Juego de Tronos' 7x04: arde Poniente

El capítulo más corto de la historia de ‘Juego de Tronos’ ha sido sin embargo uno de los más épicos: batallas, reencuentros y fuego de dragón en solo 50 minutos

La madre de dragones con sus consejeros. / HBO
EIDER BURGOS

Parece que fue ayer cuando arrancaba la séptima temporada de 'Juego de Tronos' y ya ha pasado su ecuador. Tres capítulos quedan para que la ficción de HBO emprenda la batalla definitiva por el control del Trono de Hierro y no podía haber apretado más el paso. El episodio de anoche fue uno de los más épicos hasta la fecha, con emocionantes reencuentros al servicio del espectador, espectaculares batallas, fuegos de dragón y uno de los mejores 'cliffhangers' de la serie en el que ha sido el capítulo más corto de su historia: solo 50 minutos.

A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS

«Nunca creí que los dragones regresarían. Nadie lo creyó. La gente que te sigue sabe que has creado algo que era imposible. Eso les ayuda a creer en otras cosas imposibles, en un mundo diferente a la porquería que han conocido. Usa los dragones para quemar ciudades… y serás igual que los demás». Sabio consejo el de Jon Nieve para Daenerys Targaryen. Unas palabras que cambiaron los planes de la gobernanta para acabar mostrando una de las batallas más espectaculares que la HBO ha articulado hasta el momento: una horda de salvajes dothrakis disparando de pie sobre sus caballos, masacrando a los vanidosos Lannister… y custodiados por un aterrador Drogon que a la orden de 'Dracarys' redujo a cenizas el ejército de los leones de regreso tras la conquista de Altojardín.

Si la lucha de los Greyjoy en los navíos hace un par de capítulos era comparable con la del Aguasnegras, la de anoche estuvo a la altura de la memorable Batalla de los Bastardos, con Bronn corriendo entre los restos quemados de lo que minutos antes eran soldados; esquivando flechas, salvajes y espadas en un milimetrado juego de cámaras, efectos y extras, como en su día lo hizo Jon frente a Invernalia, solo que con fuego y cenizas en lugar de nieve y barro.

Juego de Tronos Euskadi

Jamie Lannister con el mercenario Bronn.

Matar a la Khalessi

La lucha con dragones ha resultado ser mucho temible de lo que ya se preveía. Y eso que esta vez solo se sirvió un aperitivo: aún quedan otras dos bestias que no se han sumado al campo de batalla. Drogon fue solo la punta del iceberg de la ola de destrucción que podría traer Daenerys a Poniente... y solo eso sirvió para cerrar el episodio con uno de los mejores 'cliffhangers' de la serie hasta la fecha: Jamie Lannister cayendo al fondo de un lago, hundiéndose bajo el peso de su armadura tras haber cometido la insensatez de intentar matar a la Khaleesi cuando esta se encontraba con su dragón. Un tanto para la Madre de Dragones.

Lo cierto es que en los últimos capítulos, la HBO parece estar actuando al servicio del espectador y dándole un respiro. Algo más que inusual en una serie que ha labrado su fama a golpe de injusticias y de finiquitar sin miramientos a los personajes más queridos por los televidentes. En esta ocasión, hasta entraron al trapo con el ansiado 'Jonerys', la teoría fan en la que Jon Nieve y Daenerys Targaryen acaban unidos por el amor y no tanto por la guerra. «¿Qué pensáis de ella?», le pregunta Sir Davos al bastardo. «Tiene un gran corazón», contesta. «Sí, ya he visto cómo le mirabais el corazón”. Aunque por el momento el norteño solo quiera a la dragona por su viriadragón y ella al lobo por sus ejércitos, no pocos están deseando que estos 'roces' políticos «hagan al cariño».

El juego a favor de 'los buenos' continuó en Invernalia, con la vuelta de Arya Stark a casa, donde al fin se reunió con sus hermanos Sansa y Bran. El encuentro, sin embargo, se antojó algo frío. Al igual que sucedió con la reaparición de la loba huargo Nymeria, parece que los hermanos Stark se hayan convertido en apenas conocidos, ocultas sus identidades tras un muro construido a base de desventuras y sufrimiento.

Sansa Stark ya no reconoce a sus hermanos.

El Cuervo de Tres Ojos

Bran, de hecho, ni siquiera es Bran, ahora es el Cuervo de Tres Ojos. Bran, en realidad, «murió en aquella cueva» junto a Hodor y Verano. Su nuevo poder se ha llevado por delante cualquier rastro de emoción humana: no siente la marcha de Meera Reed, que se jugó la vida (su hermano Jojen la perdió) por protegerle. Tampoco parece importarle la llegada de Arya, a la que recibe con una perturbadora bienvenida haciendo alarde de sus visiones, como ya hizo con Sansa. ¿A qué juega Bran Stark? ¿Por qué no le cuenta a sus hermanas que Jon es hijo de Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen? ¿O que los Caminantes Blancos son producto de los Niños del Bosque? ¿O que su tío Benjen permanece medio muerto medio vivo en algún lugar al otro lado del Muro bajo el nombre de Manos Frías?

La que parece más incómoda con todo este escenario es Sansa, con un hermano que alberga un misterioso poder y una hermana que se ha convertido en toda una experta asesina. La regente de Invernalia observa cómo Arya pelea con Brienne, en un espectacular alarde de las habilidades para matar que la niña aprendió de los Hombre sin Rostro. La más pequeña de los Stark siempre fue un espíritu rebelde pero, ¿una asesina? Sansa ha endurecido su carácter con el tiempo, es ahora más perspicaz y menos inocente, pero sus hermanos han ido mucho, mucho más lejos, y eso parece asustarla. ¿Se siente rodeada la joven de completos desconocidos?

El único que se mantiene a su lado y fiel a lo que siempre ha sido es Meñique, que pretende ser honesto con ella mostrándole su pretensiones románticas. El problema es que lo que Petyr Baelish siempre ha sido es un mentiroso. Con Jon fuera, Arya preocupada por su lista de potenciales víctimas y Bran con la empatía perdida, ¿se entregará la joven Stark al conspirador? «El caos es una escalera», le recuerda Bran a Meñique en privado. Unos peldaños que Meñique conoce bien y que ya ha escalado alto. Desde abajo, el ambicioso embustero asusta más que la posibilidad de un Caminante Blanco.

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