Chaves y Yates comparten el Etna

Esteban Chaves y Simon Yates./EFE
Esteban Chaves y Simon Yates. / EFE

El colombiano gana la etapa y su compañero británico es el nuevo líder tras una subida al volcán que muestra la resistencia de Froome

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

La clave de la supervivencia es la capacidad para adaptarse al medio. El ser humano es un maestro. Como una plaga, se ha extendido por todo el planeta. Vive hasta en la falda de un volcán tan vivo como el Etna. ¿Cómo se dormirá en Ragalna, el pueblo situado justo en el inicio de la subida, con el ronquido del volcán siempre en la almohada? Ragalna tiene más de tres mil vecinos. Inquilinos del Etna. Estarán allí hasta que la caprichosa montaña de fuego quiera.

Y el Etna es impredecible. Una vez hasta tumbó el Observatorio creado para anunciar sus erupciones. Pese a su mal genio, vale la pena -como hizo el Giro- subir a la cima. A la vista, toda Sicilia. Y más. Desde la meta de esta sexta etapa se veía hasta la bandera del ciclismo australiano, la del equipo Mitchelton-Scott. Dos de sus corredores, menudos y explosivos, se repartieron el volcán. Entraron de la mano. Para el colombiano Esteban Chaves fue la etapa del Etna; para el británico Simon Yates, el liderato del destronado Dennis. Le saca 16 segundos a Dumoulin. Yates renunció a cuatro segundos de bonificación para dejarle ganar la etapa a su compañero Chaves, en fuga todo el día. «Lo merecía», zanjó. Colegas. Siempre ha habido buen rollo en el conjunto australiano. A 26 segundos llegaron Pinot, Bennett, Pozzovivo, López, Carapaz (mejor joven), Dumoulin, Aru y, pese a seguir titubeante, Froome. Viene de África, un continente donde sobrevivir es un arte. Sigue vivo tras el Etna. Quizá se arrepientan sus rivales dentro de una semana en el Zoncolán. Nunca se sabe cuándo puede entrar en erupción un ciclista de la talla de Froome.

El último día del Giro en Sicilia empezó con prisa. Era el primer final en alto. Todos corrieron como locos hacia el cráter humeante que domina la isla. Y hubo tantos intentos de fuga que al final la escapada buena fue masiva. De 28 corredores. Entre ellos iban Chaves y Haig, Henao y De la Cruz, Plaza y Hermans, Ciccone y Gesink. Era un grupo de peso. Difícil de atrapar. El BMC de Dennis no se bastaba solo. Tuvo que acelerar por detrás el Astana, que anunciaba los ataques de 'Supermán' López. Los fugados alcanzaron Ragalna, el pueblo que duerme con la oreja pegada al Etna, con poco más de un minuto.

Accidente en 2012

En la escapada se movió Ciccone. Enseguida le cazó Chaves, pura dinamita. El colombiano le pasó por encima. También es un superviviente. En 2011 ganó el Tour del Porvenir, un año después de Quintana. Volcán de talento. Pero un año después, en una carrera italiana, se estrelló contra una señal de tráfico. El brazo derecho le quedó colgando. Nueve horas de quirófano y meses de rehabilitación restablecieron la conexión entre el brazo y el resto del cuerpo. Pasó de inválido a casi ganar el Giro de 2016, el que le quitó Nibali en la penúltima etapa. Dice Chaves que su secreto es correr con el corazón. Así compite su equipo, el Mitchelton, el antiguo Orica, el combativo espíritu australiano.

Mientras los ataques por detrás de Pozzovivo, Dumoulin y López obligaban a Froome a estrujarse y alejaban a Dennis y a Pello Bilbao -es séptimo en la general-, Simon Yates los vigilaba a todos. Protegía a Chaves. Simon y su hermano gemelo, Adam, eligieron el exilio en la otra punta del planeta para no separarse. Descartaron el Sky, que sólo se interesó por Simon, y juntos acabaron en el Orica australiano. Saben lo que significa la fraternidad. Y el compañerismo. A 1,5 kilómetros, Simon vio malas caras a su alrededor. Notaba que sus piernas tenían una tarde volcánica. Soltó lava. Fácil, dominador, saltó y dejó a todos, a Dumoulin y a Froome, sentados. Atrapó en un plisplás a Chaves y tiró de él hasta la punta caliente del Etna. Allí le dejó pasar primero. El equipo australiano, que tiene dos bazas firmes, se quedó con el volcán donde nadie fue capaz de sepultar en lava a Froome, superviviente nato. Si Froome sale al flote el domingo en el Gran Sasso, el tiempo empezará a contar a su favor.

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