R2-D2 es de Bilbao

Rafa Martín, con R2-D2, BB-8 y su gato Bassh en la habitación de su casa de Bilbao donde construye los robots de ‘Star Wars’. / BORJA AGUDO

Una réplica del robot de Luke Skywalker construida por Rafa Martín, un fan vasco de ‘Star Wars’, fue la estrella de la ‘première’ española de ‘Los últimos jedi’

Luis Alfonso Gámez
LUIS ALFONSO GÁMEZ

La estrella de la alfombra roja de la ‘première’ española de ‘Los últimos jedi’ es de Bilbao. «El martes en Madrid todos los famosos se hacían fotos con él», recuerda Rafa Martín. A su lado, R2-D2 gira su cabeza metálica y emite pitidos, como dando la razón a su dueño. Estamos en el centro de la capital vizcaína, lejos de la galaxia donde el pequeño droide saca de apuros a los héroes de la Alianza Rebelde cada dos por tres. Aquí el mayor peligro que corre el fiel compañero mecánico de Luke Skywalker es que Bassh, el gato persa de la familia, se enfade, algo tan raro como que Darth Vader se muestre compasivo.

Su propietario y creador se resiste a admitirlo porque no quiere hacer de menos a colegas, pero el R2 bilbaíno es el más completo que hay en España. Va de un lado para otro como si se encontrara en la ‘Tantive IV’ o en la Estrella de la Muerte, curiosea con su ojo, emite todo tipo de ruidos, saca el periscopio... y, por supuesto, muestra en su cuerpo las huellas de todas las aventuras que ha corrido. «Lo próximo que voy a instalarle es el escáner de formas de vida con el que busca a Luke en Hoth en ‘El Imperio contraataca’. Ya tengo en la cabeza cómo hacerlo», asegura Martín, que no sabe cuándo acabará el proyecto en el que se metió hace dos años de construir una réplica del droide astromecánico.

«Hay que mantener la magia»

Sin formación de ingeniería «ni nada que se le parezca», este bilbaíno de 45 años, que hasta hace poco trabajaba de administrativo en una naviera, fabricó hace un par de años unos rifles ‘blasters’ para los intergrantes vizcaínos de la Legión 501, la organización benéfica de fans de ‘Star Wars’. Los miembros de la 501 -él y su esposa Tania Sáez de la Fuente, entre ellos- visten trajes, uniformes y complementos hechos por ellos que nada tienen que envidiar a los de las películas y con los que, por ejemplo, llevan la alegría a niños hospitalizados. Hechos con una impresora 3D, los ‘blasters’ encantaron a sus compañeros. «Uno me dijo: ‘¿A que no haces ahora un R2?’. Y así empezó todo, como una bilbainada».

El droide de Rafa Martín va de un lado para otro, mueve la cabeza, emite pitidos, saca el periscopio...

Fan de la saga galáctica desde niño y titulado en programación de ordenadores, cayó en la tentación porque R2-D2 es su personaje favorito de ‘Star Wars’. «No siendo humano, tiene la vida más espectacular. R2 es el que nos cuenta la historia, el narrador de los prólogos. Lo ha reconocido George Lucas». Su robot, ahora de aluminio y 80 kilos de peso, fue al principio de plástico y luego de madera. Para la apariencia exterior hay planos en internet, pero el interior del droide es cosa de cada constructor. El de Martín está equipado con dos motores de moto elécrica y dos baterías, y las piezas más complicadas y costosas no las ha hecho él. «Para esas nos ponemos de acuerdo en la comunidad internacional de constructores y encargamos quinientas o mil de golpe para que nos salga más barato». Calcula que R2-D2 le ha costado «20.000 euros solo en material». Más del triple que BB-8, el robot que debutó en ‘El despertar de la Fuerza’ (2015).

«R2 es el que nos cuenta la historia, el narrador de los prólogos. Lo ha reconocido George Lucas»

«Los que disfrutan de verdad con R2 son los niños, pero en general la gente le tiene mucho cariño», dice este manitas que ha restaurado también una máquina de petacos de Indiana Jones que, al encenderse, hace que Bassh se suba a ella. Frente a sus colegas yanquis que llevan aparatosos equipos de radiocontrol para controlar a sus robots, él emplea un pequeño mando de PS3 modificado que oculta de la vista del público. «Así parece que R2 va solo, por su cuenta. Hay que mantener la magia». Por eso después de un año de trabajo todavía no ha sacado a la calle a BB-8. «Quiero tener la seguridad de que va a moverse bien».

El robot-bola es «mucho más delicado» que su hermano mayor. «R2 aguanta carros y carretas. Va sobre ruedas, mientras que en BB-8 es el cuerpo el que rueda. Es como si un coche se apoyara en la carrocería. Además, tiene que mantener la cabeza en su sitio y para eso hacen falta imanes muy potentes. Es mucho más complicado de manejar». De plástico, las piezas las ha hecho con una impresora 3D fabricada por él. «Ahora tengo que aligerar la cabeza. Cuando BB-8 salga a la calle, será porque está perfecto». Seguramente debutará acompañado por R2-D2 y la esposa de Martín, como Rey. Para las fotos de su boda en junio de 2014, la pareja se vistió como Padmé en Geonosis y Anakin ya en el Lado Oscuro, lentillas amarillas incluidas. Y, con la complicidad de un centenar de invitados, llenaron el parque de Doña Casilda de personajes de ‘Star Wars’. Desde Chewbacca hasta Greedo.

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