Froome no se reconoce en el Giro

Yates celebra su victoria de etapa./Afp
Yates celebra su victoria de etapa. / Afp

El británico cede de nuevo en el Gran Sasso y ya está a dos minutos y medio de Yates, líder y ganador de la etapa

J. GÓMEZ PEÑA

Para ganar este Giro en el que Simon Yates, líder y ganador en el Gran Sasso, le saca ya dos minutos y medio, Chris Froome va a necesitar rescatarse a sí mismo. No ha vuelto a ser el mismo desde que un control antidopaje en la Vuelta a España ha cuestionado su carrera. Todo se le ha puesto cuesta arriba. Incluido el Gran Sasso, el enorme montaña blanca anclada en el centro de Italia, en los Apeninos. Dicen que es un paisaje lunar, similar al Tíbet. Froome dejó de respirar a dos kilómetros del final, justo cuando la novena etapa superaba el listón de los dos mil metros de altitud. ¿Mal de altura? ¿Ha iniciado su declive? No pudo seguir a Yates, Pinot, Chaves, Pozzovivo, Carapaz, Formolo, Bennett, López, ni a Dumoulin, que al final perdió una docena de segundos. Yates, pletórico en este inicio de ronda, recogió su segunda etapa y alejó a Froome de la pelea por el Giro en el Gran Sasso, la cumbre donde los paracaidistas de Hitler rescataron a Benito Mussolini, detenido por los propios italianos. En la jornada de descanso que viene, Froome tendrá que pensar en un plan de rescate o empezar a mirar al Tour.

El Gran Sasso engaña. Es más de lo que parece. Y más aún si la etapa es larga, de 225 kilómetros, y a la subida final se encadena antes el puerto de Calascio. Así, en total, son 45 kilómetros de montaña. De 338 metros a los 2.135 de la meta en el Campo Imperatore. Resultó un desafío excesivo para la fuga masiva que abrió la etapa en la salida de Pesco Sannita. De la quincena de fugados el que más aguantó fue un joven de nombre evocador. Fausto. Como Coppi. Fausto Masnada. Tiene buena pinta. Viene de la cantera del equipo Colpack, una de las más fructíferas de Italia y su ídolo es Contador. Le imitó. Fue valiente. Pero, al menos aún, no tiene su motor. Cruzó los pastos verdes del altiplano y chocó contra los cinco kilómetros finales del Gran Sasso, los de las asfixia y laltitud. Aquí sólo han vencido nombres con historia: López Carril, Bataglin, Chioccioli, Pantani.

El Astana tiraba a por Masnada. Es un equipo que vive para 'Supermán' López. Pello Bilbao, que perdió 52 segundos y es noveno en la general, está a su servicio. Pero López no desenfunda en el Giro como en la pasada Vuelta. Anda con la pólvora mojada. Entre paredes de nieve se le congeló el gatillo. Fue Ciccone, dorsal inquieto, el que abrió el combate. Lo hizo tarde, apurando el final de la montaña. Eso salvó a Froome. Su debilidad quedó expuesta a dos kilómetros de la meta. Casi veinte corredores subían mejor que él. Mal síntoma, insólito desde que Froome es Froome. Henao le esperó, pero no es sencillo remolcar a alguien sin fuerzas. En esos dos kilómetros le cayó encima más de un minuto de retraso. Yates se aleja en la general a 2 minutos y 27 segundos. Dumoulin, el calculador holandés, le saca casi dos minutos. Al Sky nunca se le ha dado bien el Giro. Parece que Froome sigue esa costumbre.

Con el británico cabeceando por detrás, Pozzovivo y Pinot entraron en el último kilómetro a tortas. El ciclismo moderno suele ser así. Todo para el final. Chaves les miraba. Carapaz les aguantaba. Bennett, Dumoulin y López perdían pie en ese sprint vertical. Yates asistía a la secuencia de tanta agonía ajena sentado en su butaca. Fácil. Sonrisa rosa. Arrancó cuando quiso, justo para sumar su segunda etapa y para, esta vez sí, gritar que aspira al Giro a dúo con su compañero Chaves. En el Gran Sasso, Froome confirmó que necesita un rescate como el de Mussolini para seguir dando guerra.

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