Évole se enfrenta a la depresión en su regreso a la tele

Jordi Évole, durante el programa./LA SEXTA
Jordi Évole, durante el programa. / LA SEXTA

'Salvados' ha estrenado este domingo su nueva temporada con un tema casi tabú que retrató con naturalidad y testimonios duros, pero muy reveladores

Joseba Fiestras
JOSEBA FIESTRAS

Comenzó siendo más bien un programa satírico que denunciaba temas concretos aprovechando el descaro de su conductor. Su origen viene del juego de palabras que quiso hacer en su estreno, ‘Salvados por la campaña’, título que parodiaba al de la conocida serie adolescente. Aquello era un especial sin ánimo de continuidad, pero funcionó y, tras la campaña electoral, sus secuelas se decantaron por abordar la religión, el fútbol y los toros. Aquellos cuatro capítulos compusieron su primera temporada, una etapa atípica en comparación con sus sucesoras, que ya centraron el nombre, ‘Salvados’, y la periodicidad, semanal. Y el humor fue evaporándose absorbido por la información rigurosa. Y el cómico se difuminó en pos del reportero. La evolución de ‘Salvados’ en su primera década radica, fundamentalmente, en la citada transformación. Seguro que en su parto nadie pensó que sería posible dedicar un espacio entero al uso de información personal para desprestigiar al adversario político a través de los medios de comunicación, a los pocos habitantes que quedan en un pueblo de Soria o a la depresión.

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Dividido en tres partes, desayuno, comida y cena, el estreno de la nueva temporada trató un asunto casi tabú: la depresión. Para ello, Jordi Évole viajó a una casa rural junto a personas que viven o han vivido muy de cerca la enfermedad: tres pacientes, una hija de paciente, un médico y una catedrática. «Tengo la duda de que el propio enunciado del programa eche para atrás a los espectadores, cosa que me jodería», confesaba el presentador a sus invitados. Y fueron ellos los que le brindaron el título, ‘Uno de cada cinco’. La velada estuvo jalonada de testimonios durísimos, pero muy reveladores. «Mis hijos creían que yo era más viejo que su abuelo», desvelaba el cantante Iván Ferreiro, uno de los que sufrió la enfermedad. «Es el estado más próximo a la muerte», contaba Noelia, otra de las sufridoras. Fue una especie de catarsis que sumergió al espectador en un terreno desconocido y hasta despreciado en ocasiones. «El principal problema es que se ha vulgarizado el término y se llama depresión a cualquier cosa», denunciaba el director de psiquiatría del Hospital Sant Pau, Enric Álvarez. Y aclaró confusiones: «La tristeza no tiene nada que ver con la depresión».

El suicidio

Asuntos vetados, como el suicidio, se narraron en la pieza con naturalidad. Carmen Gómez, una joven con una entereza increíble, contó cómo su madre sucumbió a la dolencia. «Yo se que mi madre murió por su enfermedad, no porque se quiso matar», explicaba, y a ella le dedicó su participación en ‘Salvados’, único momento en el que se rompió, pero sin llegar a perder nunca la sonrisa. El encuentro también dio lugar a acusaciones diáfanas a la Sanidad pública por carencias y dificultades a la hora de conseguir un profesional que realmente te ayude. «Hemos avanzado mucho en otras enfermedades, pero no en ésta», argumentaban. En España hay dos millones y medio de personas que sufren depresión.

Los programas de Évole son auténticos documentales que no sucumben a la presión del medio y el horario en el que se emiten. Cuentan con una cuidada realización cinematográfica, el ritmo lo marca la historia, no tiene miedos a los silencios y las largas pausas… Es alucinante hacer un espacio así para emitirlo en ‘prime time’. En las redes sociales lo calificaban de «heroicidad». Algo está cambiando para bien en la tele.

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