zorionak, 'Handia'

Eneko Sagardoy se abraza a los directores, Jon Garaño y Aitor Arregi, tras recibir el Goya al mejor actor revelación. /AFP
Eneko Sagardoy se abraza a los directores, Jon Garaño y Aitor Arregi, tras recibir el Goya al mejor actor revelación. / AFP
BINGEN ZUPIRIA

El enorme éxito cosechado por ‘Handia’ ha sido vivido por buena parte de Euskadi como propio. Basta observar los mensajes en las redes sociales o escuchar las conversaciones para darse cuenta de hasta qué punto miles de ciudadanos vascos se sintieron partícipes de este pequeño milagro y se emocionaron por este hito para la cultura vasca. Como ciudadano, me alineo plenamente con quienes se sienten satisfechos porque un trabajo bien hecho por profesionales de nuestro país haya recibido el reconocimiento de sus compañeros de profesión. Siento además, como euskaldun, un orgullo especial al constatar que el largometraje vasco más aclamado en unos Goya es una película rodada en euskera.

La del sábado fue una noche de emociones en miles de hogares vascos, y no lo fue menos para quienes vivimos la gala desde dentro. En la enorme sala, tres concurridos grupos, estratégicamente ubicados, se hacían oír y destacaban entre la multitud, uno por cada una de las tres producciones que aspiraban a lograr el mayor número de estatuillas. La noche prometía un combate a tres. El grupo de ‘Handia’ hablaba euskera; los de ‘Estiu 1993’, en catalán; y los de ‘La librería’, en inglés.

Eneko Sagardoy nos dio la primera alegría. Fue emocionante ver a los hombres y mujeres de ‘Handia’ derramar sus primeras lágrimas. Su madre, orgullosa, no podía contener la emoción. Los minutos siguientes fueron también de jolgorio. Los Goya al mejor vestuario, montaje y dirección de producción hicieron saltar de sus asientos a Saioa Lara, Laurent Duffau y Ander Sistiaga. Tuve suerte. Pasé la noche junto a ellos. La Academia nos asignó un asiento justo detrás del equipo de ‘Handia’, en la misma fila de Pedro Sánchez, Albert Rivera y Alberto Garzón, acompañados de sus parejas.

Después del cuarto Goya de ‘Handia’ miré al ministro de Cultura, y me hizo un gesto cariñoso, como diciendo, «bueno, ya tenéis cuatro; ya vale». Pero aquello no había hecho más que empezar. Luego vinieron los premios a la dirección artística, por los magníficos escenarios recreados para la película; a la fotografía, por la belleza y credibilidad de los escenarios en los que discurre el periplo de nuestro gigante; a la excelente labor de maquillaje y peluquería; a los efectos especiales que han conseguido encarnar y humanizar a aquel hombre grande de Altzo del que nuestros mayores nos hablaban en nuestra niñez; y a la sensibilidad creativa de Pascal Gaigne, autor de la preciosa música de ‘Handia’.

El momento más emocionante fue cuando llamaron a recibir el premio al mejor guion original a los auténticos creadores y autores del guion y la dirección del film, Garaño, Arregi y Goenaga. Fue el éxtasis, y nos hizo pensar que una película capaz de hacerse con tantos premios de diverso cariz era la candidata mejor situada para lograr el galardón a la mejor dirección o a la mejor película. Pero no fue así.

De repente, la opinión de la Academia viró de Euskadi a Cataluña, y los premios siguientes fueron para ‘Estiu 1993’. Los ‘gordos’ quedaban reservados para la última obra de Isabel Coixet. De hecho, según cómo y dónde se mire, parece que no ha habido más ganadora que ‘La librería’. Son las cosas del cine español, donde todavía parece difícil de asumir que una película rodada en catalán o euskera pueda primar en los Goya. En cualquier caso, las diez estatuillas suponen un reconocimiento destacado al enorme talento que desde todos los puntos de vista encierra esta entrañable película que recrea la triste y sensible historia de Altzoko Handia.

La fiesta posterior, en la que coincidieron los equipos y seguidores de ‘Handia’ y ‘La librería’, fue el escenario donde continuaron las expresiones de júbilo, alegría y emoción. Los galardonados de ‘Handia’, entre los que hay profesionales vascos de nuestra Comunidad Autónoma, de Navarra y de Iparralde, dejaron una excelente impresión. Saludaron y hablaron en euskera, sin excesos, con naturalidad, se acordaron de los y las compañeras que no habían sido nominadas, y tuvieron palabras de cariño para los finalistas competidores que no habían logrado alzar algún Goya.

La gala de la Academia del Cine ha permitido poner en el escaparate estatal el cine que hoy se hace en Euskadi, así como el magnífico nivel de los y las profesionales que lo protagonizan y sus posibilidades de futuro. Espero que, además, sirva para que quienes no han visto aún ‘Handia’ en Euskadi se animen a hacerlo. Ojalá que las estatuillas conseguidas den además un empujón en las salas españolas a la película vasca más destacada de nuestra pequeña historia. 2017 ha sido un gran año. Confío en que los proyectos que se anuncian para 2018 no se queden atrás, aunque no será sencillo que otra película vasca supere la histórica marca que ‘Handia’ ha logrado en los Goya.

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