Paseo por el arte sin soltar el carrito

La feria Flecha está abierta en Artea hasta el próximo 18 de noviembre./PEDRO URRESTI
La feria Flecha está abierta en Artea hasta el próximo 18 de noviembre. / PEDRO URRESTI

La feria Flecha reúne en el centro comercial Artea a artistas como Ouka Leele, Isabel Muñoz o Cano Erhardt

Gerardo Elorriaga
GERARDO ELORRIAGA

El arte sale al paso del consumidor a través de una serie de ‘stands’ flanqueados por tiendas franquiciadas, justo en el camino que conduce al supermercado. Flecha, la pionera entre las ferias satélites surgidas al abrigo de ARCO, ha apuntado al centro comercial Artea y, hasta el próximo día 18, ofrece una selección de 200 obras de todo tipo y condición. Quien no sucumba a las prisas de la lista de la compra, puede encontrar pequeños tesoros en el corazón del ‘mall’. Su primera edición reúne los sugerentes paisajes de Alejandro Quincoces y Gorka García Herrera, un artista vasco ajeno aún al circuito comercial local, las instantáneas de Ouka Leele, Isabel Muñoz y Cano Erhardt, o los mapas zoomórficos de Jaelius Aguirre, el pseudónimo creativo de José Luis Aguirre, responsable también de la cita. «Una iniciativa así resulta alternativa porque rompemos la barrera entre la gente y la plástica, que cree que es difícil de entender o que posee precios desorbitados».

Se pueden encontrar piezas con un precio que va desde menos de 100 euros hasta más de 30.000 y contemplar obra gráfica, pintura, imágenes o, incluso, escultura de considerables dimensiones. «Quizás no la vendamos, pero constituye otro atractivo». El gestor es el creador de la Feria de Liberación de Espacios Comerciales hacia el Arte (Flecha) un proyecto con sorna, halo guerrillero y espíritu gremial: «Desde el principio, estuvo planeada por y para los artistas, porque somos autores todos los miembros del comité de selección», indica. «A los interesados les pedimos profesionalidad, nivel técnico y que nos hablen, que sigan su camino interior y no se dejen llevar por tendencias».

El éxito de una exposición en un escenario similar le proporcionó la propuesta de llevarla a cabo en un centro comercial recién inaugurado en Madrid. «La primera salió genial porque, aunque parece el sitio más adecuado para exhibir arte, si el lugar, la obra y el montaje están bien, goza de una ventaja increíble, y es que no necesitas atraer a la gente, ella ya viene. Acercamos el arte allí donde está, a personas aficionadas y a quien jamás iría a un museo, lo ven y disfrutan, sobre todo me gusta el interés de los niños y jóvenes», apunta este artista y veterano músico de la Movida.

Los promotores de la convocatoria inicial eligieron febrero porque es un mes pésimo para este tipo de comercios tras superar el periodo de rebajas y coincidía con la celebración de ARCO. «Pensamos que sería un complemento y de ahí el nombre. Empezó como una broma y ha ido creciendo». La edición madrileña reúne hoy a nombres de la talla de Antonio López y Eduardo Arroyo, con otros emergentes.

Veintiséis años después, aquel proyecto ha llegado a la Red, intenta expandirse por el país y traspasar fronteras. «Venimos de Palma de Mallorca y estamos barajando otras opciones para crear un itinerario», cuenta. La elección del espacio getxotarra responde a «razones teórico mágicas» y a otras más prosaicas. «¿Cómo resistirse a un sitio con ese nombre, que significa arte en euskera? Además, el lugar es físicamente bello y se halla en un entorno de clase media alta, potencial cliente, y cerca de Bilbao, y me gustaría que los vecinos de la ciudad se acercaran para que gocen de este montaje en el que hemos cuidado la participación vasca. Hemos huido de cualquier planteamiento modesto, de circunstancias, tenemos ambición y aquí hay talento».

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