Patriotismos que no desafinan

Castillo de Olavinlinna, al sureste de Finlandia, sede del festival de ópera de Savonlinna./E. C.
Castillo de Olavinlinna, al sureste de Finlandia, sede del festival de ópera de Savonlinna. / E. C.

Finlandia, que cumple 100 años, es un país sin estridencias que se vuelve loco con el heavy metal. Y Bélgica se rebeló con la ópera

Isabel Urrutia Cabrera
ISABEL URRUTIA CABRERA

Finlandia cumple cien años en diciembre. Ha sufrido el yugo de Suecia o Rusia según las épocas. Ahora bien, siempre ha tenido muy claras sus señas de identidad. Y siempre se ha preciado de haber conseguido la independencia sin haber pegado un solo tiro.

Se limitaron a aprovechar el caos de la Revolución bolchevique de 1917 para liberarse de la opresión del imperio zarista. Bien es verdad que luego sufrieron una guerra civil muy cruenta pero, desde entonces, se han empeñado en cultivar la convivencia, la vida sana y el buen rollo.

A su manera, evidentemente. Hace tiempo que es la tierra prometida del heavy metal en todas su variantes, desde Finntroll a Lordi. Los primeros se disfrazan de trols (en la línea del folk metal) y los segundos (más inclinados al rock duro) dieron la campanada en Eurovisión, allá por 2006, caracterizados de monstruos interestelares, subterráneos o apocalípticos.

Lo llevan en la sangre. Los finlandeses andan sobrados de imaginación y tienen debilidad por las puestas en escena o la teatralidad. De ahí que también les encante la ópera. Desde sus mismísimos orígenes como nación, ya que el festival de Savonlinna -al sureste del país- nació en plena efervescencia nacionalista a instancias de la soprano Aino Ackté. Una patriota a macha martillo que removió cielo y tierra para organizar un certamen lírico en el castillo de Olavinlinna, fortaleza de piedra con tres almenas del siglo XV. La primera edición del festival se remonta a 1912 y hasta allí peregrinan los aficionados de todo el mundo.

En la última temporada triunfó el montaje de ‘I puritani’, de Bellini, con el sello de Emilio Sagi, exdirector artístico del Arriaga. Entre el público, no faltaron muchos belgas. Otro pueblo que disfruta de la lírica. Y que conoce bien a los divos de Finlandia, no en vano el personaje de Bianca Castafiore, habitual en los tebeos de Tintín, se inspira en Aino Ackté. Más coincidencias: el bel canto también contribuyó a calentar los ánimos de los independentistas en Bélgica. Gran diferencia: lo que sucedió en Bruselas el 25 de agosto de 1830 rompe los esquemas.

La ópera que incendia los ánimos recrea la rebelión de Nápoles contra la corona española Representación en Bruselas

Aristócratas y trabajadores

La revolución contra los Países Bajos se precipitó con el estreno de una ópera en el teatro de La Monnaie. Nada más caer el telón, las calles se llenaron de aristócratas y trabajadores que empezaron a romper cristales y quemar casas. El santo y seña era muy explícito: ‘¡muerte a los holandeses!’. Así reaccionaron al término de ‘La muda de Portici’, del francés Daniel-François Auber.

Toda la obra gira en torno a la rebelión de Nápoles contra la corona española en 1647. Entre las frases más sonoras del tenor, hay una que retumba como un cañonazo: «Mejor morir que vivir desgraciado, ¿qué tiene que perder un esclavo?». A muchos les tocó la fibra más sensible.

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