Dolorosa derrota del Araberri

Edwards finalizó el encuentro con dobles figuras, con 18 puntos y 12 rebotes. /Hugo Madariaga
Edwards finalizó el encuentro con dobles figuras, con 18 puntos y 12 rebotes. / Hugo Madariaga

Las opciones de 'play off' quedan prácticamente diluidas a falta de tres jornadas para el cierre de la liga regular

OLGA JIMÉNEZ

Mendizorroza no se alió con el Sáenz Horeca Araberri en esa persecución del 'play off' que supondría otra muesca histórica en el club. Hay tanto en juego a estas alturas que, si bien disputar el título de liga es una gran aspiración, conservar la categoría y no pasar apuros es lo que certificó prácticamente otro histórico del baloncesto español como el Cáceres. Con 13 victorias, la escuadra gasteiztarra se queda a dos de la novena plaza que ocupa Carramimbre Valladolid con 15 triunfos. A falta de tres jornadas, el ambicioso objetivo se ha convertido en casi un imposible.

Los extremeños vinieron a Vitoria con las ideas claras, sabiendo parar las virtudes de los alaveses, marcando el tempo y el paso de la mano del joven base Corrales, que llama a la puerta de la élite. Un director de juego de los de antes, inteligente, listo y generoso en la distribución, con 8 asistencias que acabaron en canasta. De la frescura de Corrales a la experiencia de Pérez que con 38 años ofreció otro clínic de baloncesto para fortuna de los suyos.

78 Araberri

Wintering (16), Dee (18), Edwards (18), Uclés (8), Araujo (10) -quinteto inicial-, Newby, Buesa, Pechacek (2), Lorenzo (5) y Cizmic (1).

91 Cáceres

Saunders (11), Grabauskas (14), Corrales (12), Jakstas (6), Rakocevic (19) -quinteto inicial-, Olivier (2), Pérez (14), Keshinro (2) y Parejo (11).

Parciales
18-27, 22-21 (40-48 al descanso), 22-23 y 16-20.
Árbitros
Francisco Morales y Joaquín Lizana.

El Araberri solo supo manejar a su antojo el choque durante los primeros minutos, en su juego de dominio del rebote y rapidez en las transiciones de ataque, aunque impreciso con 20 pérdidas, la primera vía de escape por la que los visitantes asomaron para acomodarse. Más compensado el juego extremeño con presencia desde la línea exterior gracias a un espléndido Rakocevic, máximo anotador con 19 puntos, además del acierto triple con cinco en el primer cuarto y el roto en la pintura por parte de Grabauskas marcaron un parcial 0-13 imparable para amasar las primeras rentas.

Un eléctrico Edwards que se marchó con dobles figuras, 18 puntos y 12 rebotes, dio cierta chispa al juego vitoriano que seguía perdiendo balones. La ausencia de Mitrovic por lesión dejó sin una rotación exterior a los de Pérez Caínzos. El técnico gallego echó mano de los vitorianos Lorenzo y Buesa en el segundo cuarto para intentar elevar la intensidad defensiva. El escolta vitoriano aprovechó sus minutos para anotar 5 puntos y reducir la desventaja a 3 puntos (31-34).

Chispas insuficientes

Pero cada acercamiento local era castigado por los extremeños, con porcentajes por encima del 50 por cierto en los tiros. El capitán Parejo o el omnipresente Rakocevic volvían a encender la chispa para, tras un parcial 0-10, colocar la máxima renta de 13 puntos (33-46). Algunos destellos de Dee o la magia de Wintering permitían que su equipo no se fuera del partido. De nuevo el base americano disputó los 40 minutos y se fue como el jugador más valorado del Araberri con 28, tras 16 puntos y 8 asistencias.

El juego interior de los locales había sido inexistente durante los dos primeros cuartos. Pareció salir con nuevos bríos el cuadro de Pérez Caínzos, con cinco puntos consecutivos de Uclés, y dos triples casi seguidos para empatar el choque (50-50). Pero volvió a emerger la figura de Corrales para hacerse con el control, ayudado por una defensa en zona que provocó varias pérdidas locales y devolvió la renta de 9 puntos al cierre del tercer cuarto (62-71).

El Araberri lo intentó con un Dee bien defendido, pero el intento fue un medio amago. Cáceres acariciaba la victoria, con seis jugadores por encima de los diez puntos, para asegurar casi la permanencia, mientras los locales no pudieron levantar un partido que le pesó demasiado.

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