Nieve aprovecha su primer día libre en el Giro de Froome

Mikel Nievel, a su llegada a la meta. /AGENCIAS
Mikel Nievel, a su llegada a la meta. / AGENCIAS

El navarro gana en Cervinia y el británico asegura su triunfo final al vencer, como Merckx e Hinault, en las tres grandes seguidas

J. GÓMEZ PEÑA

Al fondo, el monte Cervino, el colmillo de los Alpes. Luce bien planchado por una capa de hielo. En primer plano se ve a un ciclista pálido. Hasta el apellido cuadra con el decorado. Es Mikel Nieve. Es su día. El día que cumple 34 años, el de su tercera victoria en el Giro y la primera jornada laboral en que le han dado libre en su trabajo. Pedalea de gregario en el equipo Mitchelton, el de Simon Yates, el líder sepultado el viernes en la tierra de La Finestre. Nieve arrastró a Yates esa tarde hasta la meta.

A ritmo de funeral. Yates llevaba la mente en blanco, rumiando su decepción. Nieve, en cambio, ya pensaba en la etapa siguiente, la del Cervino. Libertad al fin. Sin un líder a quien proteger, el Mitchelton le quitó el bozal. Kreuziger le metió en la fuga. Y luego él, navarro del frontón de Leitza, se alió con los tres puertos del trazado para tachar al resto de los escapados. Nieve es único: cuando más duro, mejor. Su cumpleaños confirmó que ha nacido tarde. Habría sido imbatible en aquellas etapas de 500 kilómetros del inicio del ciclismo. El Cervino, la pirámide de los alpinistas, decoró la victoria de Nieve en su primer día desatado. Seis minutos más tarde, Chris Froome ató su primer Giro.

En Susa, salida de la última jornada alpina, aún resonaba la trituradora de Froome en La Finestre. Sus 80 kilómetros en fuga contra todo y todos. La gesta. Para unos, es una hazaña sospechosa por excesiva. Le recuerdan que aún tiene pendiente el caso positivo por salbutamol de la Vuelta a España. Para otros, la etapa del viernes está ya fijada en el recuerdo. Por bella y valiente. Esencia ciclista. Froome dejó allí la huella dactilar de un campeón. Le queda el paseo hasta Roma para recoger su primer Giro.

Froome coge plaza entre los ganadores

Encadena los triunfos en el Tour 2017, la Vuelta 2017 y esta edición de la carrera rosa. Sólo Merckx e Hinault han hecho algo así. Tres grandes seguidas. Y, además, Froome coge plaza entre los ganadores de las tres grandes vueltas. A esa altura únicamente han llegado Anquetil, Gimondi, Merckx, Hinault, Contador y Nibali. «Este Giro ha sido la gran batalla de mi vida», confesó el británico. «Hace tres días estaba a tres minutos de los mejores. Es un sueño ganar tres grandes consecutivas», añadió. Si el proceso por salbutamol no emborrona su currículo, Froome se coloca a la par de los mitos. Y busca más: en Roma comienza la cuenta atrás para el próximo Tour. El doblete. Froome conserva intacta su hambre.

Su equipo, el Sky, manejó a su antojo el último test en montaña. Dejó que le Astana tirara a por la fuga. Vio cómo Pinot, el tercero en la general, se desvanecía en el col de San Pantaleón, el segundo de la etapa. Sus gregarios se inmolaron con él. Como le pasó al Fagor con Luis Ocaña en el Tour. El vacío. Nieve fundida. Pinot, rostro doliente, se retorcía a cámara lenta. Sin piernas. Amputado. Perdió el podio y 45 minutos. Ese hundimiento animó la pelea entre 'Supermán' López y Carapaz por la tercera plaza, ya en la subida final a Cervinia. A estas alturas de Giro, a los ciclistas ya les duelen hasta los dientes. Pero se mascaba la batalla. Dumoulin, el segundo en la general a 40 segundos de Froome, se sentía obligado a probar al líder, el rival que le machacó en La Finestre, el ciclista al que tanto ha criticado por su positivo en la Vuelta. Miradas de reojo. Cuentas pendientes.

Dumoulin tiró de orgullo. Pero sus piernas han perdido efervescencia. Froome, lomo arqueado y rosa, jugueteó con él. El friso de los aficionados les marcaba el camino. Por tres veces buscó Dumoulin un punto débil en el líder. No lo había. A la tercera, Froome replicó. Cuidado. Le mostró el colmillo con el Cervino de testigo. Los campeones suelen ser implacables, casi crueles. Dumoulin claudicó. Será segundo en el Girio de Froome, por delante de López, Carapaz, Pozzovivo y Pello Bilbao, sexto al final en la primera gran vuelta que disputa con galones, la de su confirmación. Al fondo, el Cervino. Y en la recta final, Froome aceleró para pasar por delante de Dumoulin. No lo necesitaba. Sonó como un sopapo. No se llevan. El holandés duda de él por el salbutamol de la Vuelta. El inglés no le perdona. De momento, ya le ha quitado el Giro. Próxima cita, el Tour.

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