Asesinos en serio

Asesinos en serio
Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Es curioso cómo algunas de las series más interesantes del momento se fijan en el pasado inmediato, de ‘Stranger Things’ a ‘The Deuce’, pasando por ‘Glow’. El Estados Unidos de finales de los años 70, que dejó tiempo atrás el verano del amor hippy, es el escenario de ‘Mindhunter’, una producción original de Netflix sobre agentes del FBI a la caza de asesinos en serie. El punto de partida argumental puede sonar tópico, pero el resultado de esta serie avalada por David Fincher no lo es. El director de ‘Zodiac’ firma cuatro de los diez capítulos, cada uno de ellos de una duración distinta, entre 34 minutos y una hora. ‘Mindhunter’ es una crónica criminal, sí, pero también el retrato de un país en transformación.

El agente Holden Ford (Jonathan Groff) es nuestro guía por unos tiempos convulsos. Un pipiolo recién salido de la academia, sin experiencia en las calles, pero con la perspicacia necesaria como para darse cuenta de que los policías necesitan algo más que armas para enfrentarse a las nuevas formas de delito. Porque los psicópatas ya no parecen tener móvil y su ensañamiento no obedece a ninguna lógica. En una hermosa secuencia del primer episodio, el protagonista ve en el cine ‘Tarde de perros’, aquella obra maestra de Sidney Lumet en la que Al Pacino secuestraba un banco. Al recto ‘madero’ no le entra en la cabeza que el personaje quiera el dinero para pagarle la operación de cambio de sexo a su novio. Entenderá que hace falta la psicología criminal para meterse en la piel del delincuente.

‘Mindhunter’ atesora personajes complejos -atención a la novia del protagonista, una universitaria progre que le ayuda a abrir los ojos- y se basa en casos reales -de Charles Manson a ‘El Hijo de Sam’-, otorgándole una pátina documental. No muestra asesinatos macabros, porque lo interesante no es el cómo, sino el porqué. El estilo de Fincher se deja patente en las hipnóticas atmósferas, la ausencia de acción y los diálogos absorbentes. «¿Cómo se puede ser presidente de Estados Unidos siendo un sociópata?», plantea un personaje. «La pregunta es: ¿cómo se puede ser presidente de Estados Unidos sin serlo?», contesta otro.

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