La ficción española

La ficción española
Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDA

Atraviesa la ficción nacional en televisión un momento esperanzador. Me niego a decir que se hacen mejores series que nunca, porque eso sería lo mismo que no reconocer épocas -también doradas- anteriores donde se produjeron títulos tan notables como ‘Los gozos y las sombras’, ‘Brigada Central’, ‘Pepa y Pepe’ o ‘Chicas de hoy en día’, por citar algunos que mejores recuerdos han dejado entre los que veíamos la tele cuando la tele solo se veía por la tele. Parece un trabalenguas pero no lo es.

Que hubiese tiempos pasados estupendos no quita para que haya que congratularse ahora con el rumbo de las producciones catódicas actuales. El año se acaba con una TVE que comienza a descubrir que hay vida y ‘share’ más allá de ‘Cuéntame’. Viendo el final de ‘Estoy vivo’, con esa aparición cuasidigital de Julia Gutiérrez Caba, parecía increíble que un producto que mezcla ciencia ficción, aventuras y drama pudiese funcionar, pero lo ha hecho. Y qué bien. Las primeras noticias sobre lo próximo de ‘El Ministerio del Tiempo’ (al parecer -no hay confirmación- se baraja convertirla en una serie evento) suenan estimulantes. Junto a ellas aparece la pelea ‘Traición’, cuyo principal mérito es lo bien que se ha rodado. ¿Está TVE para producir culebrones de noche? Ese es otro debate.

Enfrente las privadas tratan de servir de avanzadilla y plantean propuestas de género con cierto riesgo, como lo tenía ‘La casa de papel’ o lo tiene ‘El accidente’. Lo suyo es más complicado porque deben batallar por ganar y mantener audiencia sin quedar como anticuadas.

Esto se lo está poniendo difícil Movistar, el último participante que ha entrado a formar parte del juego, buscando a un público más específico, que no se conforma con series convencionales y acepta ideas algo más innovadoras. En ese sentido ‘La zona’ y ‘Vergüenza’ cumplen a medias. Reivindican nuevos modelos (de producción, de relato, de consumo) aunque no terminen de acertar en algunos de sus planeamientos. Pero eso no viene a cuento ahora. Es recomendable detenerse a contemplar el horizonte y reconocer que las vistas que se atisban prometen.

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