Baloncesto

El Sáenz Horeca gana con hombrada

Uclés se hace con la posición ante la canasta. /Ignacio Pérez
Uclés se hace con la posición ante la canasta. / Ignacio Pérez

El Araberri remonta 17 puntos al Melilla en el último cuarto, con 34 anotados, y se hace con un partido imposible

Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

El baloncesto tiene la magia de permitir que lo improbable se convierta en certeza, que lo inalcanzable sea más terrenal para primero poder rozarlo y después, atraparlo. El Sáenz Horeca tiene la virtud de creer en su baloncesto anárquico. Sus montañas rusas ofrecen variables, pero mantienen un efecto magnético en una plantilla eléctrica y rebosante de compromiso. Lo normal es que cuando la desventaja te sobrepasa, la cabeza detenga pies y manos para finalmente plegarse ante la situación. Pero el ADN del Araberri posee ese instinto depredador de jugadores con hambre, impredecibles, que en un mismo partido pueden ser Jekyll y Hyde.

Que se lo digan a Dee, desaparecido hasta que el balón dejó de quemarle para bombardear el aro del Melilla en el último cuarto. Que se lo expliquen a Uclés, quien con dos triples en el inicio del último tramo trazó el camino. El almeriense volvió a ser decisivo con sus 17 puntos, 9 rebotes y 24 de valoración, además de mostrar liderazgo. Con dos victorias consecutivas, ambas como local pero fuera de Mendizorroza, los alaveses cierran un 2017 con notable alto a la espera de concluir la primera vuelta ya en enero.

78 Sáenz Horeca

Wintering (12), Dee (12), Edwards (6), Uclés (17), Pechacek (6) -quinteto inicial–, Mitrovic (14), Araujo (8), Cizmic, Buesa (3) y Lorenzo.

73 Melilla

Djuran (23), Almazán (9), Servera (2), Fall (6), Samb (6) -quinteto inicial–, Kapelan, Durán, Rodríguez (8), Lucas (5) y Guerra (14).

parciales.
17-30, 15-14 (32-44 al descanso), 12-12 y 34-17.

El polideportivo Larrea de Amorebieta se vistió ayer de Araberri para dar calor a los pupilos de Antonio Pérez. El club aprovechó para ser protagonista de la fiesta del baloncesto de la mano de la Federación Vasca y en apoyo al Zornotza, que este año se ha quedado sin competir en LEB Plata. Con lemas de apoyo como ‘Zuekin Bat’ o ‘Juntos por el basket’ y la presentación en sociedad de la nueva mascota del club, Basajaun, el choque ante el Melilla reunía todos los alicientes para un buen espectáculo ante un conjunto aspirante al ascenso a ACB.

El inicio fue arrollador por parte de los melillenses, con pleno de acierto en los seis triples intentados y el serbio Djuran como máximo verdugo con 15 puntos. El Araberri deambulada. Solo Uclés era capaz de mantener cierta compostura. Pero el recital anotador de los de Alejandro Alcoba continuó en el segundo acto con la presencia del gigante de 2,12 metros Fran Guerra, una pesadilla para Pechacek y Araujo.

Intentó correr el equipo alavés, con amagos en la presión, algún robo de un gris Wintering en la dirección. Pero cualquier mínima reacción siempre tuvo respuesta por parte del Melilla, que se fue al descanso con una renta más que interesante (32-44). Tenía claros los puntos débiles del Araberri e hizo hincapié en el juego entre pívots, con Samb y Fall a escena haciendo su trabajo. La reaparición del capitán Martín Buesa tras un mes en el dique seco y la presencia de Dani Lorenzo para dar descanso a Wintering fueron las únicas noticias de un tercer cuarto donde los vitorianos no fueron capaces de reducir diferencias, que llegaron a los 17 puntos (34-51), a pesar de que los porcentajes visitantes se habían reducido.

Bien pudieron ser premoniciones de lo que sucedería después, ya que ambos aspectos serían más que decisivos en la resurrección de los locales. El Melilla desperdició nueve tiros libres y no sumó ningún triple tras el descanso, mientras el Sáenz Horeca, visiblemente afectado por el trascurrir de los acontecimientos, parecía esperar agazapado su momento. Y lo tuvo, con dos triples de Uclés y la explosividad del norteamericano Dee, desaparecido durante los tres primeros cuartos y autor de diez puntos de oro en el período de la verdad.

El momento de la verdad

Porque el Araberri puso todas sus verdades en pista, desde una defensa más agresiva con dominio en el rebote, acierto exterior y aportación de sus postes Pechacek y Araujo, con lagunas defensivas por mejorar, pero influyentes de cara al aro contrario. Y así, desde el deseo, la resurrección fue consumándose, con un equipo fiero e indómito y un Melilla agonizante. Dos triples de Dee empataron a 66 a falta de tres minutos y una canasta de Wintering colocó a los suyos por delante tras 30 minutos de suplicio.

El Melilla se encomendó a su jugador franquicia, Guerra, pero fruto de sus errores, Rodríguez falló otro tiro libre decisivo. En un final apretado, pero bien gestionado por el Sáenz Horeca, dos libres de Dee y una valiente entrada de Mitrovic pusieron la guinda a una remontada de ensueño. 34 puntos en el cuarto para sumar la segunda victoria consecutiva, octava en la Liga.

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