Landa engrandece la Itzulia de Roglic

Landa engrandece la Itzulia de Roglic

El esloveno se lleva la carrera tras resistir los ataques del alavés, segundo en la general y en Arrate, donde se descubre Enric Mas

J. GÓMEZ PEÑA

Aunque no ganó la etapa de Arrate, que fue para el joven Enric Mas y su tremendo futuro, y pese a que no ganó la Itzulia, que ya figura en el palmarés del esloveno Primoz Roglic tras una jornada de tortura, Mikel Landahizo grande esta edición de la ronda vasca. Segundo en Arrate y también en la clasificación general. Los campeones tienen el privilegio de elegir cómo pierden. En la derrota, el alavés fue fiel a sí mismo y cayó al ataque. Como prometió. El mejor ciclismo está hecho de ciclistas así.

Los alrededores del Santuario de Arrate eran como la tarima de un teatro. Había que mirar las caras. Arreciaba la lluvia sobre el sudor de los corredores, que venían de ocho puertos. Mas, mallorquín que sabe contener a respiración durante tres minutos cuando bucea, abría la boca como un pez. Felicidad incontenible. Dentadura dentífrica, como la de Contador, que fue su cicerone. Dicen que puede ser su sucesor. «Ufff. Es la primera victoria de mi vida», repetía. La primera de muchas. Ya hay en el pelotón otra sonrisa como la de Contador. «Ganar aquí es increíble. Subía entre aplausos y ánimos. Parecía que estaba en un concierto. Veinte vatios de mi potencia venían de ahí», agradeció. Arrate asistió al inicio del tiempo de Mas.

Al lado del ciclista balear cojeaba Roglic. Se agarraba el muslo derecho, el glúteo. Llevaba clavado el dolor de la caída del inicio de la etapa sobre el piso mojado que iba hacia Trabakua. Un patinazo segó el pelotón. Aquello puso en riesgo los pronósticos que le daban como ganador. Roglic pasó un rato remontando con su débil equipo. Cuando alcanzó al pelotón había gastado sus músculos. ¿Cuánto? El Movistar quiso responder a esa pregunta en la rampas de Ixua, a 40 kilómetros del final. El equipo de Landa tenía a Rojas y Betancur por delante. Trampolines. Landa reclamó ahí la Itzulia. Narró ese momento luego en la meta de Arrate. Rostro serio. Le dolía la derrota. «Lo he intentado, pero Roglic no se soltaba ni un metro. Pensé que con la caída y la remontada lo iba a pagar pero no. Merece la Itzulia. En la 'crono' nos pasó por encima», concedió. En Ixua las cartas quedaron boca arriba. La Itzulia era ya para Roglic, el esloveno que creció como esquiador de saltos. Una rareza que aún no ha encontrado su techo. Vuela alto.

Quedaba en liza la etapa. Arrate. A por esa cima había salido la fuga de Mas, Verona, Hansen, Mulhberger, De Gendt y David López. También el Movistar aceleró por detrás para discutirles el triunfo a los escapados. Landa quería ese consuelo. Hasta se movió en una zona de curvas llanas en Etxebarria. «No quería dejar de intentarlo», explicó. Cada vez que puede y le dejan Landa emite señales de gran corredor. No había encontrado dónde destronar a Roglic y se puso a buscar el camino más corto hacia el Santuario. El Movistar y el Sky le acercaron a la fuga. Corrían hacia la cuesta de Matsaria, la ladera más abrupta de Arrate, el final de la Itzulia, una cremallera de público. Los aficionados animaban a todos; esperaban a Landa y a Ion Izagirre, los que iban a acompañar a Roglic en el podio final.

«El tramo duro se me ha quedado corto»

En Matsaria el suelo de inclina. Se resiste. Por delante, Mas seguía los consejos de su director: «Regula y guarda un poco de fuerza para el final». Obedeció. Tuvo talento para conservar casi todos los 25 segundos que llevaba. El futuro tiene su apellido. «Confiaba en mis fuerzas», señaló. El potenciómetro le animaba. Buenos datos. No sería fácil cogerle. Resultó imposible. Detrás, el Movistar movió a Quintana. Antes del tramo de cemento mojado, donde la rueda trasera patinaba, Landa al fin cortó el hilo que le unía a Roglic. El esloveno, con casi dos minutos de margen en la general, mantuvo su sangre fría. En tres kilómetros no podía perder tanto. El cielo, negro, amenazaba como una pistola. Pero ya daba igual que lloviera. La carretera hervía. Landa se juntó con Quintana. El colombiano tiró de su líder, pero sin reventar. Como si no tuviera bien estudiado el oficio de gregario. Landa le dejó. El público disfrutaba con él. Eso le motiva más que nada. A por Mas. Brillo de diamante en su mirada.

«Pero el tramo duro se me ha quedado corto», lamentó. A Landa le van los puertos largos. El Stelvio, el Galibier. No hay techos así en Euskadi. Tendrá que hollarlos en el Tour. Matsaria, un calvario para los demás, no le basta. Necesita más montaña. Roglic, a medio minuto, subía con las piernas estancadas pero vivas. Con el esloveno viajaba el triunfo en la Itzulia. Landa no se alejaba lo suficiente de él ni se acercaba como quería a Mas, el chaval que recuerda a Contador. El mallorquín subía como un veterano. Calculando cada pedalada. Midió la talla de Arrate a la perfección. Entró en la carretera bien asfaltada, apretó con las reservas que tenía y dejó sin opciones a Landa, que terminó segundo en la meta y en la Itzulia. El Santuario fue de Mas, eufórico bajo el chaparrón y sexto en la general. «Esto es un paso adelante», se felicitaba. Un salto gigante. Como el de Roglic, otro saltador, de esquí. Como el de Ion Izagirre, que subió al podio para enterrar definitivamente el mal recuerdo de su caída en el Tour. Como el de Peio Bilbao, séptimo al final y líder de recambio para el Astana. Y como el de Mikel Landa, que sin ganar nada ha sido la luz de la Itzulia. Ya es uno de esos ciclistas que alumbran las carreras, hasta en la derrota.

Vuelta al País Vasco 2018

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