A los 40 años

Zubeldia pone fin a media vida como ciclista

Alberto Contador y Haimar Zubeldia en la rueda de prensa en la que el guipuzcoano ha anunciado su retirada./Efe
Alberto Contador y Haimar Zubeldia en la rueda de prensa en la que el guipuzcoano ha anunciado su retirada. / Efe

Con 40 años y veinte temporadas en activo, el guipuzcoano se retirará en la próxima Clásica de San Sebastián

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Aunque falta un día para que el Tour pase por allí, la carretera entre Le Puy-en-Velay y Le Chambon sur-Lignon ya está en plena carrera. Caravanas decoradas con el nombre de sus ídolos ocupan las cunetas. Bicicletas decoradas de amarillo. Banderas. Asfalto tatuado de pintura. El Tour es una fiesta fugaz, pasa en un segundo, pero se disfruta durante días. Al borde de ese camino, en el hotel Bel Horizon, Alberto Contador ha convocado a la prensa para hablar de su Tour. Algo trama para los Alpes. Sin casi opciones en la general se siente liberado. Así es más peligroso. Y está bien, fuertem con la heridas borradas. «Si no fuera por las cuatro caídas, estaría peleando por el maillot amarillo», dice. Pero antes de hablar de él, da paso a su compañero Haimar Zubeldia. Va a anunciar su adiós al ciclismo tras veinte años, media vida, como corredor profesional. «Es el momento. Me retiraré tras correr la Clásica de San Sebatián (29 de julio), que es mi carrera, la que veía pasar por mi casa». A los 40 años, tras dos décadas de viaje sobre ruedas, Haimar vuelve a casa.

Su padre era camionero siempre y ciclista los fines de semana. Esas dos vocaciones tuvo Zubeldia de crío. Para la de transportista tenía que esperar mucho, hasta ser mayor de edad. La bicicleta estaba más a mano. Y se la regaló una enfermedad. La hepatitis. Tenía siete años y la inflamación del hígado le obligó a estar dos semanas en la cama. Su madre, para que permaneciera inmóvil, le prometió lo que él más quería: una bicicleta de carreras, como la de su padre. El pequeño Haimar ni se movió. Con ese misma bicicleta se inscribió poco después en la escuela de ciclismo de Usurbil. Valía para el velódromo, el ciclocross y la carretera.

Creció en la era de Induráin. En la euforia. Y tuvo la suerte de que la firma de telefonía Euskaltel apostara por el ciclismo y se convirtiera en patrocinador de la Fundación Euskadi. Eso fue a mediados de 1997. Unos meses después, Zubeldia era ya profesional. Ahora le quedan dos semanas para colgar la bicicleta.

«Han sido veinte años de pocas palabras y muchos sentimientos», resumió el ciclista guipuzcoano. Tragaba saliva. Mantuvo el tipo. Si hubo lágrimas fueron interiores. Se emocionó en seco. Pidió perdón por haber alterado el guion de la rueda de prensa y pidió permiso para leer una nota. Recordó su inicio en aquel pelotón de Pantani, Zulle, Olano y Jalabert. Y rescató una imagen de aquel Tour de 2003 en compañía de Iban Mayo y frente a Lance Armstrong y Jan Ullrich. “De ese Tour es una foto que perdurará, en la cima del Tourmalet cuando Mayo y yo pasamos con Armstrong y Ullrich”, apuntó. «He compartido carretera con varias generaciones de ciclistas y ahora me voy en el pelotón de Froome y Contador». A su lado, el madrileño le sonreía: «Haimar es un ejemplo de profesionalidad. Ha sido un honor correr con él».

El palmarés de Zubeldia no le abarca. Apenas tiene victorias: la Euskal Bizikleta de 2000 y el Tour de l’Ain de 2010. Pero hay mucho más: ha sido dos veces quinto del Tour, carrera en la que ha quedado en cinco ocasiones entre los diez primeros. Cuando ganó la Euskal-Bizikleta se dispararon las expectativas. ¿El nuevo Induráin? Dos meses antes de la prueba, el entonces director del Euskaltel-Euskadi, Julián Gorospe, había pedido a los organizadores de la carrera que le dieran a Zubeldia el dorsal número uno. «Va a ganar», les avisó. Y acertó. Peleó contra Igor González de Galdeano en la rampas de Arrate y dominó la contrarreloj final. Un descubrimiento.

El inicio de este siglo le vio en lucha con Armstrong y Hamilton en el Dauphiné, donde fue dos veces segundo. Luego, el tiempo le dio otro lugar en el pelotón, más anónimo. «Con la edad te vas haciendo más realista. Creía que iba a estar diez años y, mira, he estado el doble. He sido un privilegiado. El ciclismo me ha dado mucho», agradece. En su currículo hay otro galardón: tras Chavanel, Hincapie, O’Grady y Voigt, con 17 participaciones en el Tour, están Zoetemelk y él, con 16. Esta será la última. “No dejo de escuchar que soy el abuelo del Tour”. Risa emocionada. «Dejarlo ahora ha sido una decisión muy meditada con los míos, con la familia. Creo que es el momento». Y no cuando hace cinco años sufrió un problema cardíaco que el puso al borde de la retirada. «Así no quería irme. Tenía que decidirlo yo y no una enfermedad. El momento es ahora. En este Tour lo he visto claro».

La Clásica de San Sebastián será el homenaje perfecto. El último desfile. “Han sido veinte años inolvidables. Felices. He compartido equipo con grandes campeones. ¿El mejor? Todos tienen algo. De Contador me quedo con su cabeza, su capacidad para recuperarse de las adversidades… He corrido con Cancellara, con Armstrong, con Beloki”. Y todos ellos con Zubeldia, al que le quedan seis etapas en su decimosexto Tour y un día más en la Clásica de San Sebastián, la carrera que pasa por su casa un sábado de cada mes de julio. Un instante multicolor. Ciclistas a toda pastilla, tan veloces que casi ni se les ve. Fugaz. Haimar se subió a ese fogonazo y ha durado dentro casi más que nadie: media vida.

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