Euroliga

Pablo Laso: el éxito de una persona normal

Pablo Laso posa con su segunda copa de Europa../Euroleague
Pablo Laso posa con su segunda copa de Europa.. / Euroleague

«Era el momento de los chicos», explica el técnico vitoriano, que abandonó la fiesta del Real Madrid en la cancha de Belgrado para poder hablar por teléfono con su mujer

Sergio Eguía
SERGIO EGUÍA

Dicen que al final de cada día, con el trabajo cumplido, el sol se retira para que disfrutemos de las estrellas. Un irónico baile que nos lleva a olvidar que precisamente el sol es nuestra estrella más cercana. Él sigue el mismo patrón. El domingo lograba su decimocuarto título de los 28 que ha disputado al frente del Real Madrid. El vitoriano Pablo Laso levantó su segunda Euroliga en tres años y lo que hizo, nada más cumplir con la foto de rigor, fue marcharse al vestuario para «poder estar solo y pensar un poco».

Lo contaba en una entrevista radiofónica a eso de la una de la madrugada. Tres horas después de acabar el partido y mientras trataba de poder llegar a su taquilla para cambiarse una camisa que estaba empapada desde que sus jugadores le ducharon para celebrar el título. «He visto a mis hijos llorar de alegría en la grada y me he quitado de en medio. He llamado a mi mujer desde la caseta. No me oía nada con el bullicio del pabellón», relató.

El DNI de un ganador

Pablo Laso Biurrun.
Vitoria, 13 de octubre de 1967. Hijo de Pepe y Mari Carmen.
Palmarés como jugador:
Oro en el Mundial sub-22 de 1989, una Copa del Rey con el Taugrés (1995) y una Recopa de Europa con el Real Madrid (1997). 61 partidos con España.
14 títulos como entrenador:
2 Euroligas (2015 y 18), 1 Intercontinental, 3 Ligas (2013, 15 y 16), 5 Copas del Rey y 3 Supercopas.

El entrenador vitoriano es así. «Ese era el momento de los chicos, de que lo disfruten a lo grande». Porque eso es lo que consigue el pequeño base del San Viator. Hace grandes a los que le rodean. Tras diez años asistiendo a diestro y siniestro en el Baskonia, con el que ganó la Copa de 1995, saltó al Real Madrid que entrenaba Zeljko Obradovic –su rival del domingo– para ganar la Recopa del 97. Su leyenda de pasador sigue viva. Es aún el máximo asistente histórico de la ACB con 2.896 regalos en 624 partidos. 4,64 de media en 18 años como jugador profesional.

Veinte finales

En su etapa como entrenador acumula ya veinte finales. Ha ganado el 70%. Cuando se lo recuerdan devuelve el balón y el mérito a sus chicos. «Tengo la suerte de tener a grandes jugadores en el equipo», responde. Como cuando lanzaba el contraataque con John Arlauckas y la servía en bandeja para que el americano rematara la carrera mientras él empezaba ya a hacer el balance defensivo.

«Estaba claro que tenía que terminar en un banquillo», dicen los que le conocen bien, los que le vieron crecer como jugador y como persona en una Vitoria que ya puede decir con orgullo que es la anfitriona de la próxima Final Four de la Euroliga. Cita en la que probablemente esté el propio Pablo Laso para defender el título. Hace tres años, cuando alcanzó su primer entorchado continental explicaba a este periódico cómo fue aprendiendo cosas de todos sus 'jefes'. Decía, por ejemplo, que Herb Brown le enseñó que un buen técnico también puede llevarse a matar con los jugadores. «A los entrenadores hay que aguantarlos y aprender, pero también hay que intentar que no te destruyan», es una de sus frases. Una de las lecciones que aplica ahora con sus discípulos. Esa y la de que el resultado no es importante. «El marcador no me mata», lo resume. «Lo que me obsesiona es que el equipo juegue bien. No si un tiro entra o no», insiste.

Y por eso lo admiran y respetan los que juegan a sus órdenes. «Pablo nunca ha dejado de ser jugador», explicó a ELCORREO Fabién Causeur poco antes de la final. «Nos entiende, se pone en nuestro pellejo y eso hace que todo sea mucho más fácil». Como cuando el sol te roza la piel.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos