Xabier Añua: «Salvador Allende me quiso convencer para que fuera seleccionador de Chile»

Xabier Añua posa en el centro de Vitoria durante la entrevista./ Iosu Onandia
Xabier Añua posa en el centro de Vitoria durante la entrevista. / Iosu Onandia

Este veterano exentrenador de baloncesto explicará este lunes, invitado por los Celedones de Oro, cuál ha sido la evolución del baloncesto en Álava

Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

El VII Ciclo de Conferencias Celedones de Oro ofrecerá esta tarde (Aula Fundación Vital, 19.30 horas, entrada gratuita) una nueva oportunidad de adentrarse en la historia de Vitoria, en esta ocasión, a través de la mirada del exentrenador Xabier Añua. A sus 82 años ha sido uno de los impulsores del baloncesto en Vitoria y pionero tras pasar largas temporadas en Estados Unidos para después entrenar al Barcelona entre 1968 y 1972. Crítico y observador, mantiene que «las sociedades avanzan paralelamente a la evolución cultural de sus ciudadanos». La educación en valores con el deporte como base fundamental ha transformado Vitoria en una urbe moderna y plural que nada tiene que ver con la ciudad conservadora y costumbrista que él veía desde el mirador de su casa en la plaza de España.

-Ha querido hacer una retrospectiva de su vida vinculada con la evolución de la sociedad alavesa y sus primeros pasos en el deporte. ¿Hemos cambiado mucho?

-Me apetecía desempolvar recuerdos. Cuando vivía en la plaza de España, Vitoria era una ciudad costumbrista de 40.000 habitantes. Y claro que hemos cambiado mucho, somos una sociedad mucho más abierta, generosa, igualitaria, plural y moderna. Se lo debemos en gran parte al flujo de migrantes de los años 50 que vinieron con la industrialización. Tengo los recuerdos de los sonidos de las sirenas para bajar al sótano, de la posguerra en el año 40 cuando iba al colegio Vera Cruz con las monjitas mercedarias de Berriz, después estudié en Corazonistas, donde todos los días había que cantar el cara al sol. Y empecé a jugar al fútbol en el equipo Sphaidas, porque no había otra cosa hasta que llegó el baloncesto a mi vida.

-¿Es verdad que estuvo a punto de jugar en el Deportivo Alavés?

-Pues sí. El Alavés nos quiso fichar a tres jugadores del Sphaidas pero mis padres me dijeron que debía continuar con mis estudios. Esa decisión me llevó a encontrarme con el baloncesto. Por aquel entonces pusieron una canasta en el patio de Corazonistas y no sabíamos nada. Habíamos oído hablar algo de baloncesto. Fíjate que el balón era de cuero y cuando se mojaba no cabía por el aro. Allí empezamos a jugar de manera autodidacta, los primeros partidos entre Corazonistas y Marianistas. Pero todo muy autodidacta. Yo me iba los veranos a Pau en Francia y allí aprendí más baloncesto, después vino un entrenador americano al Frontón Vitoriano y así dimos nuestros primeros pasos.

-¿Por qué se decantó por el baloncesto y no por el fútbol?

-Me gustaba más. El fútbol es más sencillo de jugar. El baloncesto es todo un juego de ajedrez, cada partido es una estrategia diferente.

El mítico Frontón Vitoriano

-¿Qué recuerdos tienen del Frontón Vitoriano?

-Uff, muchos y muy entrañables. Desde aquellos duelos entre Corazonistas y Marianistas, después San Viator. Se llenaba. Todo estaba muy apretado. Después vino la época del Philips, porque mis padres tenían la representación de esta marca y patrocinó el equipo. Fuimos subiendo de categorías. Yo estuve hasta los años 60 de entrenador, pero siempre con formación autodidacta. Hice el curso nacional de entrenadores en España, que era prehistórico, hasta que en el año 64 me fui dos meses a Estados Unidos con los New York Knicks. Después, en el año 70 estuve en la preparación del equipo olímpico americano. Fue toda una evolución y aprendizaje. Y retomando la historia del baloncesto alavés, llegó el Kas para hacer un equipo con muy poco dinero, pero con dos americanos buenos, jugadores muy jóvenes como Txema Capetillo, Txus Iradier o Adolfo Benito. Jugamos en Segunda División 80 partidos y ganamos los 80. Teníamos un equipazo, y subimos a Primera y en 1969 disputamos la final de Copa en el frontón ante el Real Madrid y ahí es donde explota todo. En la cancha cabían 800 personas y llegamos a meter 1.500. Hay infinidad de anécdotas, con decirte que el reloj se llevaba a mano o nos ayudábamos de la pared del frontón. Recuerdo que Pepe Laso era un artista (risas).

-¿Qué le aportaron sus estancias en Estados Unidos?

-Te diría que fueron más enriquecedoras en lo personal que en lo deportivo, aunque aprendí mucho de baloncesto. Otra cultura, otra forma de vivir y pensar. Yo venía de una ciudad pequeña y conservadora y me vi en un mundo diferente. Un día estábamos en Harlem y de repente vimos ajetreo. Yo estaba con los jugadores de los Knicks. Nos enteramos de que acababan de matar a Luther King. Fueron días convulsos. Pero también me aportaron mis viajes por Sudamérica, Chile, Brasil, Colombia o Uruguay. Fíjate que conocí en persona a Salvador Allende y me tomé un café con él durante media hora. Me quiso convencer para que me quedase como seleccionador chileno.

-¿Cree que la labor del entrenador tiene una parte pedagógica?

-Bueno, sobre todo en edades tempranas. El entrenador sí que tiene esa misión de educar en valores a los más jóvenes. En esas edades hay que inyectarles la pasión por el deporte, aprender a jugar y, sobre todo, divertirse. Esto es algo que lo veo más claro gracias al Araski.

-¿Vitoria es excepcional en cuanto al arraigo que tiene el baloncesto?

-Sí. Es cierto que el fútbol tiene también mucha tradición. Cuando el baloncesto pudo caer en medianías o no crecer más en esta ciudad, llegó Josean Querejeta y lo impulsó desde una gran gestión con un proyecto importante encaminado al deporte-espectáculo. El desarrollo que ha hecho el Baskonia es admirable. Te podrán gustar más o menos algunas cosas, pero ha calado en la gente.

-Como entrenador, ¿qué análisis hace del banquillo baskonista y los últimos movimientos?

-La formación de un entrenador requiere de 10 o 12 años en categorías inferiores. Creo que la llegada de Prigioni al banquillo del Baskonia fue prematura. Se nos vendió que como era un jugador muy listo podía tener éxito. Mira, Pablo Laso, para llegar a lo que es hoy en el Real Madrid, tuvo que pasar sus años previos entrenando en otros sitios. Se metió la pata, pero ya está corregido y hay un entrenador como Pedro Martínez con bagaje y experiencia. Prigioni será entrenador cuando termine de formarse y siga el proceso. Obradovic no lo hizo y es uno de los grandes, pero Obradovic solo hay uno.

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