NBA

El PP es Pierce y Prigioni

Pablo Prigioni da instrucciones a los jugadores durante su breve etapa como técnico el Baskonia./Alejandro García
Pablo Prigioni da instrucciones a los jugadores durante su breve etapa como técnico el Baskonia. / Alejandro García
Línea de Pase

El argentino se precipitó al tomar un navío como el Baskonia, pero los Knicks meditan aprovechar su indudable docencia desde una labor específica

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Todavía con los ojos humedecidos por el efecto de la emoción imaginaba las frases sentidas que mejor reflejasen el justo reconocimiento de los Celtics, marca legendaria del baloncesto mundial, a Paul Pierce. Aprovechando la visita al TD Garden del rey LeBron y sus súbditos, Boston elevó al techo de ese pabellón distinto por las cuadrículas del parqué la camiseta 34 de su gran excapitán, formidable alero y miembro de la estirpe que aglutina a los competidores auténticos. Su adversario Shaquille O’Neal lo bautizó como ‘The Truth’ (La Verdad) y, realmente, el hombre crecido a la vera del recinto donde maravillaban los archirrivales Lakers del ‘showtime’ se ganó en la cancha semejante definición mayestática. Junto a Ray Allen y Kevin Garnett, Pierce refrescó en 2008 el orgullo irlandés con el anillo que a la franquicia se le resistía desde dos décadas atrás.

Sí, en mi mente bullían las palabras que condensaran ese acto de justicia poética y también aquellas que explicasen la absoluta jerarquía que ejerce James en Cleveland. Nada se mueve en el seno de los Cavaliers sin la aprobación explícita de quien ha disputado las siete últimas finales de la NBA. Así que ante el profundo malestar que sentía el líder con el descenso del equipo al averno, el club de Ohio liquidó media plantilla –sí, seis jugadores– y la rejuveneció con cuatro incorporaciones. Esa noche, la del tributo obligado a Pierce, los nuevos y redivivos Cavs sometieron a los Celtics (99-121) a base de recuperar la extraviada intensidad atrás y la energía adelante. Con cuatro triunfos encadenados, Cleveland afianza su hasta entonces inestable tercer puesto del Este y enfila la persecución de unos Celtics algo desinflados. Admito que además de escribir sobre la espléndida leyenda del trébol verde y de la rehabilitación de la tropa de LeBron pretendía mencionar los traspasos de Mikola Mirotic (de Chicago a New Orleans) y de Willy Hernagómez (de New York a Charlotte). Pero…

…Pero leo una noticia en el digital de este periódico y buceo sin escafandra por otras páginas virtuales de baloncesto. Y reparo en, tal vez, el único movimiento sensato de los Knicks, entidad que los últimos lustros nutre la desesperación de quienes los alentamos desde la lejanía. Me había propuesto escribir de PP (no del partido político) y me veo haciéndolo sobre otro PP. En lugar de Paul Pierce, Pablo Prigioni. La franquicia de la Gran Manzana, en un arrebato de cordura que ojalá incremente dentro de sus frecuentes enajenaciones neuronales, medita la incorporación del argentino a su cuerpo técnico. Di que sí, pibe.

Algunos se preguntarán cómo una franquicia estadounidense se plantea el fichaje de alguien consumido por la impotencia en su bautizo europeo al frente de un equipo. Y las respuestas son más sencillas de lo que parecen. Sólo la toma en consideración de tal posibilidad refleja las diferencias entre los baloncestos a una y otra orilla del Atlántico. Allí convendría que los recintos duplicaran el tamaño de los banquillos para acomodar tantos culos de entrenadores. De hecho, varios se sientan en la segunda fila porque no caben en la primera. Tengo para mí que Prigioni se precipitó –qué listos lucimos todos a toro pasado– al aceptar el mando de un buque de gran eslora como el Baskonia. No por su falta de conocimientos, sí porque resulta aconsejable hacer la mili antes de llenarse la casaca de medallas y charreteras.

¿Cómo? Mediante la oportunidad, casi ignota en Europa, de trabajar modalidades, de llegar a lo general desde labores específicas. Los Knicks piensan que Pablo puede mejorar las condiciones técnicas de los jugadores y se me ocurren pocos aciertos mayores que contratarlo para ello. El natural de Río Tercero lleva el baloncesto en el interior enciclopédico de su cabeza, veía en la pista por él y los demás, distinguía espacios donde otros apenas apreciaban nada y elevó el ‘pick&roll’ (bloqueo y continuación) al rango de arte con Luis Scola y Tiago Splitter. Era ‘el base’, el tipo que se apresuró a tomar el navío largo del Baskonia, el hombre que tiene docencia para exportar tal vez desde el banquillo ampliado de los Knicks.

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