ARMA DE DOBLE FILO

CARLOS MARTÍNEZ

Me congratulo de las buenas relaciones del Alavés con todo un Real Madrid que en última instancia han desembocado en el fichaje de Enzo Zidane, hijo del actual técnico blanco y excepcional exfutbolista. Hay casos de vástagos que no pueden volar por encima de lo que han sido sus mentores, pero también los hay al revés. Las comparaciones pueden resultar odiosas y muchas veces es difícil superar tanto nivel, que se puede volver en contra. Ya tuvimos en Vitoria hace años otro caso tan mediático con Jordi, el hijo de otra gran estrella como Johan Cruyff.

Lo que está claro es la enorme repercusión de poner más si cabe al Alavés en el panorama futbolístico. Pero luego está la presión para un chaval de 22 años de corresponder a tanta exigencia. Salvando las distancias, conozco pocos casos donde el relevo haya superado a su predecesor, como por ejemplo Xabi con su padre Perico Alonso. De todas formas, a corto plazo lo que nos interesa egoístamente es que Enzo responda en el campo a sus tres años de contrato. Y también al Real Madrid, que se guarda una opción de recompra y que de forma condescendiente no ha efectuado con el gran y actual portero albiazul Pacheco.

Con la pasada cesión de Marcos Llorente, la fórmula fue distinta y ahora la perla blanca tendrá la oportunidad de brillar en la pretemporada del campeón de Liga y de 'Champions'. Porque tampoco hay que olvidar que todos los días no son fiesta, aunque la primera piedra ya está puesta. El pivote e internacional sub-21 aprovechó su oportunidad al máximo y ahora le toca a su congénere como mediapunta. Pero tampoco hay que obviar que procede del filial Castilla, de Segunda B, e incapaz de meterse en el reciente 'play off' de ascenso a Segunda.

Su nuevo técnico en el Alavés, Luis Zubeldía, tendrá la última palabra y para bien o para mal no se llama en este caso Sergio Llamas, vitoriano de la misma demarcación. De todas formas, me considero un firme defensor de la apuesta por los jóvenes valores y así es como han empezado todos, llámense Butragueño, Raúl o el bilbaíno Guerrero, entre tantos otros.

De hecho, yo mismo puedo ser el único caso en la historia del Alavés que directamente pasó fichado del conjunto juvenil al grande con solo dieciocho añitos. Además, las posiciones más avanzadas que coquetean con el gol son las más valoradas y difíciles para jugar. Todavía no me explico cómo pude actuar de titular en la Real Sociedad acompañando en labores de ataque a los tres primeros extranjeros -los británicos Aldridge, Atkinson y Richardson-, siendo el resto de compañeros de la cantera.

Por cierto y ya sé el negocio que es el fútbol actual, pero no me parece justo que las federaciones regionales consientan a los clubes fichar a los chavales de quince años por tres campañas con posibilidad de dos más de retención. Al final, más que su formación como personas y jugadores se les trata como mercancías y son un número más de las estadísticas, con muchos cadáveres por el camino. La culpa también la tenemos los padres, que pensamos que disponemos de futuras figuras y entramos en ese juego tan interesado donde pueden llegar los más fuertes, que no quiere decir que sean los mejores.

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