aviso. Acaba de batir a especialistas como Bevin, Kiryienka y Castroviejo, y de quitarle el liderato a Alaphilippe por 34 segundos. Gorka Izagirre es quinto en la general a 1 minuto y 42 segundos; Landa, séptimo a 1.51, seis segundos menos que Peio Bilbao. Quintana es noveno a 2.08.

«El Movistar de Landa y Quintana saldrá a reventar la siguiente etapa», pronostica Bilbao, líder aquí del Astana y también con opciones. Landa vuelve a sonreír: «Toca recortar tiempo. Toca hazaña», se relame. Aunque sabe que no será fácil cortarle las alas a Roglic, el líder volador. «Bueno, ahora hay que subir Gorla, donde gané en aficionados y donde me entreno», advierte. Gorla y después, Azurki. Su hábitat. En ese terreno que sabe pedalear a ciegas, tiene que recuperar casi dos minutos. Que suene la banda sonora de 'Misión Imposible'. Landa ha vuelto de naufragios peores.

En el ciclismo, el reloj quita las máscaras. Lo aclara todo. En un recorrido de 19 kilómetros tan planos, tan a ras de suelo, Roglic tenía la puerta abierta. Pedalada contundente. Plato de 58 dientes. Rueda lenticular. Posición de huevo. codos y rodillas besándose. Desde hace un año, desde su victoria en la 'crono' de Eibar, pensaba en este día. El plan de Roglic. Habituado a la tortura pautada de esta especialidad le sacó 9 segundos a Bevin, 11 a Kiryienka, 14 a Castroviejo, 20 a Kwiatkowski y 37 a De la Cruz. Pero no eran ellos contra los que se pegaba. La misión en Lodosa de Roglic era meter tiempo en su hucha frente a los rivales que le acosarán en los próximos dos días de montaña. Lo hizo: Alaphilippe, que cada vez lo hace todo mejor, cedió 42 segundos, uno menos que Mollema, el que siempre está y al que casi nunca se ve. Ion Izagirre perdió 53 segundos y su hermano, Gorka, 1.11, como el recuperado Peio Bilbao. Landa estuvo cerca, a 1.16. Ese tiempo le supo mejor que la 'Fanta'. «Estoy contento», confesó. Dos palabras que olían a pólvora. Llega a la montaña con el cargador animado.

Dos días de batalla

Cuerpo a tierra. Vienen dos días de cuestas para hacer comprapeso a la 'crono' de Lodosa. Antes de llegar el sábado a Arrate, la cima obligada, hay que ir en la quinta etapa desde Vitoria hasta Eibar. Es un día perfecto para 'locos de atar'. Los últimos 65 kilómetros encuadran el decorado ideal para hacer saltar la Itzulia por los aires. «Esto no está sentenciado -apunta Pello Bilbao-. Landa y Quintana saldrán a destrozarlo todo». En 2009, Landa, un chaval rellenito, ganó como si nada la Subida a Gorla. Esa cuesta, en realidad, se llama Elosua. Y por ahí pasa esta Itzulia. Eco. Hace ocho años Landa era un ciclista al que todo le resultaba sencillo. Ganaba por talento innato. Sin casi sufrir. El mejor de su generación. ¡Qué fácil es el ciclismo! Se hizo profesional sin darse cuenta. Un elegido. Lo es: en el mundo hay media docena de ciclistas con motor para llevarse una carrera como el Tour. Él es uno de ellos. Ahora lo sabe. Es su tiempo.

«Corro para que disfrute la gente», repite. Eso le hace aún más peligroso para la quinta etapa. Tras Elosua viene el puerto más largo de la carrera, el que encadena Endoia y Azurki. Tierra movediza para los más débiles. ¿Tendrá Roglic equipo para blindarse? No parece. ¿Y Alaphilippe? ¿Dará el salto que Francia espera? Puede ser. ¿Y Landa? A casi dos minutos del líder, sólo le queda eso, «una hazaña». Lo que más le gusta. Una exhibición como la del pasado Tour en los Pirineos de la mano con Contador. O la cabalgada por las paredes de hielo del Stelvio durante el último Giro. «Me gustan los corredores valientes», se define el alavés. De ellos, de ver sus vídeos, ha alimentado su carácter.

El ciclismo es también un deporte mental. La etapa parte desde Vitoria, la ciudad donde estudió Landa. Y recorre sus campos de entrenamiento. El jardín de su casa. En cada esquina habrá un aficionado con su nombre en la boca. Cerillas para su gasolina. Matar o morir. A reventar. Cuando Landa, tras un rato de rodillo para relajar las piernas, subió al autobús del Movistar, nadie en el equipo miraba la clasificación. Que diga lo que quiera. Todos pensaban en Elosua y Azurki. En Mikel. «En la primera etapa tuvo las piernas pesadas, pero hoy a tenido buenas sensaciones», coincidían en su equipo. Cuidado: hay un escalador con las piernas desatadas.

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