El Twanguero, virtuoso, pero no exhibicionista

Diego García, con barbita de semanas/DANELLO
Diego García, con barbita de semanas / DANELLO
El Bafle

En su tercera visita a Bilbao, el guitarrista de rockabilly latino no alcanzó anteriores cotas artísticas aunque conectó con el público del Satélite T

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

En 2016 dos veces vino a Bilbao El Twanguero, guitarrista nacido en Valencia en 1976 y hoy vecino de Los Ángeles, exescudero de Bunbury, Calamaro y muchos más, y exmiembro de los veloces rockabillies levantinos Rock N Bordes. La primera vez, en enero de 2016, dejó un estupendo sabor de boca a un respetable que agotó las entradas y estaba compuesto por numerosos músicos locales, y la segunda vez, en septiembre del 16 en el Kafe Antzokia, ante bastante menos gente, resultó una cita más triste, desde las luces hasta el ambiente. Y esta tercera ocasión, la del sábado noche en el Satélite T de nuevo, artísticamente quizá fue la peor (o menos buena) de las tres, aunque por lo menos Diego García -así se llama- recuperó la comunión con la afición que llenó en más de tres cuartos el local. El Twanguero salió con la estética no tan cuidada (barbita, despeinado, nada de chaquetas de aura rockabilly…), y con gesto como cansado, o extenuado de tanta celebración navideña. Además, su banda no aguantaba la comparación con la de 2016 porque no estaba El Niño Bruno a los tambores.

El sábado sonaron una veintena de temas mayormente instrumentales en 99 minutos con dos bises. Diego usó dos guitarras: una eléctrica Gibson 295 (la guitarra de Scotty Moore, el de Elvis, ya saben) y una acústica Martin de 1930. Y el concierto tuvo tres partes: la primera eléctrica y un tanto desordenada, con sonido no muy bueno en el Satélite T y repertorio disperso: cumbia, latin twang, exótica vía Straitjackets, el 'Rockabilly Mambo' a lo Jeff Beck pachuco pero que no le quedó muy bien, y un par de hitos, de dianas en estos primeros ocho números: el 'Cerezo rosa' de Pérez Prado y el latin rockabilly 'Coco Zoot Suit', en el que bajó a tocar entre el público y donde cuela un coro ramoniano que decía 'hey-ho'.

Se refrenó por la mitad, en la segunda parte. El valenciano estabilizó el sonido y controló la emoción con cinco temas acústicos a solas en los que reveló el repertorio de su introspectivo último disco, 'Carreteras secundarias', inspirado por un viaje de Norte a Sur de América buscando el sonido de la guitarra americana, y del que desgajó títulos como 'Carreteras secundarias', 'Fields of America', 'El camino' o 'Minor Rag'. «Sois un público de primera y las palmas han sido a tiempo», halagó Diego tras este tramo.

Y en la tercera y última parte, ya hasta el final siguió la fiesta, con un Diego recrecido en la técnica y la digitación ('Speedy García'), facturando mambo latin-billy con guitarra espectacular pero no exhibicionista, country a toda mecha, concomitancias con Brian Setzer, o un 'Perro de caza' de Elvis que parecía lo estaba tocando el melancólico Otis Rush, aparte de una segunda inmersión para tocar entre el respetable.

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