http://static.elcorreo.com/www/menu/img/25-aniversario-juegos-olimpicos-barcelona-1992-desktop.jpg

Siempre nos quedará la vela

Theresa Zabell y Patricia Guerra celebran la conquista de la medalla de oro en la clase 470. /Efe
Theresa Zabell y Patricia Guerra celebran la conquista de la medalla de oro en la clase 470. / Efe

Cuatro medallas de oro, una de plata y dos diplomas en Barcelona para el deporte más laureado en la historia de los Juegos

JESÚS MARTÍNEZ TEJASantander

La vela es la apuesta segura, el deporte en el que los españoles nunca fallan, la especialidad que evitaba el ridículo, en la medida de lo posible, de la participación nacional en los Juegos Olímpicos. Las medallas de oro del santanderino Alejandro Abascal y el catalán Miguel Noguer en Moscú'80, de los canarios Luis Doreste y Roberto Molina en Los Ángeles'84, del también canario José Luis Doreste en Seúl'88, la plata del santanderino Antonio Gorostegui y el catalán Pedro Luis Millet en Montreal'76 y el bronce del pionero Santiago Amat en Los Ángeles'32 eran el antecedente de Barcelona, a cuyos Juegos se presentaba España con un equipo completo y potente, una planificación cuidada y una inversión de 800 millones de pesetas, de las de entonces, para asegurar el éxito.

Más información

La vela, como siempre, fue protagonista absoluta en metales y en presencia. Un regatista, el príncipe Felipe de Borbón, desfiló como abanderado español en la emotiva ceremonia inaugural, Luis Doreste pronunció el juramento olímpico y en las aguas de Barcelona (por primera vez la competición se disputaba en la misma ciudad que el resto de los deportes) la vela logró cuatro medallas de oro -José María van der Ploeg (Finn), Luis Doreste y Domingo Manrique (Flying duchtmann), Francisco Sánchez Luna y Jordi Calafat (470 masculino) y Theresa Zabell y Patricia Guerra (470 femenino-, una de plata -Natalia Vía Dufresne (Europa femenino)- y diplomas olímpicos para Asier Fernández (Mistral) y la tripulación del Soling compuesta por Fernando León, Felipe de Borbón y Alfredo Vázquez.

En Barcelona rompió el fuego José María van der Ploeg, un catalán, hijo y nieto de holandeses, cuya superioridad en Finn le evitó competir en la última regata. El hombre que nunca soñó con ser olímpico continúa en la mar -este año fue campeón nacional en J80-, es CEO de Vaploeg Consulting y forma parte del Comité de Preparación Olímpica para mejorar el sistema de selección del equipo español de cara a Tokio 2020.

El canario Luis Doreste se convirtió en el primer español en ganar dos oros en vela. Tras lograr el primer puesto en Los Ángeles'84, en 470, alcanzó un ajustado triunfo en Flying duchtmann junto a otro canario, Domingo Manrique. Doreste, abanderado en Atlanta'96, de familia de grandes regatistas, es profesor de Informática en la Universidad de Las Palmas y sigue compitiendo en vela crucero, mientras Manrique también continúa ligado a este deporte.

El alicantino Francisco 'Kiko' Sánchez Luna y el mallorquín Jordi Calafat alcanzaron un claro triunfo en 470 masculino. Sánchez Luna participó en tres Juegos consecutivos y sigue en activo en vela crucero, mientras Calafat se dedica al diseño de velas y también regatea. Kiko, además, fue concejal del Ayuntamiento de Alicante por el PP, y en 2015 fue condenado a dos años y nueve meses de cárcel por cohecho, prevaricación y falsedad en la adjudicación de telecentros en la ciudad, además de ser inhabilitado durante seis años para ejercer cargo público.

La reina de la vela, Theresa Zabell, malagueña nacida en Reino Unido, ganó en 470 femenino con la canaria Patricia Guerra de tripulante. Zabell repitió el éxito en Atlanta, por lo que fue la primera deportista española en conseguir oro en dos Juegos consecutivos. Elegida la mejor regatista nacional del siglo XX, fue eurodiputada en las listas del Partido Popular y Alejandro Blanco la llevó a la vicepresidencia del COE. Hoy es la presidenta ejecutiva de la Fundación Ecomar, una entidad sin ánimo de lucro que tiene como objetivo concienciar a los niños en la conservación del planeta a través de programas de convivencia y la práctica de los deportes náuticos. Por su parte, Patricia Guerra presidió un club de vela en su tierra natal.

Natalia Vía Dufresne, una catalana de 19 años que alcanzó la medalla de plata en la clase Europa, lo vivió todo como un sueño. «No fui consciente, quizá por mi juventud, de lo que me estaba pasando», declararía años más tarde. «¿Cómo era posible que hubiera tanta gente aplaudiéndome? Parecía irreal». No lo era. Aunque nunca se volvió a alcanzar el altísimo nivel de Barcelona, este deporte continúa a la cabeza del medallero histórico español. Ya se sabe. Aunque fallen las demás especialidades, siempre nos quedará la vela.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos