'Juego de Tronos' 7x06: el terror de la guerra fría

El Rey de la Noche en una imagen de la quinta temporada, en Casa Austera./HBO
El Rey de la Noche en una imagen de la quinta temporada, en Casa Austera. / HBO

Un trágico giro de guion hace de los Caminantes Blancos una horda aún más aterradora desde el sexto capítulo, el más largo y frío de su historia

Eider Burgos
EIDER BURGOS

'Juego de Tronos' encara la recta final de su séptima y penúltima temporada y parece dispuesta a dejar a los fans un año mordiéndose las uñas. El sexto capítulo de la serie de HBO ha sido el más frío de todos, rodado en Islandia durante los meses de pleno invierno, lo que retrasó su vuelta a la televisión hasta el verano. La «noche es oscura y está llena de horrores», pero también el norte y aún más el otro lado del Muro, el único escudo entre Poniente y la Larga Noche.

El penúltimo episodio de la séptima temporada, el más largo hasta la fecha, no solo mantuvo el ritmo de entregas previas sino que ejecutó un importantísimo giro de guion que redobla el peligro al que habrán de enfrentarse los Siete Reinos si quieren seguir viendo el sol. Y deberán hacerlo juntos, o no quedarán vasallos sobre los que gobernar.

A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS

«Ahora lo sé». Daenerys necesitaba ver a los Caminantes Blancos para creer en ellos, y el precio del directo ha sido un hijo. La muerte de Viserion ha sido una de las más dolorosas de la serie; uno de los tres últimos de su especie y los únicos vástagos que jamás tendrá la Targaryen, maldita con la infertilidad desde la muerte de Khal Drogo. Duele aún más ver cómo precisamente el más compasivo de las tres bestias (así lo define George R.R. Martin) acaba bajo el control del terrorífico Rey de la Noche, el líder del ejército de No Muertos que pretende congelar el continente. Él lo mató -en una espectacular escena en la que la pérdida fue larga y dolorosa- y él lo resucitó, por lo que ahora responderá a sus deseos, sea o no Targaryen.

Juego de Tronos Euskadi

Parece que queda así resuelto uno de los grandes enigmas de la saga: los tres jinetes que cabalgarán las tres cabezas de dragón. Una es claramente Daenerys a lomos de Drogon, su vástago favorito. Confirmado ya el parentesco de Jon Nieve con los Targaryen, se da por hecho que el Rey en el Norte será el segundo y que montará a Rhaegal, bautizado en honor al hermano mayor de Dany y padre del bastardo, (aunque ellos aún no lo saben). El tercero en discordia, que por momentos se consideró sería Tyrion, ha resultado ser el gélido jefe de los Otros.

Viserion, a la derecha, en Yunkai junto a la Madre de Dragones y sus hermanos Rhaegal y Drogon.
Viserion, a la derecha, en Yunkai junto a la Madre de Dragones y sus hermanos Rhaegal y Drogon. / HBO

Y si un batallón de decrépitos cadáveres ya era peligroso, qué no se será ahora que ahora cuenta con la ayuda de un dragón de hielo. De él hablan las leyendas del Norte, una bestia que escupe frío en lugar de fuego, capaz de derribar el Muro de la Guardia de la Noche. En anteriores capítulos, Drogon pulverizó el ejército Lannister en apenas unos minutos ante la atónita mirada de Jamie. El Viserion resucitado solo sería vulnerable al vidriagón, puede que también a las llamas. ¿Asistiremos en los próximos episodios a una épica batalla de dragones opuestos? Lo que sí es seguro es que Cersei Lannister tiene el escorpión perfecto para catapultar las lanzas de material valyrio que podrían acabar con la bestia zombie. Pero para eso la leona deberá abandonar sus impulsos asesinos y colaborar con sus enemigos.

Hacia ella, hacia Desembarco del Rey, navegan ahora Daenerys y Jon, que tienen contentos a los fans con escenas cada vez más íntimas. La Targaryen ha accedido a luchar con el bastardo contra los Caminantes Blancos; el mitad Stark, por su parte, ha decidido arrollidarse ante la aspirante a reina. Y el compromiso ya les ha llevado a hacerse carantoñas. Aunque se hace difícil vislumbrar la pasión entre estos dos personajes de rictus pétreo (la Madre de Dragones apenas reaccionó ante la muerte de uno de sus hijos), el futuro romance es más que evidente; el famoso 'Jonerys' es solo cuestión de tiempo.

Acaba con uno y acabas con todos

El sexto capítulo no solo ha servido para reforzar al ejército de los Otros, sino también para desvelar un interesante punto débil: si matas a un jefe Caminante, matas a todos sus subordinados. Y si acabas con el Rey de la Noche, acabas con todos, siendo él el germen del batallón. Jon y él son viejos conocidos, desde que el bastardo asistiese a la demostración de poder del espectro en Casa Austera (quinta temporada), que con un leve gesto de manos puso en pie a los salvajes fallecidos en el campo de batalla.

En aquella ocasión, el monarca muerto y Jon intercambiaron una significativa mirada. El destino les ha vuelto a poner frente a frente y, según el resucitado en seis ocasiones Beric Dondarrion, es harto probable que vuelva a suceder. Nieve y Dondarrion, retornados a la vida supuestamente por el Señor de la Luz por motivos que nadie conoce y con un propósito incierto. Puede que ellos, bendecidos por el poder del fuego de R'hllor, sean los encargados de combatir a los siervos del Gran Otro, el dios de la oscuridad, el frío y la muerte; su encarnación en un ancestral caballero de ojos y piel de hielo.

Cosa curiosa que en aquella batalla de Casa Austera los vivos lograsen huir por poco en unas barcas, solo el agua les separaba de los muertos, que no se adentraron en el mar. Del mismo modo, en el episodio de esta madrugada, un lago hizo de barrera entre los buenos y los malos, concediendo el suficiente tiempo para que Daenerys llegase al rescate custodiada por sus dragones. Los Otros no saben nadar... a excepción de alguno, el que debió aventurse bajo el lago congelado para colocar unas cadenas en el cadáver de Viserion y reflotarlo. Un pequeño agujero de guion que se suma al de los rapidísimos viajes de los personajes de un lado a otro de Poniente (¡qué rápido volvió Gendry a Guardiaoriente!) o la velocidad con la que ahora vuela la mensajería vía cuervo.

«Elijo la ira»

Y mientras Más Allá del Muro cierta pareja acerca posturas, en Invernalia la convivencia es cada vez más tensa, con Sansa y Arya mirándose con recelo y con sus diferencias más expuestas que nunca. Si creíamos que Petyr Baelish daba miedo es porque aún no habíamos asistido a la extrema frialdad de la pequeña de los Stark incluso con su hermana mayor, quien parece temer que su nombre acabe incluido en la lista negra de la experta asesina. Arya ha descubierto que Sansa colaboró en la decapitación de su padre; que lo hiciese bajo la coacción de Cersei, temiendo por su vida y con la ingenuidad de una niña no le parece excusa. Al fin y al cabo, ella también lo era, y «entre el miedo y la ira», eligió la ira.

Arya, sin embargo, no es tonta, y cuenta con la frialdad que le concedió el entrenamiento de los Hombres sin Rostro. Aún hay esperanza para que abra los ojos -esos que ya fueron ciegos una vez- y vea que ha picado el cebo de Meñique. Esperanza para que, incluso, sea ella quien esté engañado al cortesano. Qué mejor que encarar la recta final de la serie (el lunes que viene se emite el último episodio, el más largo de todos, 81 minutos) rindiendo cuentas pendientes. Y poner por fin paz a Invernalia... hasta la llegada de los muertos.

Fotos

Vídeos