Los nuevos 'triunfitos' vienen ensayados

Escuelas y coros de Bizkaia cultivan el talento de los jóvenes que sueñan con dedicarse a su gran pasión

Maren Bidaurrazaga y Paula Sanz ensayando./Luis Ángel Gomez
Maren Bidaurrazaga y Paula Sanz ensayando. / Luis Ángel Gomez
ELENA SIERRA

El éxito de audiencia de la última edición de ‘Operación Triunfo’, que ha puesto de manifiesto la sólida formación musical de su ganadora, Amaia Romero, de 19 años, lleva a preguntarse cómo anda el talento joven en Bizkaia. Abunda, de eso dan fe los profesores de conservatorio, escuelas de música, coros y compañías que levantan producciones musicales. Y se cultiva con esfuerzo. Estas voces en formación trabajan muchas horas, tanto en las clases como fuera de ellas. Como explican algunos profesores de la escuela de Deusto Mr. Jam, «se es músico las 24 horas del día». Y más aún si sueñan con dedicarse profesionalmente a su pasión. Esta academia tiene un acuerdo de colaboración con el británico The Institute of Contemporary Music Performance -uno de los referentes europeos en la obtención de estudios superiores en música moderna- y ya ha enviado para allá a unos cuantos alumnos (como el batería del grupo Encore),

Al centro de Deusto acuden quienes optan por el pop, el jazz, el rock, el soul... Sus alumnos adquieren conocimientos de música y armonía, y disponen de un estudio de grabación para probarse. «Desde la iniciación hasta el desarrollo profesional». En la clase de combo ponen en común lo que están haciendo, y ahí suelen surgir grupos que se van fogueando por los conciertos de bares y los concursos. We Are Standard, por ejemplo, surgió aquí; Ainhoa Cantalapiedra, una de las ‘triunfitas’, ganadora de la segunda edición del programa, fue alumna de la escuela. Hay historias de ‘desconocidos’ para el gran público, como la de aquel alumno que entró a los once años, a los 18 fue a continuar su formación a Musikene, donde se logra la titulación superior, ha hecho un master en Holanda y ahora prosigue su carrera en Nueva York.

Para encaminarse hacia la lírica, además de la Sociedad Coral de Bilbao, la vía es el Conservatorio para obtener los grados elemental y profesional. Después, Musikene. Más allá, existe el agente, encargado de lograr audiciones que se concretan casi de un día para otro y requieren de total disponibilidad. Con la música moderna, cada cantante presenta su proyecto a asociaciones, instituciones, centros culturales y festivales. Siempre con esfuerzo en una sociedad que no termina de poner al mismo nivel profesional la música y cualquier otra tarea laboral.

Las voces más jóvenes Judith, «ni un día sin cantar» a los once años

«Cantar me transmite muchos sentimientos: amor, alegría. Bailar menos, pero también me hace sentir muy bien. Es la libertad y el movimiento», dice Judith Caballo Rey, de solo once años, sobre las razones por las que dedica todo el tiempo y el esfuerzo que puede a la canción y la danza. En diez años, esta vecina de Castro a la que en Navidad se pudo ver en el musical ‘Oliver Twist’ de la compañía Let’s Dance cree que estará «cantando aunque no sea en la tele». Lo suyo es el pop -es fan de Malú y sus vecinos la recuerdan bajando a la playa con sus auriculares y sus gorgoritos con solo cuatro años, cuando se aprendió sus primeras canciones-. Y, ante todo, no quiere pasar «ni un día» sin música. Si no ha ido a clase de canto, con el tenor Alberto Núñez, aprovecha el rato en que su madre le seca el pelo para practicar.

Arantza Rey, que reconoce que la niña en esto no ha salido a ella, anima a su hija a perseguir su sueño y a formarse, pero no puede evitar sentir un poco de «miedo», todo ese que Judith no tiene. «Este es un mundo tan competitivo y la gente está tan bien preparada que... Por eso vamos a animarla a que continúe sus estudios. Es un caos -la danza, el canto, las clases, las pruebas- pero se la ve tan feliz». Judith pasó en verano dos fases del casting de La Voz Kids. «Es su sueño, un OT».

Sara Díez y Hakimi Flissi.
Sara Díez y Hakimi Flissi. / Luis Ángel Gomez
Hakima Flissi Sondika, 20 años «Investigo qué puedo hacer con mi voz»

En el canal de Youtube de Hakima Flissi se la puede escuchar reinventando ritmos para canciones muy conocidas o cantando sobre bases que le pasan «jóvenes que están empezando a ser productores». En los comentarios hay una propuesta de una «redactora de un programa de talento musical en televisión. Se trata de un nuevo proyecto y me gustaría contactar contigo». Hakima no empezó en serio con la música hasta hace un par de años (ahora tiene 20), aunque a los 13 ya se le pasó por la cabeza. Al acabar el Bachiller, entró en Mr. Jam, donde estudia canto y lenguaje musical y combo, asignatura que le permite estar en contacto con otros músicos y «practicar». Pasa horas «investigando» lo que puede hacer con su voz en casa, cantando en bares con amigos, «creando y publicando en el canal».

Maren BidaurrazagaSondika, 16 años «Soy actor, perome tira más el canto y la guitarra»

Hay cosas que pasan... porque tienen que pasar. Como cuando un escritor dice que fue un familiar el que envió su manuscrito a la editorial que lo ha publicado, o una modelo que acompañó a una amiga a un casting y la eligieron a ella. Algo así es lo que al jovencito Maren Bidaurrazaga le ha cambiado la perspectiva. «Fui con amigos a una prueba para un musical del que nos había hablado el padre de una amiga, era un poco de broma. Y me cogieron». Era ‘Oliver Twist’, la producción de Eva Ausín que se representó en el Euskalduna, el Teatro Klaret de Balmaseda y el Lizeo de Gernika. Logró dos papeles, uno en el que cantaba a dúo con otro de los personajes y otro en una actuación coral. Aunque desde hace años recibe clases particulares de guitarra, después de que su tío le regalara una a los nueve, hasta ahora no se había planteado encauzar su vida por ese lado. «Yo soy actor, es lo que he querido desde pequeñito. He hecho siempre teatro, desde los cuatro o cinco años, y anuncios. Desde los 9 soy profesional y ahora estoy trabajando en un programa de talentos de EiTB, he ido a ‘castings’ para películas y acabo de decir que no a un papelito en ‘La que se avecina’ porque me voy de viaje... Pero desde ‘Oliver Twist’ pienso en dedicarme más al canto y a la guitarra», explica a sus 16 años. Se siente muy «cómodo» en el escenario, más que en un plató de televisión. «Cuando hay mucha gente y el teatro está a oscuras, yo siento que hay menos presión».

Paula Sanz Bilbao, 18 años «Siempre te dicen que estudies otra cosa como colchón»

«Hay que tener ganas y ser valientes para decir que queremos vivir de esto», dice Paula Sanz, que con 18 años se encamina hacia la lírica. «La gente no lo ve como una opción profesional más, siempre te dicen que estudies otra cosa como colchón». Ella cursa Administración y Dirección de Empresas, y en 2017 dio el paso hacia el canto tras años dedicada al piano. Tiene el grado profesional, y eso que dos veces quiso dejarlo a lo largo de diez años de estudios. La primera, a los once, cuando los amigos se quedaban en el txikipark y ella tenía que ir a clase «muchas horas». La segunda hace solo un año. «En el instituto sacaba muy buenas notas, pero en el Conservatorio veía que, esforzándome mucho más, no rendía igual». Ahora se forma en el coro Euskeria de la Sociedad Coral de Bilbao, con el que ensaya miércoles, viernes y sábados. «Es mi segunda familia, sin duda».

Sara Díez Bilbao, 35 años «El solfeo no me gustaba nada»

Sara lleva una vida musical bastante parecida a la de su compañera de estudios Hakima, con la diferencia de que su «click mental» no saltó hasta los 30 años: fue entonces cuando decidió apostarlo todo a la música moderna. De niña, ya había recibido formación clásica. «Mis padres me apuntaron en el Conservatorio a piano, guitarra y solfeo, que he de decir que no me gustaba nada», se ríe, «pero que me ha sido muy útil cuando he decidido volver a estudiar». Nunca es tarde, dicen en Mr. Jam, para hacer lo que de verdad se desea y Sara es la prueba de ello, una de las muchas alumnas «mayores» de los aproximadamente 300 que cada año hacen de esta escuela de rock su casa durante unas cuantas horas a la semana. Volver a clase le ha permitido conocer a músicos con los que ha formado un pequeño grupo que, en verano, actúa en terrazas. «Me gusta coger canciones antiguas o modernas y versionarlas, hacerlas mías, ver qué sale. Hay que experimentar».

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