Chaves pierde el Giro

Chaves, durante la etapa./AFP
Chaves, durante la etapa. / AFP

Débil desde la salida, el colombiano llega a la meta 25 minutos después del ganador, el esloveno Mohoric

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Tras el descanso del lunes, al Giro le tocaba madrugar. La décina etapa era la más larga, 239 kilómetros. Y, además, partía desde un puerto de segunda, Ponte della Creta, uno de tantos en esta zona de los Apeninos. Casi todos los ciclistas calentaron las piernas sobre los rodillos. Anuncio de batalla. Algó temían de esa montaña inicial. Es una cuesta peligrosa. Los geólogos ya lo advirtieron antes de que una avalancha de nieve sepultara allí en enero de 2017 el hotel Rigopiano. Murieron 29 personas. Cuando el Giro pasó junto a la ruinas de hotel, la carrera, pese a estar en su comienzo, ya iba rota. Esteban Chaves, ganador en el Etna y tercero en la general, iba descolgado. O le había sentado mal el día de tregua o la alergia al polen -eso dijo su equipo, el Mitchelton- le ahogaba. Ya no recuperó el aliento en las seis horas de carrera que restaban. Sus rivales le ejecutaron. En la meta de Gualdo Tadino, donde ganó el esloveno Mohoric, Chaves lo había perdido todo: 25 minutos y el Giro. Su equipo tenía dos bazas; ahora lo apostará todo al líder, Simon Yates.

Todo es difícil en el Giro, incluidos los traslados, los atascos, la meteorología y hasta esas etapas que desde el sillón se definen como 'de transición'. Italia es un país tan bello como quebrado. Y 239 kilómetros con lluvia y, a ratos, frío duelen. Para colmo, el maratón venía después de una jornada de descanso. Es frecuente que a alguno de los favoritos se le indigeste la tregua. Esta vez fue a Chaves cuando la etapa estaba aún en Farindola. Los geólogos habían advertido que la zona sobre la que se levantó el hotel Rigopiano estaba llena de sedimentos. Por ese canal entre laderas descargaba la montaña. El informe fue archivado y el hotel restaurado. Luego vino la avalancha y la muerte. En cuanto notaron la herida de Chaves, sus adversarios hicieron sangre. Pello Bilbao, fiel a 'Supermán López', lanzó un ataque. Lo mismo hicieron gregarios de Dumolin y Pinot. Todos contra el Mitchelton de Yates y Chaves.

Froome sin problemas

La etapa más larga no iba a parar. Sube y baja. Quita y pon ropa impermeable. Chaves, que ya había perdido el Giro de 2016 en la última jornada de montaña, iba a caer de nuevo. Tres ciclistas del Mitchelton trataron de salvarle hasta que reventaron. El mismo Chaves, vacío, hizo un esfuerzo final antes de claudicar. Los últimos 50 kilómetros fueron para él un paseo fúnebre por Umbría, el corazón verde de Italia. Gris en esta etapa.

Con Chaves sepultado, la carrera ya no frenó. «Aquí en cualquier momento pasa cualquier cosa», resumió Carapaz, que pinchó y tuvo que arrear para volver al reducido grupo que abría la etapa. También pinchó Dumoulin. Otro Susto. Froome, en cambio, no tuvo ningún tropiezo. Es casi una noticia en este Giro que viaja torcido para él. Eso sí, el lunes se enfadó con un periodista cuando le preguntó si seguía recurriendo al salbutamol, el fármaco con el que dio un ' resultado adverso' en la Vuelta.

Dumoulin y Froome tienen que recortarle teimpo a Yates, el líder, que rascó tres segundos en el sprint intermedio. Pinot se llevó dos. Ahorran por lo que pueda venir. La bonificación en la meta fue para el esloveno Matej Mohoric, un portento. Campeón del mundo juvenil y sub'23. Ganador de la etapa de Cuenca en la Vuelta 2017 y tremendo rodador. Además baja bien. Y, confía, ya subirá mejor. «Algún día me veo disputando una gran vuelta», avisa. De momento, suma etapas. En el alto de Annifo, a 30 kilómetros de la meta, salió a por el italiano Villella. Le torturó hasta ahogarle. Después se le unió el alemán Nico Denz. Le torturó igual, pero el germano aguantó hasta el sprint a dúo. Agónico. Ganó el más fuerte: Mohoric. «Le mereció», admitió Denz. Casi media hora después llegó la tristeza del ciclista que más sonríe, Chaves.

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