The Prodigy incendia el BIME

The Prodigy y Franz Ferdinand, dos cabezas de cartel infalibles./Borja Agudo
The Prodigy y Franz Ferdinand, dos cabezas de cartel infalibles. / Borja Agudo

El electro punk del trío británico cumple las expectativas en su regreso a Bilbao junto a Franz Ferdinand

JOSU OLARTE

Sensación de 'déjà vu' hubo entre el público melómano local este sábado en la segunda jornada del BIME Live, cuyos cabezas de cartel, The Prodigy y Franz Ferdinand, ya ejercieron como tales hace tres años en el BBK Live. Por no hablar del post punk hooliganesco y cáustico de los bristolianos Idles, que el verano también estuvieron (un poco de incógnito) en Kobetamendi, o los zarauztarras con proyección global Delorean, que ya expusieron el año pasado en el Arriaga su fallida asimilación sintética de Mikel Laboa. Pese a todo, el tirón popular de la radical colisión rítmica de The Prodigy es tan incuestionable como el recuerdo lúdico que por aquí han dejado los escoceses Franz Ferdinand entre la muchachada indie. Lo que explica que la audiencia aumentara (aceptando las cifras oficiales) hasta los 15.000 almas para una asistencia total de 23.700, cubriendo las previsiones del que pasa por ser uno de los mayores festivales 'indoor' de Europa.

Una agradable sorpresa fueron los «Travelling Wilburys de pacotilla» que, según ellos mismos, son BNQT (dígase banquet), el supergrupo de orfebrería indie formado por los cantantes y guitarristas Fran Healy de Travis, Jason Lytle de Grandaddy, Ben Bridwell (Band of Horses) y su fundador Eric Pulido, de los tejanos Midlake que ejercieron de 'backing band'. Pese a los recelos previos, el resultado estuvo por encima de la suma de sus nombres: bien conjuntados, ofrecieron todo un banquete de músicas con tan poco predicamento indie como el rock de FM setentera o el folk via Crosby, Stills & Nash, a los que recordaron en 'Real Love', o el pop de los Beatles, cuyo 'Revolution' hicieron como despedida. El líder de Franz Ferdinand, Alex Kapranos, forma parte de la alianza, pero, como tenía que actuar después con su banda, se disculpó cantando 'Hey Banana', de su debut 'Volume 1', que presentaron secuenciado con versiones de sus bandas nodriza como 'Sing' o 'Why does always rain on me' (Travis), 'AM 80' (Grandaddy) o 'Roscoe' (Midlake). Cimas originales de su set fueron el fuzz rockero de 'Restart', la stoniana 'LA On my Mind' o un '100 Million Miles' que plasmó ese primoroso folk pop arreglado que bordan Midlake y Teenage Fanclub.

Tampoco acabó de funcionar el otro sincretismo que se escenificaba al mismo tiempo en el escenario Antzerkia, el de Exquirla, o la unión del grupo de post rock Toundra con el pujante cantaor El Niño de Elche. Sobran las comparaciones con 'Omega'. «Un poco bizarro pero interesante», concedió un espectador mexicano.

Franz Ferdinand llegan en proceso de reconversión, con nuevo guitarra y teclista y un 'Always ascending' que se augura una refundación sonora, mezcla de futurismo de luces de neón y naturalidad orgánica. Tuvieron el arrojo de centrar casi íntegramente su set en un disco que nadie ha oído y hay que decir que, con mayor protagonismo para los teclados, su mezcla de devaneos 'madchesterianos', disco pop, punk funk iniciático y guiños con voz de barítono a lo Echo & The Bunnymen les funcionó. Pusieron al personal a dar botes tirando de un hit 'Do you want to' y, oficiando dinámicos y intensos, lograron mantener el listón con estrenos como 'Paper Cage', 'Louise Lane', 'Glimpse of Love' o 'Feel the Love Go'. Pero todo grupo global tiene canciones que no puede evitar. Y el hitazo de FF es 'Take me out', que, dedicado a BNQT, desató la locura entre las primeras filas. Entre rescates puntuales ('Walk Away') enfilaron la recta final con 'Always ascending', que conectó la lisergia festera de Primal Scream con el punk funk de su iniciática 'This Fire', broche a un grupo cuyo directo, incluso con temas inéditos, nunca defrauda.

Sonido aplastante

Su despedida con llamada a «quemar la ciudad» parecieron escucharla The Prodigy, que reprodujeron su sesión de hace tres años, con luces cegadoras, un sonido aplastante y ecos rebotantes en el BEC. El triturado de drum'n'bass junglista, hip hop y hadcore tecno de Liam Howlett sepultaba las voces del demente Keith Flint y Maxi Reality, que copaban el escenario con un batería y un nuevo guitarrista enfatizando el rockismo heavy que les ha hecho millonarios. 'Breathe', de su millonario 'Fat Of The Land', desató un pogo cercano al escenario que se mantuvo durante todo su set, que abundó en sus dos últimos discos, 'The day is my enemy' ('Nasty', 'Wild Frontier', 'Get on your fight on'), e 'Invaders must die' ('Omen', 'Run With the Wolves') pero se tornó aún mas flamígero y narcótico con el riff nirvaniano del 'Voodoo People' que remezclaran Chemical Brothers y los celebrados estallidos de sus polémicos sencillos clásicos 'Firestarter' y 'Smack My Bitch Up'. Cerrando el círculo noventero, reciclaron con un encaste mas hardcore techno una dupla de su revalida 'Music for the Jilted Generation', 'No Good (Start the Dance)' y 'Their Law', su respuesta a la ilegalización de las raves británicas de las que surgieron para acabar trasladando su euforia al rock de estadio y la arena del pop festivalero. Un universo masivo y trasversal en el que, más de un cuarto de siglo después, quieren perpetuarse con un nuevo disco del que siguen sin adelantar nada.

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