¿Quién fue en realidad Juan Sebastián Elcano?

La réplica de la 'Victoria', la nao que dio la primera vuelta al mundo. /EFE
La réplica de la 'Victoria', la nao que dio la primera vuelta al mundo. / EFE

La correspondencia que mantuvo el navegante de Getaria con el rey Carlos I, descubierta en un palacio de Aia y al alcance de cualquier aficionado a la historia desde hace un mes, puede arrojar luz sobre una figura aún desconocida en parte

BORJA OLAIZOLASan Sebastián

«Algo sabemos de su gesta planetaria, muy poco sobre quién era Elcano». La reflexión de Borja Aguinagalde, director del Archivo Histórico de Euskadi, es compartida por otros muchos historiadores. A pesar de que el marino de Getaria fue el protagonista de la mayor gesta náutica que se conoce, gran parte de lo que rodea su figura sigue siendo un misterio. Con la quema de los archivos de Getaria en los incendios de 1597 y 1836 desaparecieron todos los testimonios documentales de su lugar de origen. Las fuentes que han nutrido las investigaciones en torno a su biografía son los documentos del Archivo General de Indias y, sobre todo, el testamento que hizo redactar cuando agonizaba en medio del Pacífico diez días antes de su muerte, ocurrida el 6 de agosto de 1526.

«La mayor parte de los trabajos sobre Elcano son de hace ya muchos años y presentan muchas lagunas», recapitula Xabier Alberdi, especialista en historia naval y asesor de Mundubira 500: Elkano Fundazioa, la recién creada fundación para conmemorar el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. El aniversario puede ser una buena plataforma para actualizar los estudios sobre el navegante y trazar un perfil más completo de su personalidad. La aparición el año pasado de ocho documentos sobre Elcano que formaban parte del archivo del palacio de Laurgain, en Aia, ha resultado providencial en ese sentido. «Se trata de documentos que podríamos denominar administrativos, cuya lectura y análisis pormenorizado va a proporcionar mucha información acerca de sus preocupaciones e intereses. Sobre la persona, más que sobre el personaje, que es la parte más desconocida de su vida», observa el responsable del Archivo Histórico de Euskadi.

Fue el propio Aguinagalde el que descubrió las cartas mientras organizaba los documentos del archivo de la familia Lardizabal, titular de la torre de Laurgain desde hace siglos. «Eran unos textos que se habían dado por perdidos», comenta el investigador, que describe su hallazgo como «una suerte de pequeño archivo personal del marino, salvado milagrosamente después de siglos de vicisitudes». En el legajo hay un escrito que destaca sobre los demás y que tiene un valor histórico incalculable: la carta que el propio Elcano envió al rey Carlos I nada más tomar tierra tras haber completado la vuelta al globo. «Se trata de la misiva original escrita de su puño y letra, probablemente desde Sanlúcar de Barrameda, en la que, al hilo de la poeza que acaba de culminar, de cuya importancia Elcano muestra plena conciencia, solicita al emperador diferentes mercedes». La carta incorpora en uno de sus márgenes la contestación del secretario de Carlos I, Francisco de los Cobos. «La misiva le fue devuelta a Elcano y por ese motivo la conservó entre sus papeles porque, de otro modo, estaría en el Archivo de Indias».

Amén de ese tesoro, en la torre de Laurgain había otros siete documentos oficiales escritos entre septiembre de 1522 y mayo de 1525. «Seis llevan la rúbrica del propio emperador y uno está firmado por los miembros del Consejo Real». El que se ha dado en llamar documento ‘número dos’ es una real cédula de Carlos I a Elcano en la que acusa recibo de la primera carta y le ordena que acuda a Valladolid a mantener un encuentro con él. Le pide que vaya acompañado de dos de los supervivientes que le habían acompañado en el viaje: «porque yo me quiero ynformarme de vos muy particularmente del viaje que aveys hecho y de lo en él sucedido, vos mando que luego que esta veays toméys dos personas de las que han venido con vos, las más cuerdas y de mejor razón, y os partays y vengays con ellos donde yo estouiere, que con este correo escribo a los oficiales de la casa de contratación de las Yndias que os vistan y probean de todo lo necesario».

La carta en la que el Rey concede a Elcano una renta de 500 ducados y la que el propio Elcano le escribió nada más tocar tierra al fin de su viaje.
La carta en la que el Rey concede a Elcano una renta de 500 ducados y la que el propio Elcano le escribió nada más tocar tierra al fin de su viaje.

El indulto real

El tercer documento de Laurgain es una real provisión en la que Carlos I ordena que se le adjudique a Elcano una renta anual de 500 ducados de oro en compensación al «descubrimiento de la dicha espeçería, e los muchos y grandes trabajos que ha pasado y en traer la dicha nao Vitoria con su buena industria y trabajo cargada de espeçería». El cuarto es una real cédula en la que el rey concede el indulto al navegante por haber vendido a extranjeros la nave de la que había sido propietario antes de partir en la expedición de Magallanes. Elcano había participado al frente de esa nao en varios expediciones militares de la Corona, pero al demorarse los pagos que le correspondían no tuvo más remedio que vender el barco para saldar las deudas que había contraído. «Era una práctica muy habitual en la época porque las comunicaciones eran muy lentas y la administración imperial se tomaba su tiempo», comenta el historiador Xabier Alberdi.

La venta de la nave a extranjeros, concretamente a unos saboyanos, había colocado a Elcano en la lista de proscritos porque las leyes imperiales prohibían expresamente esa práctica con el propósito de impedir el reforzamiento de potenciales enemigos. «Hay quien cree que se enroló en la expedición de Magallanes para huir de la justicia, pero esa es una versión poco creíble porque había mucho marinos en su misma situación», sostiene Alberdi. «Elcano pide el perdón del rey cuando da la vuelta al mundo porque era un hidalgo, se guiaba por los códigos de honor de la época y quería limpiar su nombre. Además, aspiraba al mando de la segunda expedición que estaba preparando Carlos I y era consciente de que tenía más posibilidades si su nombre salía de la lista de perseguidos».

500

Ducados.
El Rey otrogó a Juan Sebastián Elcano una renta anual de 500 ducados en compensación «de los muchos y grandes trabajos que ha pasado». El navegante no llegó a ver el dinero: murió en medio del Pacífico cuatro años después de haber dado la vuelta al mundo.

En el quinto documento hallado en Laurgain, inédito hasta ahora, el rey pide a Elcano que vaya a su encuentro en Pamplona «con los más» que pudiera traer de quienes habían participado en la misión. El sexto, fechado en Burgos, es una cédula real en la que se responde afirmativamente a la petición hecha por el marino para poder llevar armas con el fin de defenderse de personas que «le quieren mal». En el documento número siete, también inédito, el Consejo Real da el visto bueno al plan de Elcano para llevar la armada a La Coruña antes de la partida de la expedición de Loaísa en la que terminaría muriendo. El último escrito es otra real cédula en la que el rey ordena que se cumpla la concesión de los 500 ducados anuales a Elcano y pide que se le paguen cuando regrese de la que sería su última misión. El marino de Getaria murió en el Pacífico sin llegar a ver ni uno solo de esos ducados. Tampoco su familia directa, que se extinguió en el último tercio del XVI, percibió compensación alguna.

Los documentos hallados en Laurgain han sido digitalizados y puestos a disposición del público desde el mes pasado. Las cartas, que pasaron de mano en mano durante generaciones hasta quedar depositadas en los archivos de la familia Lardizabal, han salido a la luz en vísperas de la conmemoración del quinto centenario del viaje de Elcano. De momento están en la sede bilbaína del archivo de Euskadi, aunque no se descarta que en el futuro sean exhibidas de forma permanente en algún museo o recinto acondicionado al efecto. «Anne Marie Christophe, que es la propietaria de Laurgain y por lo tanto también de las cartas, ya expresó su deseo de que estuviesen al alcance de la ciudadanía y así se ha hecho», explica Borja Aguinagalde. Los documentos de Elcano se pueden consultar en una pestaña habilitada al efecto en la página web del Archivo Histórico de Euskadi (www.eah-ahe.org).

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