Un supuesto psicópata y una rebelde sin causa

James (Alex Lawther) y Alyssa (Jessica Barden), protagonistas de 'The End of the F***ing World'. /Netflix
James (Alex Lawther) y Alyssa (Jessica Barden), protagonistas de 'The End of the F***ing World'. / Netflix

Netflix estrena 'The End of the F***ing World', una serie distinta que sigue a dos jóvenes en una retorcida historia que hiere y seduce a partes iguales

Joseba Fiestras
JOSEBA FIESTRAS

No es una serie para adolescentes, pese a ser una serie de adolescentes. 'The End of the F***ing World', la nueva ficción de Netflix, se ve de un tirón. Son ocho capítulos de 20 minutos que enganchan desde el primer momento sin estridencias ni pretensiones banales. El proyecto se basa en el cómic del mismo nombre de Charles S. Forsman y narra la historia de dos jóvenes asociales que se encuentran el uno en el otro. James está convencido de que es un psicópata y quiere dejar de matar animales para empezar con las personas. Alyssa está perdida y encuentra en el descaro y el sexo el camino para madurar. Ambos son dos niños a los que la etapa adulta les ha caído como una losa antes de tiempo. Su entorno pesa más que sus propias vidas. Últimamente se llevan las series ubicadas en familias desestructuradas ('Shameless', 'Transparent', 'Animal kingdom'…), la diferencia está en que estos chavales escapan del disfuncional nido.

¡Ojo! No es una comedia al uso, es una historia muy retorcida, excesiva en ocasiones, sobre el proceso de madurar. Es una montaña rusa de sensaciones que lo mismo hiere susceptibilidades que enamora por su romanticismo. Es punk en ocasiones, tierna en otras, desprende aires vintage (sobre todo con las canciones de su maravillosa banda sonora), golpea cuando menos te lo esperas… y todo en menos de media hora. Su joven protagonista femenina no quiere ser del montón, y la serie sigue este paradigma a rajatabla. Es romántica y oscura al mismo tiempo, sin temor a ofrecer momentos macabros a los que quizá aún no estamos acostumbrados. Y, con todo, el espectador empatiza con los adolescentes desde el primer minuto, quizá gracias a esa original narrativa que permite al televidente escuchar los pensamientos de cada uno de ellos. Dicen una cosa y por su cabeza pasa otra. Y ese contraste enamora.

Alex Lawther y Jessica Barden encarnan a la pareja del momento y lo hacen con una brillantez alucinante. No son fáciles sus roles y ellos los bordan arrimándose al abismo sin caerse. Y luego está el dúo de policías que les persiguen, Eunice y Teri. Dos mujeres, otro canon roto, que también tienen su historia y encaja a la perfección en la trama. Y es que aquí se rompen todas las reglas. Es como entrar en una perfumería que huele mal y, sin saber muy bien por qué, ese aroma te gusta. Hay imágenes que molestan, diálogos que asustan y comportamientos que escandalizan, y sin embargo no deja de ser una estupenda comedia romántica muy hermosa cinematográficamente hablando. Porque las escenas están cuidadas al detalle, la fotografía se encarga de iluminar los momentos más oscuros y la dirección es sobresaliente. Al final, todos somos raritos, y los frikis también se enamoran… aunque no sepan muy bien cómo llevar la tarea. ¡Hay tantas misiones en la vida que nos pillan desprevenidos!

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