NBA

La soledad de Marc Gasol en el Calvario

Marc Gasol en un partido contra los Utah Jazz/EFE
Marc Gasol en un partido contra los Utah Jazz / EFE
Línea de Pase

El competitivo pívot rumia la impotencia de liderar a una plantilla muy devaluada que ocupa el último puesto de la NBA

ÁNGEL RESA

«Esto consiste en ganar. Para formar jugadores ya está la Liga de Desarrollo». De este modo estalló Marc Gasol hace unas semanas, cuando la racha terrorífica de los Grizzlies aún no había tocado fondo con ambas manos. Hoy es el día en que Memphis acumula dieciocho derrotas consecutivas durante un mes de fiascos tan largo que más parece todo un año. El equipo que entrena de forma interina JB Bickerstaff encarna con rubor el peor ataque de la NBA y ni siquiera un código genético basado desde hace temporadas en la defensa le bastan para eludir el bochorno. Su balance de 18-49 indica que apenas gana un partido de cada cuatro y lo asienta, desde luego, en el furgón que cierra el campeonato. Como visitador médico, la franquicia de Tennessee no vendería ni una caja de analgésicos. Ha disputado 37 encuentros lejos del FedEx Fórum y sólo en cinco ocasiones ha vuelto a casa como vencedor.

En esta vida casi todo tiene una explicación. Y en el caso de los Grizzlies cabe hallar varias causas lógicas que, encadenadas, conducen a su actual consecuencia funesta. El propietario, Robert Pera, conduce el club con la vista permanentemente puesta en el balance de resultados… económicos. Gasta fama de tacaño a la hora de soltar los dólares y pretende obtener triunfos con la mínima exposición financiera. De ahí que los 98,6 puntos por noche del equipo obedezcan al escaso talento de una plantilla devaluada tras algunas marchas en verano y herida por la cornada mayor que representa la lesión de Mike Conley, alma, corazón y vida de Memphis junto al pívot de Sant Boi. El cuadro de los osos ha competido hasta esta campaña y desde un mercado pequeño con valores eternos como el rigor, la vergüenza torera, su dúo de capitanes y las semillas de seriedad que sembraron técnicos como Lionel Hollins y David Joerger. También, desde el talento indiscutible del interior Zach Randolph, aquel rebelde con o sin causa a quien logró domar Gasol II.

Ahora Marc se topa con esa señal de tráfico que remata un cuadrado rojo sobre fondo azul, la que indica camino cortado. Su identificación con el club de Tennessee y la propia ciudad donde reposan los restos de Elvis es tal que siempre ha tratado de llevarlos hasta donde su inteligencia abarca. Parece evidente que al mediano de la saga, ganador de un título como mejor defensa del año, le hubiese convenido huir del FedEx Fórum antes de que el equipo se consumiera hecho cenizas por efecto de la combustión. Pero ahí sigue, pastoreando un rebaño –recurro a la metáfora sin el menor ánimo de herir– de jóvenes inexpertos por formar. Y es que algunos quintetos de los Grizzlies esta temporada apenas resistirían un par de cuartos de pugna real en la Euroliga.

Ahora que se avecina la Semana Santa resulta oportuno aludir al Calvario de Gasol. Uno de los ‘cincos’ mundiales con mayor densidad de materia gris cumple su décima temporada en Memphis, lleva 706 encuentros con las letras de la franquicia en el pecho y acredita 15 puntos y 8 rebotes en su carrera. Este año anota una media de 18, pero el esfuerzo apenas le renta nada. Él sí puede recitar aquella parte de las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre, cuando el poeta rimaba sobre la bondad de los tiempos pasados. Concretamente de mayo de 2013, cuando los Grizzlies disputaron la final de la Conferencia Oeste contra San Antonio. Hoy Marc rumia la soledad a la que le condenan la gerencia de la franquicia y la desgraciada baja laboral de su socio Conley. En verano abandonaron Tennessee el cancerbero defensivo Tony Allen, el talento inabarcable de Randolph para sumar puntos desde el poste bajo y la veteranía de Vince Carter. Sin ellos ni la presunta aportación del tirador Chandler Parsons que en nada ha quedado –el lanzamiento exterior siempre ha penalizado a un equipo carente de puntería–, Marc trata de guiar desde la impotencia a un grupo con rumbo a ninguna parte.

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