EL BALONCESTO, UNA RELIGIÓN PARA LOS AGIRRE

Arrate e Iñigo son hermanos. Ella, la mayor, juega en el Lacturale ART Araski y él, en el Sáenz Horeca Araberri

Arrate e Iñigo Agirre se prestan a las bromas en el pabellón de Mendizorroza./Igor Aizpuru
Arrate e Iñigo Agirre se prestan a las bromas en el pabellón de Mendizorroza. / Igor Aizpuru
Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

Arrate Agirre (Vitoria 1993) y su hermano Iñigo (Vitoria 1998) optaron por el baloncesto, que ha marcado sus vidas desde la infancia. Entre los caprichos del destino, ninguno de los dos imaginó que jugarían en los equipos referentes de su ciudad. Curiosamente, ambos se iniciaron en la cantera del Baskonia, pero la vida les llevó a la élite femenina con el Araski y a la segunda categoría del baloncesto masculino con el Araberri.

Joseba y Amaia, sus padres, siempre han tenido el deporte presente en casa. Los Agirre viven con pasión el baloncesto y los avatares del equipo de sus amores, el Athletic, aunque consideran que «no es incompatible con animar al Alavés en Mendizorroza». Con los pies en la tierra, los dos estudian y trabajan, Arrate e Iñigo viven el presente como jóvenes vitorianos privilegiados conscientes de que el profesionalismo es casi una quimera.

–¿Cómo empieza su pasión por el baloncesto?

–Arrate: En mi caso, con nueve años en las categorías inferiores de la Fundación Baskonia. Estuve cuatro. Y empecé jugando mixto. Después me pasé al Abaroa, que fue lo que es ahora el Araski, y hasta ahora. Recuerdo que Iñigo se tenía que tragar todos mis partidos (risas).

–Iñigo: Al principio empecé a jugar al fútbol en el Alavés por culpa de mi tío Valentín. Recuerdo que me llevaba al polideportivo de Betoño los fines de semana, pero después me pasé con ocho años al baloncesto en la ikastola Armentia. Veía tantos y tantos partidos que al final me entró por vena. Después, en infantiles me pasé al Baskonia con dos de mis amigos, Ander y Mikel Basterra, y hasta el año pasado en la categoría nacional. Recuerdo que en los descansos de los partidos de Arrate me llevaba un balón y tiraba solo a canasta. Cuando éramos pequeños, ella ganaba a todo (risas). Bueno, y ahora también. Es una competidora nata.

–A.:Yo creo que como vio que con el fútbol se pasaba mucho frío, optó por el baloncesto (risas).

–Arrate juega de escolta con su 1,80 metros, pero con 1,83 ¿cómo es posible que Íñigo lo haya hecho de pívot?

–I.: Este año, en el Araberri entreno en el puesto de alero, pero con el Baskonia recuerdo en el último campeonato de España que jugamos contra el Gran Canaria, que tenía pívots de 2,10, y yo con mi 1,83 jugaba de poste. Mi entrenador, que fue Asier Alonso, siempre me decía que tenía que empezar a jugar más por fuera, pero luego me mantenía por dentro porque era el más guerrero y el que más se pegaba. De botar lo justo, pero de pegarme y pelear en la zona, yo encantado, aunque mira, por pegarme con tíos más grandes me he lesionado el hombro (risas).

–A.: Es increíble, pero tiene tal capacidad de lucha que es admirable. En el Araski él ha estado de sparring, entrenando con nosotras. Necesitábamos gente, y nos echaba una mano, que nos vino muy bien. Y de ahí también nació un poco su vocación de entrenador con niños y niñas y se le da muy bien, la verdad.

–En casa de los Agirre, ¿el tema central es el baloncesto?

–A.: Hay de todo. Es verdad que hablamos mucho de baloncesto, no solo del Araski o ahora del Araberri sino del Baskonia, del que también somos muy seguidores. Pero hay momentos para hablar de estudios, trabajo u otras cuestiones. Pero es verdad que entre hermanos nos gusta consultarnos situaciones de juego, dudas más técnicas.

Aquella canasta histórica

–¿Ni siquiera fue tema central el famoso triple de Arrate ante el Cáceres hace dos años?

–I.: Uff, recuerdo que estaba muy nervioso en aquel partido. Vi en directo el triple. Recuerdo que había mucho ruido en Mendizorroza y sin duda, fue el punto de inflexión de todo lo que ha venido después, la fase de ascenso, jugar en Liga Femenina. Pero en casa creo que no hablamos mucho de aquello, igual con los tíos más ¿no?

–A.: Yo no creo que fuera esa canasta, fue ganar ese partido lo que nos hizo ir sumando y sumando hasta hoy. Yo le quito importancia y es verdad, en casa no lo hablamos mucho. Somos así los Agirre (risas).

–¿Qué destacarían el uno del otro como jugadores de baloncesto?

–I.: Ella sabe muy bien cuándo está bien y puede sumar para el equipo y cuándo se tiene que echar a un lado. Creo que es muy inteligente en la pista y cuando comete errores, ella misma necesita el cambio para oxigenar la cabeza y ver con más claridad las cosas para intentar ayudar.

–A.: Iñigo se pega con cualquiera y le encanta ese trabajo sucio que a casi nadie le gusta porque apenas se ve. Lo más vistoso es tener balón y meter canastas. Pero su juego es otro. Es el que pone la intensidad en defensa, el que motiva a los compañeros. Si el partido está caliente y de barro como se suele decir, él sabe echarle un par… (risas).

–Estudian y trabajan. ¿Tienen claro que del baloncesto no van a vivir?

–I.: Yo estudio Ingeniería Mecánica. Lo tengo claro. Cuando me propusieron venir al Araberri, tenía claro que no iba a jugar y que ayudaría en los entrenamientos, pero también les dejé claro que yo quería estudiar. Me dieron la opción y todos estamos contentos, porque yo ayudo y hago lo que me gusta. Lo primero es lo académico. Ya te lo he dicho, si hasta el año pasado jugué de poste con 1,83, no aspiro a ganarme la vida con el baloncesto (risas).

–A.: Sí. Yo sigo trabajando de profesora en una ikastola y he empezado a estudiar otra carrera. Hice Administración de Empresas y ahora me he atrevido con Económicas. En mi caso, es verdad que juego en la máxima categoría, pero no era un objetivo. He ido haciendo el camino con el baloncesto femenino de Vitoria. Me ha surgido así, lo hemos ido logrando sin esperarlo. Fíjate, años atrás mi ilusión era jugar en categoría nacional del Abaroa y ya ves…

El baloncesto es parte esencial de sus vidas.
El baloncesto es parte esencial de sus vidas. / Igor Aizpuru

–¿Se nota el día en que el Araski o el Araberri pierden?

–I.: (Mira a Arrate). A veces sí…Si hay mal día, no se puede hablar de la derrota. Somos conscientes de que se aparta el tema.

–A.: (Sonríe). Es verdad, lo reconozco. Influye algo. Ese día igual no se habla del tema, pero pasan los días y ya hablamos con más calma. Reconozco que soy muy competitiva y no me gusta perder a nada.

Sorprendidos

–¿Qué diagnóstico hacen de ambos equipos para esta temporada?

–I.: A mí me ha sorprendido mucho el buen equipo que ha hecho el Araski esta temporada teniendo en cuenta el presupuesto que maneja. Julie Forster me parece una jugadora increíble y es un lujo tenerla aquí. Pero este año todos los equipos se han reforzado. La Liga va a ser más regular y la Copa y los ‘play off’ estarán más difíciles. Ganar fuera de casa valdrá mucho más.

–A.: Creo que el Araberri es un equipo que en los últimos años sorprende. De estar con dudas para salir en LEB Oro a hacer un equipo en tres semanas y hacer un comienzo de Liga espectacular ganando a rivales fuertes. Tiene mucho mérito.

–Hermanos, jugadores de baloncesto en los equipos referentes de vuestra ciudad. ¿Se sienten privilegiados?

–I.: Yo sí porque es una experiencia única. Estoy viendo de cerca cómo vive la gente que vive de esto, compañeros que son verdaderos profesionales. Aunque no viva de esto, lo estoy viendo y formo parte de este vestuario. Y eso es algo nuevo que me enriquece.

–A.: ¡Claro! Teniendo en cuenta todas las chicas que vienen desde abajo y que en el equipo referente solo van a estar doce, formar parte de ellas es un auténtico lujo.

–¿La estrella es Arrate?

–I.: Sin duda. Son muchos años viéndola. Lo que he aprendido de baloncesto es gracias a ella. Fíjate que te diría que he visto más partidos de baloncesto femenino que de masculino. Ella ha sido mi referente.

–A.: No digas eso. No es verdad. No soy estrella o no lo pretendo. Llevo muchos años jugando y ya está. Por mi carácter no me gusta darme importancia y no es falsa modestia. Yo también te he seguido mucho, y he ido a verte a campeonatos de España y he disfrutado mucho.

–¿Y ser profesional del baloncesto? ¿Quién lo tiene más cerca?

–I.: Yo lo veo en mi hermana. Me encantaría, pero lo veo complicado. No sé, por vivir la experiencia me gustaría que jugara en algún equipo de nivel de Europa, como el Perfumerías Avenida. Por pedir, ¿no? Sinceramente espero verla jugar alguna vez en un equipo europeo.

–A.: Esto no me lo habías dicho nunca ¿eh? A veces tengo una sensación rara, porque es como que estoy a medias en todo. No me dedico profesionalmente al baloncesto, en el trabajo me permiten entrenar y viajar. Es ese a medias que al final no te permite estar al 100% en un sitio. Mientras me lo permitan y yo esté bien, adelante. Viví una experiencia en Finlandia hace unos años cuando me marché de Erasmus y jugué allí, pero el nivel era muy bajito. Y respecto a Iñigo, creo que también tendría sus opciones. Es muy joven, físicamente está muy bien y quién sabe si con el tiempo puede ir haciéndose un hueco en el Araberri y en LEB Oro. El tiempo lo dirá.

Más allá del balón

–¿Tienen tiempo para algo más en vuestras vidas?

–I.: Pues no. Un día normal es ya muy intenso. Me levanto, voy a entrenar, como en el coche mientras me desplazo a Mondragón a la universidad. Si hay entrenamiento por la tarde, ya estoy ocupado; si no, entreno a mi equipo de niñas y después a estudiar. Esa es mi vida. No hay tiempo para casi nada.

–A.: Por la mañana trabajo en la ikastola. Por la tarde estudio hasta la hora del entrenamiento y alguna clase más. Y así vuelta a empezar. El jueves, que es día libre en el Araski, es como una pequeña liberación. Me puedo permitir el lujo de disfrutar de un pintxo-pote. Siempre se intenta también hacer vida social porque es necesario.

–¿Y esa afición declarada por el Athletic de dónde viene?

–A.: ¡Uy! (Risas). Recuerdo que antes los partidos del Athletic eran sagrados. Ahora, con estos horarios tan extraños, es más difícil juntar a toda la familia. Pero antes era tradición. También he ido a Mendizorroza a animar al Alavés.

–I.: Nos sentimos orgullosos. Viene del aita, que es de Bilbao. Lo vimos de pequeños en casa y con ello hemos crecido. Pero eso no quiere decir que no seamos también del Alavés. Una cosa no está reñida con otra. Cuando tenía un año, me regalaron una equipación del Alavés y un balón firmado por todos los jugadores de Dortmund. Fue la mejor época del Alavés, pero era muy pequeño.

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