El estirado ‘Black Friday’ de los Grizzlies

Marc Gasol reaciona al perder ante los Nets h/
Marc Gasol reaciona al perder ante los Nets h
Línea de pase

La tropa de Gasol II lleva años compitiendo por encima de sus posibilidades y su actual crisis desvela a un árbol de hoja caduca

ÁNGEL RESA

El modo de arrancar la temporada que mostraron los Grizzlies incitaba a rendirles un homenaje ante la enésima vuelta de tuerca para competir con su orgullo inquebrantable. Y más por hacerlo frente a franquicias mucho mayores desde una, también evidente, inferioridad propia de argumentos baloncestísticos. A lomos de aquel 7-4 de salida Memphis mostró la popa de su chalupa a buques de gran eslora, pero ya en mar abierto y con el oleaje golpeando el casco de la embarcación comprobamos que aquel nuevo brote de pundonor venía a suponer la ilusión óptica del oasis en la aridez del desierto. El árbol de Tennessee es un ejemplar de hoja caduca que pierde frondosidad con el tiempo. Y que ahora reclama el interés dentro del jardín botánico tras la destitución del entrenador, David Fizdale, después de que el técnico dejara sentando en al banquillo todo un último cuarto a Marc Gasol. Fue en el duelo contra Brooklyn, octava derrota consecutiva de unos ‘osos’ de peluche. Los Grizzlies del inicio admirable sólo cuentan ya a seis equipos peor clasificados en toda la NBA con casi el 25% del torneo consumido.

La pésima racha de resultados coincidió en buena parte con la lesión de Mike Conley, base titular y única referencia sólida en la que Memphis puede fijar su atención, además naturalmente del pívot catalán que es su auténtico líder pisando el parqué (19+9, puntos y rebotes) y entre las paredes del vestuario. Cierto que Marc, el mejor estandarte de la embajada española en la Liga norteamericana, rajó tras aquella dosis inaudita de suplencia cuando los Nets pintaban ojeras en la cara ajada de los Grizzlies. Las declaraciones de Gasol II revelaron cierta marejada entre el mariscal del equipo (él) y el preparador. Es tal el peso específico del hombretón de Sant Boi dentro del club que los índices acusadores le apuntan sin disimulo. Entre ellos, aunque de forma un tanto velada, los de LeBron James, la megaestrella erigida en abogado de Fizdale. Ambos coincidieron en la época gloriosa de Miami, cuando el ya exresponsable del conjunto de Tennessee se integraba en el cuerpo técnico de los Heat. Claro que el rey bien podría callar si no quiere que le recuerden su papel decisivo en el abrupto final de David Blatt al frente de Cleveland para colocar a su amiguito Tyronn Lue. Como que le importará algo…

¿Culpa del preparador destituido? ¿Intervención directa de Marc para el descenso virtual de la guillotina? ¿Y por qué nadie repara en Robert Pera, propietario de un club con plantillas devaluadas cada otoño? ¿Liquidación por cambio de catálogo? ¿Rebajas de temporada? ¿Black Friday extendido mucho más allá de un viernes negro? Gasol II y la tropa elogiable que le ha seguido durante tanto tiempo, la que adiestraron buenos entrenadores como Lionel Hollins y David Joerger, lleva temporadas compitiendo por encima de sus posibilidades. A base de rigor, disciplina, compromiso, honestidad deportiva, la defensa como pilar irrenunciable, cierto estilo europeo y un ritmo controlado que encaja mal en una NBA de voltaje enloquecido. Así se ha convertido en un aspirante a grande desde la segunda fila y, desde luego, en un adversario incomodísimo al que los demás preferían evitar desde abril.

Pero el desmantelamiento esta vez resulta excesivo, demoledor incluso. Este verano se han marchado jugadores que se mimetizaban con el mobiliario humano de Memphis. Zach Randolph, el rebelde a quien domó Marc, expone ahora su insultante facilidad anotadora en Sacramento, donde le acompaña el cuarentón Vince Carter. Y Tony Allen, tipo emocional y generoso en estado puro, cancerbero defensivo e ídolo de la grada, desespera a rivales esta temporada con la camiseta de los Pelicans. Tales fugas dejan al dúo Conley-Marc sin otra coral que la formada por actores de reparto y centrifugan aún más la espiral autodestructiva de un equipo siempre a falta del tiro exterior que cada vez cobra más importancia (enorme el fiasco de Chandler Parsons). La gerencia de Memphis envía osos provistos de tirachinas a una guerra de artillería.

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