El susto de Paz Padilla en una ceremonia de vudú

El susto de Paz Padilla en una ceremonia de vudú
Cuatro

La cómica fue la primera invitada de la nueva temporada de 'Planeta Calleja' y conoció con detalle Benín, un país africano con ritos ancestrales

Joseba Fiestras
JOSEBA FIESTRAS

Con la misión de recorrer de sur a norte Benín, un país de África Occidental ubicado en la costa del Atlántico, entre Togo y Nigeria, regresó 'Planeta Calleja' (Cuatro) y lo hizo con Paz Padilla como invitada especial. También conocido la cuna del rito vudú, el lugar cautivó a la presentadora, que vivió momentos muy emotivos demostrando una empatía encomiable, a la par que un sentido del humor fuera de lo común. «Se adapta a todo», exclamaba asombrado Jesús Calleja viendo a la cómica bailando el 'Dale a tu cuerpo alegría Macarena' para los nativos o integrándose en una tribu ancestral como si perteneciese a ella de toda la vida.

El periplo comenzó en Ganvie, «un pueblo donde todo flota», definió el cicerone refiriéndose a que está ubicado dentro del lago Nokoué y rodeado de agua. Allí, la conductora de 'Sálvame' no pudo evitar enternecerse al contemplar la belleza del lugar y la alegría que transmitían sus gentes, a pesar de vivir con lo justo. Agradecida, Padilla no dejaba de dar besos al aventurero leonés. Una visita al hospital del acuático poblado y un encuentro con sus habitantes acabó con la humorista enseñándoles la coreografía del 'Macarena' de Los del Río. «Les has dejado desconcertados, como a mi», comentaba Calleja sorprendido. La artista andaluza aprovechó para pedir a un árbol centenario un deseo muy claro, quedarse embarazada, tras comentar que le habría gustado tener más hijos.

La siguiente escala fue en Ouidah, centro neurálgico de la esclavitud. La localidad fue testigo de la exportación de más de un millón de esclavos y la pareja se acercó a conocer una plaza donde subastaron a muchos de ellos. «No me gustan las injusticias, no puedo soportarlas», confesaba la actriz de 'La que se avecina', que aprovechaba para desvelar que el miedo, «también lo suplo con el humor». Uno de los momentos más surrealistas del viaje se vivió cuando el rey de Savalou, una villa construida al pie de una cadena montañosa, les invitó a una recepción para la cual debían vestirse con telas africanas. El monarca no dijo ni Pamplona, todo lo expresaba una especie de traductor, «que se debe de entender con él a través de las ondas cerebrales», bromeaba la monologuista ante el silencioso dirigente.

El vudú es más que una religión en aquella zona y el presentador quiso que su convidada conociera de primera mano sus ritos. Primero asistieron a una ceremonia en la que una mujer pedía por sus hijos. «La gente tiene miedo a lo que no puede comprender o solucionar, todo son miedos», trataba de argumentar Paz ante la delirante liturgia. Pero aquello no había hecho más que empezar. El dúo asistió después a un encuentro callejero en el que la música llegaba a poner en trance a las personas y unos chamanes lograban que debajo de unos cestos gigantes, que parecían vacíos, aparecieran elementos extraños. «En teoría no hay nadie debajo, pero de repente se levanta y se mueve. Estamos fascinados con lo que estamos viendo», ilustraba el trotamundos ante una Padilla algo temerosa. «Estaba cagada», reveló cuando se alejaron, «sinceramente, creía que era una especie de religión folclórica como nosotros tenemos los carnavales». Pero la visión le asustó y no dudó en sacar varios amuletos de distintos países del mundo que había llevado «por si acaso». El viaje finalizó con una visita a Boukombe, un remoto poblado al que tenían que acceder después de cinco horas de caminata andando a través de la selva.

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