El piano salva a 'Don Pasquale'

Jonathan Miller sitúa la trama a principios del siglo XVIII, en una casa de muñecas, con un cuidado primoroso de los detalles./M. Esquibel
Jonathan Miller sitúa la trama a principios del siglo XVIII, en una casa de muñecas, con un cuidado primoroso de los detalles. / M. Esquibel

James Vaughan al teclado y el maestro Roberto Abbado se convierten en las estrellas de una función sin orquesta por la huelga. Bordogna suplió con dignidad a Chausson en el rol principal

Isabel Urrutia Cabrera
ISABEL URRUTIA CABRERA

Los tres héroes de la función se encontraban ayer en el foso: el pianista James Vaughan, el correpetidor de la ABAO Miguel N’Dong -que pasaba las páginas de la partitura- y, sobre todo, el director de orquesta Roberto Abbado. Pocos profesionales de su prestigio se prestarían a marcar la entrada de los cantantes y nada más. Pero no había alternativa y el maestro milanés cumplió con su trabajo. Se volcó para galvanizar los ánimos y mitigar la ausencia de la Orquesta Sinfónica de Euskadi (OSE) que, tras una semana de incertidumbre, terminó consumando su amenaza de ir a la huelga por el conflicto laboral que mantiene con la dirección de la orquesta, y del que la Ópera de Bilbao es ajena.

Tal como había prometido la directiva de la ABAO, dispuesta a brindar la función a toda costa, se ofreció ‘Don Pasquale’ con una precariedad dolorosa. Un esfuerzo histórico -en 63 años de trayectoria jamás había sucedido nada igual en la ABAO- que sirvió para recalcar el patetismo de la propia obra. ‘Don Pasquale’ es una ópera bufa, sí, pero también bastante triste.

Y todavía más sin el gancho principal, Carlos Chausson, muy querido por los aficionados de la ABAO y reputado artista de talla internacional. Una faringitis -que lo ha dejado afónico- le impidió cantar ayer, en la primera función, y tuvo que ser sustituido in extremis por Paolo Bordogna, que hasta ahora solo ha interpretado el rol de Don Pasquale en teatros italianos. En principio, se espera que el bajo-barítono zaragozano pueda salir a escena en las próximas representaciones, es decir, el martes y viernes de la semana que viene, y el lunes 27.

«Quiero dejar bien claro que mi ausencia no tiene nada que ver con la huelga y la falta de orquesta. Es una decisión que tomé el viernes. En el segundo acto del ensayo general me quedé sin voz y lo pasé muy mal... Al no mejorar la faringitis, resolví no cantar en la primera función. Pero sí lo haré en las demás», subrayaba ayer el propio Carlos Chausson, en conversación con EL CORREO. Una excelente noticia que mitigará el malestar que anoche se hizo patente al poco de terminar Juan Carlos Matellanes, presidente de la ABAO, la lectura del comunicado que explicaba las circunstancias que les obligaban a poner en escena ‘Don Pasquale’ con el acompañamiento de un piano. «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Devuélvenos el dinero! ¡Devuélvenos el dinero!», gritaron algunos descontentos, al tiempo que pataleaban y abucheaban las palabras de Matellanes, sobre todo al recalcar que «no había otra opción».

Nada más apagarse las luces y empezar la obertura, se oyeron algunos suspiros. El contraste era brutal: la suntuosidad escénica y todos esos ropajes de tafetán y organdí, coronados con pelucones del siglo XVIII, chirriaban con el acompañamiento musical. El pianista James Vaughan es un gran profesional pero lo que ayer se escuchó tiene poco que ver con ‘Don Pasquale’. La música de Donizetti es densa y sofisticada, con maderas y metales en plenitud, sin que falten guitarras y hasta una pandereta en el tema más famoso (‘Com’è gentil’) que canta el tenor en el último acto.

Juan Carlos Matellanes, explicando las novedades.
Juan Carlos Matellanes, explicando las novedades.

Manipulador y arpía

‘Don Pasquale’ es una pieza maestra del género bufo. Rossiniana en las formas pero existencial en el fondo. ¿Hay alguien de fiar en este mundo? ¿La juventud es una virtud? ¿Por qué un señor mayor no puede volver a casarse? ¿De verdad está obligado a mantener a su sobrino que no da un palo al agua? Se anuncian ya las pulsiones y ambigüedades del Romanticismo, al no haber ni un solo personaje ejemplar: manipuladores, rijosos o arpías… no se salva nadie. De ahí que el director de escena Jonathan Miller haya montado una casa de muñecas para ambientar la historia. Ultramaquillados y robotizados, todos los intérpretes aparecen como figurillas del siglo XVIII llenas de artificio y picardía. Criaturas que suben y bajan por el edificio. Unos robaban, otros cotilleaban, la parejita retozaba y maquinaba...

Paolo Bordogna se distinguió nada más pisar el escenario, sin necesidad de abrir la boca. Era el único que no se escondía detrás de los afeites y cejas postizas, metido bajo la piel de Don Pasquale, la víctima de carne y hueso de todos los ardides. Un papel de bajo bufo al que solo pueden hacer justicia los intérpretes con galones y veteranía. No es el caso del cantante milanés que, pese a todo, se defendió con dignidad. Soltó limpiamente 91 semicorcheas de una tacada -en una escena antológica con el barítono gallego Javier Franco como doctor Malatesta- y se le vio bastante creíble en la piel de un hombre de 70 años. Tiene mérito porque ronda los 45.

«Me faltan las palabras. Sudo, me hielo, me muero», confiesa el pobre Don Pasquale a la vista de Norina, en teoría una exnovicia muy remilgada y modosita, interpretada en este montaje por la soprano australiana Jessica Pratt. La joven diva debutaba en el papel y se mostró sobrada de medios vocales, además de muy suelta a la hora de martirizar a Don Pasquale después de un matrimonio amañado y nunca consumado.

Lo cierto es que todo el embrollo que monta el doctor Malatesta para humillar al anciano no tiene más objetivo que conseguir que Ernesto -encarnado con valentía por el tenor argentino Santiago Ballerini- sea feliz comiendo perdices. Y para conseguirlo, hay que colocar en su sitio al viejo cascarrabias. Así es la vida, cruel. La música de Donizetti suaviza los golpes con un rondó en el que todos acaban amigos. Nadie se lo cree pero la fiesta debe continuar. Habrá que ver lo que sucede con el resto de funciones... ¿Orquesta o piano?

El maestro Roberto Abbado y el pianista James Vaughan, ovacionados.
El maestro Roberto Abbado y el pianista James Vaughan, ovacionados.

«Era la única opción posible», reitera Matellanes

En un hecho sin precedentes, el presidente de la ABAO, Juan Carlos Matellanes, subió al escenario y antes de que empezara la obertura de ‘Don Pasquale’ se dirigió al público para explicar la situación anómala que vive la entidad, «siendo totalmente ajena al conflicto laboral del que hemos tenido conocimiento por primera vez hace escasos días».

Desde ese mismo momento, la asociación ha trabajado «para buscar la mejor solución para todos y la que suponga el menor perjuicio para nuestros socios, público, patrocinadores e instituciones».

La dirección de la asociación consideró que la suspensión o cancelación era la peor de todas las opciones posibles. Por ello, se decidió trabajar la posibilidad de contratar una nueva orquesta. «Esta alternativa ha resultado inviable debido al escaso tiempo del que se ha dispuesto, y por la imposibilidad de encontrar una orquesta de calidad que estuviese disponible para participar en las funciones». La mejor opción de todas ellas era realizar la función con acompañamiento de piano.

Tomada esta decisión, ABAO ha facilitado «al máximo la posibilidad de un acuerdo en el conflicto entre la Orquesta Sinfónica de Euskadi y sus trabajadores, para ello se ha continuado con absoluta normalidad todo el plan de ensayos previstos con la orquesta, realizándose incluso el ensayo general a puerta abierta con la propia Orquesta Sinfónica de Euskadi», detalló Matellanes.

En paralelo, y asumiendo los costes adicionales, se ha trabajado la opción del acompañamiento de piano, contratando y ensayando con el maestro seleccionado.

El viernes, a las 14:00 horas, recibieron una comunicación del director general de la OSE anunciando que la huelga no había sido desconvocada. «Por este motivo, les reitero que como única opción posible esta función se va a representar acompañada de piano».

Matellanes recalcó que la ABAO «lamenta profundamente verse afectada por esta situación que es totalmente ajena a su responsabilidad y gestión, situación en la que no es parte del conflicto si no un serio damnificado».

Los músicos se concentran en Donosti

A la hora que debían coger el autobús para Bilbao, los trabajadores en huelga de la OSE se concentraron ante su sede, en San Sebastián, para reafirmar su postura hasta que la dirección de la sinfónica «firme los contenidos que pedimos». En nombre de la plantilla, Xabier Udabe aseguró que no necesitan «más telepredicadores y este señor -en referencia al director general de la OSE, Oriol Roch- lo es». Emplazó, además, al consejero vasco de Cultura, Bingen Zupiria, «a hacer las maletas y que se vaya a casa si no piensa implicarse» en el conflicto. El comité de empresa cifró el seguimiento de la huelga en «un 95% de la plantilla», que la gerencia de la sinfónica rebajó a un 64%.

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