El último bohemio de la pintura

El último bohemio de la pintura

Una exposición en Madrid recupera la figura del pintor catalán Xavier Blanch, contemporáneo de Dalí y Picasso

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Xavier Blanch fue uno de los grandes pintores españoles del siglo XX y también fue el último bohemio, en una época en la que el mercantilismo ya comenzaba a acechar el mundo del arte. «No veía el rendimiento económico que podía sacar de sus cuadros y solo quería vivir su vida con tranquilidad», explica Jesús García, comisario de la exposición que la Escuela Julián Besteiro de Madrid dedica a este pintor barcelonés, nacido en 1918, que se repartió entre su ciudad natal y la capital de España, donde murió en 1999.

Miembro de una familia burguesa, Blanch tuvo desde niño inquietudes artísticas, truncadas por la guerra civil, en la que luchó, en el bando republicano, con 18 años. Acabada la contienda, volvió a Barcelona, donde se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de San Jordi y en los años 40 y 50 montó sus primeras exposiciones individuales, en las que destacaba el retrato, el bodegón y los paisajes, de la Cataluña interior, de la Costa Brava y también de los páramos extremeños. 'Manzanas', 'Modelo sobre el sofá', 'Cadaqués', 'Puente de Segovia', 'El chaleco rojo', 'Frutas en la mesa' o 'Sant Jordi' son algunas de sus obras.

Ya en 1961 viajó a París y posteriormente a Roma, donde se estableció durante una década y donde quedó influenciado por los colores vivos, en especial, el azul, algo que permanecerá en su obra para siempre. «Lo más destacado de Blanch es la personalidad de sus cuadros. Cuando uno está ante ellos, sabe que son de Blanch, son inconfundibles», explica García. De vuelta en España, se trasladó a Madrid, y expuso regularmente en la Galería del Cisne, además de en la Sala Parés de Barcelona.

Blanch se acerca a la realidad desde una voluntad intuitiva y su obra es de gran intensidad expresiva y de emotivo lirismo. Bien relacionado en el mundo del arte, fue amigo de Dalí y de Josep Pla, y a través del torero Luis Miguel Dominguín, conoció a Picasso después de una corrida en Arlés.

La exposición de la Escuela Julián Besteiro de Madrid (calle Azcona 53), que estará abierta hasta el 1 de marzo, reúne 32 obras en acuarelas y pastel. El Museo Nacional de Arte de Cataluña, la Colección IVLIA, la Generalitat de Cataluña, el Museo de Arte de Girona, el Ayuntamiento de Barcelona, la Fundación Banco Sabadell o la Fundación Unipapel también muestran sus obras.

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