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Una valla desniveló al ejemplo de superación

Gail Devers, en una prueba. / Reuters

Gail Devers ganó el oro en los 100 tras estar fuera de la competición dos años por una enfermedad que casi le hizo perder los dos pies

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Gail Devers vivió en Barcelona'92 una sensación extraña. Por un lado, de felicidad absoluta en los 100 metros lisos, ya que había superado una dramática enfermedad que casi le deja en una silla de ruedas, pero por otro de infortunio en el 110 vallas. Durante muchos meses Devers, recordada por sus uñas largas al estilo Florence Griffith-Joyner (aún propietaria de los récords de 100 y 200 lisos), pensó que tendría que dejar el atletismo cuando en 1998 (con 22 años y una carrera profesional recién iniciada) empezó a sufrir terribles migrañas que le provocaban pérdida de visión, alopecia y temblores que le impedían competir con normalidad al sur de California. Se le diagnosticó Graves-Basedow, una tiroiditis autoinmune. El tratamiento al que se sometió -que incluía radiología- le provocó incapacidad para andar. Los médicos se plantearon amputarle los pies en febrero de 1991, pero logró recuperarse. De hecho, volvió a su mejor forma hasta conseguir la plata en 100 vallas en Tokio, en el Mundial de 1991.

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En la final de los 100 metros de Barcelona'92 las cinco primeras atletas acabaron en apenas seis décimas. La 'foto finish'confirmó a Devers como oro. Dos días después era la gran favorita para ganar también el oro en los 100 vallas, pero derribó el último obstáculo. Apoyó mal el pie, por lo que entró a trompicones rodando por el tartán. Quinta y lesionada, no pudo participar en los 4x100, en los que Estados Unidos fue oro. En 1996, la niña que tuvo que cambiar la posición de sus manos en la salida por sus uñas largas (algo que sucedió por una apuesta con su padre, harto de que se las mordiese) volvió a conseguir, gracias a la 'foto finish', el oro en los 100 lisos . Y, aunque fue cuarta en vallas, esta vez sí sumó el metal dorado en 4×100. El último, ya que en Sídney y Atenas lo intentó sin éxito. Finalmente, tras un amago en 2005, se retiró en 2007 para dedicarse a su fundación para niños desfavorecidos y dar charlas motivacionales. Su historia vital generó un telefilm.

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