Battaglin se adelanta al juicio de Froome en el Etna

Battaglin celebra la victoria./Afp
Battaglin celebra la victoria. / Afp

El italiano exhibe su potencia en la meta de Santa Ninfa, donde el británico vuelve a flojear

J. GÓMEZ PEÑA

En la novela 'El Gatopardo', Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa, define a Sicilia como una «tierra sin compasión». La quinta etapa de este Giro corrió por algunos de los escenarios descritos por Tomasi. En Santa Margarita de Belice no hay tasca o establecimiento que no haga referencia al 'Gatopardo'.

Sin compasión. Por allí pasó la fuga del dorsal 28, el italiano Vendrame, ejecutado por el pelotón a 3 kilómetros de la meta de Santa Ninfa. En ese final, en repecho, sufrió de nuevo el dorsal 181, Froome, que parece demasiado blando a un día del Etna, el volcán que no se apiadará de nadie. Ni de 'Supermán', que así apodan al colombiano López, que en Santa Ninfa cedió 42 segundos tras una caída provocada por su falta de pericia. Allí, en la meta, ganó Enrico Battaglin, el dorsal 171, más potente que el 48, Visconti. A Battaglin siempre le preguntan si es familia de Giovanni Bataglin, ganador del Giro y la Vuelta en 1981. Los dos son de Maróstia. Pero no. Solo son vecinos. Cada vez que gana, vuelve la pregunta. Sin compasión. Ni Sicilia ni el Giro la tienen. Faltaba el dorsal 108. Desde hace siete años no lo porta nadie. Desde que, justo aquel 9 de mayo, se mató el belga Wouter Weylandt en el descenso del Passo del Bocco.

El guion de la segunda etapa siciliana bien lo pudo escribir Lampedusa: fue una de esas batallas que se libra para que todo siga como estaba. Es el lema del novela. Dennis se mantiene al frente de la general, Dumoulin le persigue a un segundo y Froome, al menos, no cedió ni un metro más, pese a dar la imagen de extremo sufrimiento e impotencia en el muro final. Sigue a 55 segundos del líder. En Jerusalén, cuando perdió medio minuto en el prólogo, se citó con el Etna, el volcán siciliano que espera en la próxima jornada. Ya está aquí. Pero el británico no aparenta mejoría. Lampedusa reflejó en 'el Gatopardo' la decadencia de una época en plena unificación italiana. El derrumbe de un mundo. Froome, sobre el que pende una investigación por dopaje, está en ese cruce: ¿Es el final de su era? ¿O ha planificado así el año para ir de menos a más y aspirar al doblete Giro/Tour? El Etna, que se subirá por su ladera más dura, es un buen lugar para una erupción de respuestas.

Los volcanes no saben tampoco de compasión. A 20 kilómetros del final, al borde de la carretera, asistió al paso del Giro la ciudad fantasma de Poggioreale Vecchio, arrasada por un terremoto. Los temblores del Etna. Aún resistían los cuatro fugados desde la salida en las ruinas griegas de Agrigento: Zhupa, el fornido Mullen y su compañero Didier, y el italiano Vendrame, el que más resistió en pie. Corre en el Androni, el equipo que se ha escapado cada día. Nadie como el Androni es consciente de al falta de piedad del Giro. Tras un inicio por la costa, la etapa no dejó de subir hacia Santa Ninfa. Almendros, olivos y cuestas. Y calor. Ya lo dijo Lampedusa: «Sicilia son seis meses de fiebre a 40 grados». El pobre Vendrame iba a ser el mártir entre tanto templo griego. Sacrificado por el ritmo del Lotto, el equipo de Wellens, que quería repetir triunfo.

Para entonces ya se había caído, él solo, 'Supermán' López, y se había visto el pletórico estado de forma de Pozzovivo, que tras una montonera remontó como si nada. El menudo italiano se frota las manos ahora que llega el Etna. Pese a ese esfuerzo extra para enlazar con el grupo, Pozzovivo tuvo reservas para acelerar en el repecho de Santa Ninfa y para fijar el guion del sprint en cuesta. Lo escribió. Como Lampedusa. Dejó de pedalear en la última curva cuando iba tercero. Así, frenó a los que venían por detrás y dejó la victoria en manos de los dos que le precedían: su compañero Visconti, que es veloz, y Battaglin, que el martes había sido tercero en un final similar. Esta vez, Battaglin midió bien: según su potenciómetro, en los últimos 350 metros desplegó una media de 798 vatios. Tremendo. Con esa potencia capaz de encender una farola iluminó su tercera victoria en el Giro. 'Que pase algo para que todo permanezca igual', escribió Lampedusa. Ahora viene el Etna para cambiarlo todo y para ver lo que hay dentro de Froome.

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