Edurne Pasaban y Juanito Oiarzabal se reconcilian en el 'Chester' tras casi siete años sin hablarse

Juanito Oiarzabal y Edurne Pasaban, que no pudo reprimir las lágrimas./
Juanito Oiarzabal y Edurne Pasaban, que no pudo reprimir las lágrimas.

Entre lágrimas y abrazos, los alpinistas vascos pusieron fin a sus rencillas y prometieron volver juntos a la montaña

Hizkuntze Zarandona
HIZKUNTZE ZARANDONA

La alpinista Edurne Pasaban acudió anoche al 'Chester' de Cuatro para hablar con Risto Mejide sobre muchos aspectos de su vida, como la depresión que sufrió en el año 2006 y que la llevó a intentar suicidarse en dos ocasiones. Tras la entrevista del cocinero Jordi Cruz, el programa recibió en su tercera entrega a la alpinista vasca, que contó los duros momentos y las alegrías que ha vivido en todos estos años dedicada al 100% a la montaña.

Con especial emoción recordó la bajada del K2 en 2004. «Lo pagamos caro. Bajé junto con Juanito Oiarzabal con congelaciones, a mí me amputaron dos dedos de los pies. Yo fui por el equipo que se presentaba pero no sé si mi cabeza estaría preparada en aquel momento. No he vuelto y no volveré. Creo que ninguna montaña vale ni un dedo del pie ni nada», dijo.

Pero su relación con Juanito, su «mentor», se rompió en 2011. Desde hace casi 7 años los montañeros vascos no se dirigen la palabra. ¿Qué pasó? Ella realizaba entonces una expedición al Everest; su colega, al Lothse. El equipo del montañero vitoriano comenzó a tener problemas en el descenso y el equipo de Edurne decidió ayudarles -son montañas que están muy cerca la una de la otra-. «Tomamos parte en su rescate, intentamos ayudar a miembros del equipo de Juanito que no se encontraban nada bien». Lo cierto es que el alpinista y dos de sus compañeros tuvieron que ser socorridos por Pasaban y el resto de su expedición, unas imágenes que dieron la vuelta al mundo, y la montañera renunciaba a hacer cumbre. «Edurne está justificando que no ha subido al Everest por ayudarnos a nosotros, ¡pero esta tía qué se cree!», llegó a decir entonces Juanito.

Momento del rescate de Juanito en el Lothse en 2011.
Momento del rescate de Juanito en el Lothse en 2011.

Según ha contado la entrevistada, Pasaban «se publicó en los medios de comunicación, y hubo cosas que yo no pude controlar. Al final salieron varias cosas y fotografías que a Juanito no le hicieron gracia». Reconoció que la reacción de su hasta entonces colega y amigo le pasó fractura. «Nunca tuve el valor de ver una declaración de prensa que hizo. No quise sufrir con lo que dijo, pero al final me enteré de todo. Lo que más me dolió es que me llamara 'la princesa del pueblo'. Esto hizo que nos alejáramos, hasta el punto de que ahora no tenemos relación».

«Me dolió mucho»

Durante su duro relato, Pasaban no derramó una lágrima pese a lo difícil que era rememorar los complicados momentos que vivió. «El fue mi impulsor, yo me consideraba muy buena amiga suya, pero hoy ya no tengo relación con él, y le quieres por todo lo que has vivido, pero que pasara esto a mí me dolió mucho». Sin embargo, la entereza de la alpinista vasca se desmoronó cuando Risto le anunció que Juanito Oiarzabal estaba en el plató. Edurne no daba crédito. Hacía casi siete años que no se dirigían la palabra. «Hemos invitado a Juanito Oiarzabal, pero tú tienes el poder de decidir que pase. ¿Quieres que lo haga?», le preguntó el publicista.

La cara de Edurne no podía expresar mayor sorpresa. «Solo hemos coincidido dos veces, y fue un 'hola' y 'adios'», explicaba la deportista vasca sin creerse del todo la presencia del montañero. El publicista le aclaró que Juanito se encontraba a escasos metros de ella y que, solo si ella aceptaba, pasaría a plató. La alpinista rompía a llorar tras estas palabras y, sin dudarlo ni un momento, pedía que Oiarzabal pasara.

Era cierto: Juanito había querido estar allí para arreglar los problemas con su pupila. En un tono conciliador, el montañero vitoriano admitió que «han pasado siete años y ha llegado el momento de que nos reconciliemos, empecemos a pensar en otras cosas y nos demos otra oportunidad, porque han sido muchos momentos». Reconoció que «las formas mías no fueron las mejores y Edurne para mí ha sido como una hija». Pasaban no podía reprimir las lágrimas escuchando las palabras de Oiarzabal.

Ambos se fundieron en un abrazo y Juanito acabó confesando su amistad con un «te quiero mucho, Edurne» y esta replicó con un «tengo muchas ganas de ir al monte contigo, Juanito».

Su fuerte depresión

Tras zanjar este asunto, la conversación en el 'Chester' derivó a las depresiones que la montañera ha sufrido a lo largo de su vida, que la han llevado a intentar quitarse la vida hasta en dos ocasiones. «He tomado antidepresivos hasta el último 'ochomil' que he subido», reconoció Pasaban, a quien años de exigencia en la alta montaña le acabaron pasaron factura. «Empecé a decaer, a perder la motivación. Caí enferma. 2006 fue complicado, de 12 meses estuve cuatro ingresada en un hospital. El primer ingreso fue el día de Reyes».

La alpinista contó que ha visto la muerte «más cerca en la vida real que en la montaña. Cuando tu ansiedad, cuando tu dolor es tan grande, no te planteas todo esto, solo ves lo malo, lo que te está comiendo algo dentro. Tenía un dolor dentro que me estaba matando. Ese dolor me estaba haciendo actuar como no quería. Para mí era increíble pensar que dos días antes había estado escalando cascada de hielo con mi primo y al día siguiente estaba en el hospital haciendo punto bobo», señalaba en relación a sus intentos de suicidio.

Tras superar ese duro episodio, Pasaban reconoció lo prioritario para salir del agujero de la depresión es pedir ayuda. «Ese es el primer paso. Yo pedí ayuda a mis padres, les pedí que me ingresaran. Y el entorno también es muy importante. Los mismos que habían estado conmigo en lo alto de las montañas me decían 'si tus amigas tienen pareja que las tengan. Si el día de mañana tú tienes que tener una pareja o un niño, ya las tendrás; pero ahora haz lo que te gusta y a ti te gusta hacer ochomiles'». Hoy en día, Pasaban vive retirada de la montaña y dedicada al cuidado de su hijo Max, de siete meses.

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