Bennett le corta las alas a Viviani

Bennett celebra la victoria./AFP
Bennett celebra la victoria. / AFP

El irlandés, formado en el club de Sean Kelly y gregario de Sagan, gana al sprint la séptima etapa del Giro

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

A falta de Peter Sagan, el equipo Bora tiene a Sam Bennett en el Giro, ganador al sprint de esta séptima etapa con final en Praia a Mare. Bennett, verdugo del favorito Viviani, es un irlandés nacido en Bélgica que pedalea para un equipo alemán. Desde 1987, desde Roche, no ganaba un irlandés en la corsa rosa. De allí es otro mito, Sean Kelly, que sólo disputó una vez el Giro y lo abandonó. A Kelly le iba más la Vuelta -la ganó en 1988-, el Tour, la París-Niza -tiene el récord con siete victorias- y clásicas como la Milán-San Remo, la París-Roubaix, Lombardía y la Lieja-Bastogne-Lieja. Kelly, rostro rural, es de Carrik-on-Suir. Y en esa localidad creció Sam Bennett, que se hizo ciclista en el club de Kelly, rey de las clásicas en los ochenta, y que ahora comparte maillot con Sagan, ganador de la última París-Roubaix. A falta de Sagan, Bennett ocupó su lugar en este Giro que ya está en la península tras salir del Etna con Simon Yates como líder, con Pello Bilbao séptimo y con Froome en fase de crecimiento antes de este fin de semana montañoso.

A Pizzo, lugar de la salida, el pelotón llegó con sueño. El traslado nocturno desde el Etna hasta el hotel había sido maratoniano. Algunos corredores llegaron a su habitación pasadas las diez y media de la noche. Sin masaje. Muertos de hambre. Se les había ido la tarde entre el atasco de Catania y la larga espera en la cola del ferry que une la isla de Sicilia con la península. Eso sí, la espera no fue igual para todos. Los ricos tiraron de cartera. El Sky de Froome y el UAE (Emiratos Árabes) de Aru se saltaron el lío a bordo de helicópteros. «Lo pagaron ellos, no se los puso el Giro», aclaró de inmediato Mauro Vegni, director de la ronda. No quiere que la lucha de clases prenda en el pelotón, pero le tiene más miedo a que le acusen de privilegiar a alguno de los candidatos: a Aru, por italiano, o a Froome, por ser la gran estrella.

De eso hablaba el Giro en Pizzo, que comparte playas calabresas con Tropea, esa ciudad vertical sostenida al filo de un acantilado sobre el arenal. Y en cuanto se puso la séptima etapa en marcha camino del sprint en Praia a Mare, la conversación giró hacia otro tema: ¿por qué tiraba a muerte el Quick Step, el equipo de Viviani, para cazar a los primeros fugados? Enseguida llegó la respuesta: porque entre ellos iba Tony Martin. Entonces surgió otra cuestión: ¿Iban a por él por temor a la potencia de sus piernas o por alguna cuenta pendiente? Martin, antigua locomotora y campeón del mundo de contrarreloj, ya no es lo fue. Antes, cuando se escapaba, al pelotón se le acumulaba el trabajo. Ya no es para tanto. Así que quizá todo se debió a algún viejo roce entre el ciclista alemán del Katusha y el equipo belga.

En cuanto Martin fue cazado, la fuga recibió el salvoconducto para seguir adelante. En esa escapada, al alemán le sustituyó Belkov, uno de sus compañeros en el Katusha. Volvió la calma con el cambio de cromos. Ni el viento del mar Tirreno la alteró. Junto a Belkov iban Ballerini y el guipuzcoano Markel Irizar, tres rodadores. Irizar es la alegría del pelotón. Siempre encendido, dispuesto para una broma, un baile o una ayuda. La felicidad es contagiosa. Por eso y porque mantiene su talla de buen ciclista tiene sitio fijo en el Trek ya con 38 años. Superó un cáncer y le llaman 'Bizipoz', el que vive feliz. No le hacen falta ni triunfos: tiene dos y el último data de 2011 en la Vuelta a Andalucía. Tampoco iba a ganar en la meta de Praia a Mare. Ni él ni sus dos colegas de fuga. El pelotón les dejó ahorrar cinco minutos y se los cobró a falta de 15 kilómetros.

Ahí se desató de nuevo Tony Martin, rabioso. Pero el Quick Step y el Lotto Jumbo no iban a desaprovechar una ocasión tan jugosa para el sprint. Viviani, ganador ya de dos etapas, era la rueda a seguir. Eso hizo Bennett. Se pegó a él. Buen marcaje. Le viene por genética. Nació en Bélgica porque su padre, irlandés, era futbolista allí. Pero con cuatro años ya estaba de vuelta en el pueblo de Kelly, un devorador de carreras. Viviani lanzó el sprint y Bennett le remató, término fútbolístico. Gol en Praia a Mare. Lejos, preparándose para empezar mañana el Tour de California, Sagan pegó un brinco. Bennett le había sustituido a la perfección sobre el césped del Giro.

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