Un paseo entre 'quijotes' e intrigas por la Feria del Libro Antiguo de Bilbao

Silva revisa clásicos juveniles. Él no era de ‘Los Cinco’, pero sí de ‘Dick Turpin’ e ‘Ivanhoe’./MAIKA SALGUERO
Silva revisa clásicos juveniles. Él no era de ‘Los Cinco’, pero sí de ‘Dick Turpin’ e ‘Ivanhoe’. / MAIKA SALGUERO

El evento pone al día los recuerdos de lectores y coleccionistas. La recorremos con el escritor Lorenzo Silva

TERESA ABAJO

Edmund Wilson era un reputado crítico norteamericano, azote de los autores de novela negra y, en particular, de Raymond Chandler. El creador de Philip Marlowe esperó a que el crítico se metiera en su terreno para contraatacar. Cuando publicó la novela ‘Memorias del condado de Hecate’, reconoció que tenía «mucho mérito. Ha conseguido hacer de la narración de un coito algo tan aburrido como un horario de ferrocarriles», dijo. Lorenzo Silva tiene toda la obra de Chandler, pero solo ahora podrá comprobar lo acertado de su venganza. Ayer compró la novela por siete euros en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Bilbao.

El escritor participó en una charla en Bidebarrieta con Carme Riera y, aunque no le sobraba el tiempo, se acercó a los puestos de El Arenal. En apenas veinte minutos se llevó dos libros. No tuvo dudas con la ‘Crónica sentimental en rojo’ de Francisco González Ledesma, que ganó el premio Planeta en 1984. «Una primera edición» por cuatro euros. Es su manera de rendir homenaje a «uno de los mejores narradores de Barcelona» y a «un tipo encantador, muy humano, generoso».

La feria seguirá conectando con los recuerdos de bilbaínos y visitantes hasta el 12 de noviembre. Antes de recorrer los 42 expositores, conviene pararse a mirar la propia biblioteca para saber qué huecos queremos llenar. Aquí están todos los clásicos, algunos de ellos bilingües por cinco euros para estudiantes de inglés; mucha novela de intriga, que huele a nuevo si no se sabe el final, y colecciones para todos los gustos: siete tomos de Julio Verne por 200 euros. Josu Mazas, que se ha criado entre libros, no escatima en rótulos de géneros y autores, porque «la gente se emborracha enseguida» y «nunca sabes lo que se vuelve a poner de moda». Siempre aparece alguien preguntando por un título en concreto de Agatha Christie, en este caso ‘Después del funeral’, y lo encuentra en la entrañable edición de Molino.

Guantes para el terciopelo

Si hay alguien incansable son los buscadores de ‘quijotes’, una referencia para los coleccionistas. El paisaje de La Mancha se les aparece en cualquier feria o librería de viejo, siempre diferente. José Antonio Valladares ha traído siete, entre ellos el que contiene 600 ilustraciones de Mingote y el de Daniel Urrabieta Vierge de 1906, el primero que tuvo que dibujar con la mano izquierda tras sufrir una enfermedad. El vitoriano Txema Sandoval compró un ‘quijote’ editado en Zaragoza en 1831 a la bisnieta de Azaña «y según ella le pertenecía». No hay documentos que lo acrediten, pero en la cubierta los dos tomos llevan grabado el escudo republicano.

Hay obras históricas que superan los 5.000 euros y un 'Romancero gitano' ilustrado por Alberti

El polifacético Sandoval, que además es actor y escritor, atesora segundas ediciones de Quevedo, además del primer libro publicado en España sobre Medicina (1661). A los libreros no les gusta hablar de precios, como si esa etiqueta manchara obras tan ejemplares. En la feria hay facsímiles de obras históricas por 5.400 euros, 8.000... «los tengo bien atados», dice José Antonio Valladares, al que una colección de grabados de Chillida con tapas de hierro le duró pocas horas en el stand. Le quedan exquisiteces como el ‘Romancero gitano’ con ilustraciones y palabras de Rafael Alberti en homenaje a su amigo Lorca. «Esto es irrepetible».

En el puesto de la editorial Siloé, que regenta el Museo del Libro de Burgos, llaman la atención un par de guantes blancos. «Es que la piel casi agradece el manoseo, pero el terciopelo sufre», comenta Juan Collado mientras muestra la ‘Cosmografía de Ptolomeo’. La editorial está especializada en reproducir con todo lujo de detalles documentos históricos como los del Cartulario de Valpuesta, que según reconoció la RAE en 2010 contienen «las primeras palabras escritas en español».

Lorenzo Silva no se detiene en estos puestos, aunque si hubiera tenido más tiempo habría añadido a su compra algún ejemplar de la colección Austral. «Me gusta mucho, me llevo todo lo que veo, porque cuando era niño iba al rastro y los compraba de diez en diez». En su biblioteca, más sentimental que bibliófila, la pieza estrella es el manual con el que su abuelo aprendió árabe. «No quiero tener libros muertos, quiero que estén vivos para mí». Para hacer sitio recurre a «purgas y donaciones» y aconseja aportar fondos «a las cárceles». Él lo hace desde que, valiéndose de su condición de abogado, entrevistó al Vaquilla cuando llevaba 20 años preso. Al despedirse le dijo: «Mándame libros, tuyos o de otros. Estoy vivo por los libros».

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