El Sáenz Horeca remata al Palencia en Mendizorroza

Cizmic y Edwards, del Araberri, intentan robar el balón a Otegui./
Cizmic y Edwards, del Araberri, intentan robar el balón a Otegui.

El gran acierto en el triple de un inspirado Wintering lleva al conjunto del Araberri a su segunda victoria

OLGA JIMÉNEZ

El Sáenz Horeca Araberri está empeñado en llevar la contraria a los que pensaron que un equipo confeccionado a mediados de septiembre podría ser competitivo. No solo eso, sino que sabe ganar partidos desde su inexperiencia y aún falta de acoplamiento. Que esta plantilla tan joven atesora talento, es indudable. Y que de esa valentía y desparpajo en su juego saca réditos, lo demuestran sus dos victorias al calor de Mendizorroza. El refugio donde los vitorianos se sienten cómodos, con ese juego vivo, veloz, trepidante y tan entretenido para el espectador.

Estos ‘jugones’, como Wintering -de nuevo un gran partido del americano con 23 puntos y 32 de valoración- o Dee -que además de anotación siempre suma rebote- tienen la capacidad de enganchar y contagiar a sus compañeros. Porque ayer, Martín Buesa se unió a la fiesta del espectáculo, con triples de mucho valor y un juego en pista de absoluto mago. El vitoriano tiene tanto baloncesto en su cabeza que parece disfrutar en este equipo de Pérez Caínzos.

Está claro que el riesgo de depender del tiro exterior lo asume el conjunto alavés, que tiró de repertorio para colocar ocho triples hasta el descanso para un total de once. El Palencia necesitaba sumar en Vitoria para cortar una racha negativa de dos derrotas, pero se fue con la tercera bajo el brazo precisamente por no tener un ‘killer’ que pudiera sorprender. A priori, el juego más elaborado, buscando el potencial de sus pívots, Ruffin, Barnes o el propio Otegui, parecía tener un baloncesto más estructurado, pero la gran locura del Araberri, por momentos cómodo en su juego de cierto caos, incomodó a los palentinos.

La igualdad fue la tónica durante los dos primeros actos (42-42). En un paso adelante por cambiar algo, los vitorianos ajustaron su defensa, presionaron líneas de pase y robaron balones para gozar al contraataque. Si el capitán Buesa había sido el termómetro del equipo durante la primera parte, quien puso más temperatura al choque fue Wintering, con 16 puntos en la segunda, con robos, intimidación, penetraciones y velocidad.

El crecimiento del Araberri desde su esfuerzo defensivo y su acierto, propició una máxima renta de 14 puntos (71-57) con seis minutos por delante para cerrar el encuentro. Lo más difícil estaba hecho, pero hacía falta poner la guinda. Entre indecisiones, errores y pérdidas, Grimau y Otegui todavía vieron luz entre tanta penumbra, y aprovecharon los regalos del cuadro local y la falta de pausa para sumar un parcial de 0-9 y generar cierto nerviosismo.

Empieza a convencer

Solo el Araberri podía perder el partido. Wintering de nuevo, como pesadilla de los castellanos. Desde el tiro libre, en penetración. Y para rematar, una espectacular entrada a canasta de Uclés, que significaba la sentencia definitiva. Una victoria ganada a golpe de eficacia, acierto y fe. El equipo crece a medida que juega pero, sobre todo, vence y empieza a convencer en algunos de sus argumentos baloncestísticos, a pesar del amplio margen de mejora. Lo mejor es que Mendizorroza vuelve a ser el fortín de los gasteiztarras.

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