Segundo tropiezo de Froome en el Giro

Wellens, el ganador de la etapa./Afp
Wellens, el ganador de la etapa. / Afp

Con la ronda italiana ya en Sicilia, el belga Wellens gana en el repecho final de Catalgirone, donde el británico cede 21 segundos

J. GÓMEZ PEÑABilbao

En 1693 un terremoto tumbó las 50 ciudades del valle siciliano de Noto. Cien mil muertos. Es la devastación que de vez en cuando provoca el corazón del Etna, el volcán que manda en la isla. Sólo levantaron ocho ciudades; una de ellas era Caltagirone, meta de la cuarta etapa del Giro, la primera en Italia. Era la época del barroco. Así, rebuscadas y llenas de contrastes, son las fachadas de Caltagirone.

Y así son sus carreteras, quebradas, plagadas de curvas y repechos. Ideales para una clásica ciclista belga. A 35 kilómetros del Muro de Huy, la meta de la Flecha Valona, nació hace casi 27 años el belga Tim Wellens. Su padre y sus tíos fueron ciclistas, gregarios de Freddy Maertens. El chaval creció en la tienda de bicicletas familiar. Estaba destinado a ser ciclista en recorridos así. Explosivos. Con finales en un muro como el de Caltagirone. Tan lejos de casa y se sentía en su hogar. Lo hizo todo bien. Se colocó, apuntó, remató a Battaglin -ahogado en su propio aliento- y ganó la etapa de los contrastes. Felicidad para Wellens y Dennis, que mantiene el liderato, y preocupación para Chris Froome, que perdió el paso y 21 segundos en ese kilómetro final y está ya a 54 segundos de Dumoulin. Pello Bilbao sigue quinto.

«Italia sin Sicilia no deja huella en el alma», escribió Goethe. «Ha sido la etapa más dura hasta ahora», describió Dennis. De las que dejan huella. Y las dos siguientes son peores. Sicilia tiene la piel dura. Catania, la salida de esta cuarta etapa, está construida sobre terreno volcánico, provisional. Y en la meta, en Catalgirone, a la iglesia se sube por una escalinata de 142 peldaños hechos de cerámica. Allí todo cuesta. Froome, que se dejó medio minuto en la contrarreloj inicial de Jerusalén, confiaba en iniciar la remontada al desembarcar en Italia. Sicilia no le ha recibido bien. Desde que se supo a finales de 2017 que había dado positivo por salbutamol en la Vuelta a España -caso aún sin resolver- no ha sido el mismo. Tampoco en Catalgirone. Fue el único de los candidatos al podio que tropezó en la escalinata. «Ha sido un día de muchos nervios. No iba bien colocado», argumentó. «Pero estoy bien. Mejor. Con ganas de que llegue el Etna», avisó. Nececita un volcán para empezar a recortarle a Dumoulin el minuto que pierde.

Wellens, potencia y puntería

Antes de subir hasta la ciudad barroca, la etapa fue de cinco escapados: Barbin, Belkov, Frapporti, Jauregui y Mosca. El BMC de Dennis los tuvo siempre a tiro. La isla, su perfil de barranco, hizo el resto. Desgastó a los fugados, que cayeron cuando el pelotón aceleró a la vista de Catalgirone. Tras casi cinco horas entre baches, el tramo final apareció recién asfaltado. Cosas de Sicilia, la isla más grande del Mediterráneo, lugar de paso para tantas civilizaciones que dejaron su legado. El Lotto es un equipo belga. Se sentía a gusto en este paisaje. Uno de los suyos, Van der Sande, trazó a la perfección los giros en descenso que llevaban hasta la puerta del repecho final. De hecho, sólo cuatro ciclistas le siguieron, entre ellos, claro, su líder: Wellens.

La destreza de Van der Sande le regaló 50 metros de ventaja a Wellens en el inicio de la subida. Eso le bastó a Wellens para, girándose, calcular las pedaladas precisas. Por detrás venía, ya tarde, Simon Yates y sus piernas de dinamita. Al lado de Wellens se descorchó Battaglin: un minuto y medio de agonía a 631 vatios de potencia. Una bomba. Pero el italiano no acertó. Se apagó antes de cruzar la pancarta. Wellens, que ha crecido escuchando en la chimenea de casa las historias de las grandes clásicas, sí atinó con el esfuerzo preciso en esos 200 metros de pura asfixia. Como había hecho en Alcalá de los Gazules (Andalucía) ante Landa. Le van los pueblos en cuesta allí donde estén. No como a Froome, atragantado en su estreno siciliano y a dos días del Etna, el volcán en el que quiere reencontrarse.

«No estaba bien colocado»

Chris Froome (Sky) perdió 21 segundos en la cuarta etapa del Giro de Italia y ya está a casi un minuto de su máximo rival, el holandés Tom Dumoulin. No ha empezado bien la carrera. «Perdí la posición en el último kilómetro y no estaba bien ubicado al llegar la pelea final. Fue una etapa difícil y nerviosa, todo el día subiendo y bajando, pero estoy feliz de pasar el día sin mayores problemas», declaró en la meta. Quería ver la botella medio llena. Considera «normal» perder tiempo en jornadas tan explosivas y dice sentirse «cada día mejor».

A ese estrés que marcó el ritmo de la etapa también se refirió el ganador de la etapa, Tim Wellens. «Ufff. Tener ya un triunfo te quita estrés para las jornadas que vienen. Y sin esa tensión suele ser más fácil que lleguen más victorias», confiaba el corredor belga, que mañana cumplirá 27 años.

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