Que no sea el último Robe

Que no sea el último Robe

Robe Iniesta se crece escenificando su nueva sensibilidad extrema en la clausura bilbaína de su primera gira solista

JOSU OLARTE

Pese al título de su última tanda de conciertos, Robe Iniesta quiso 'bañarse dos veces en el mismo río' (o Ría en nuestro caso) retornando cinco veces después a Bilbao para el concierto final de la gira 'Bienvenidos al temporal' con la que viene recreando casi al completo sus dupla de álbumes ('Lo que aletea en nuestras cabezas' 15) y 'Destrozares, canciones para el final de los tiempos' 16). Un díptico musicalmente más sutil con el que ha trasladado el masivo rock transgresivo de Extremoduro a una dimensión más honda y poética a partir de canciones oscilantes entre el desamor, el deseo y un cierto pesimismo ácido y ácrata.

Acercando el escenario a la parte central del Bilbao Arena. el «antes poeta que músico» extremeño buscó y encontró la complicidad íntima buscado en teatro y auditorios 'atípicos' como el Euskalduna. Ante otras variopintas -en edad y condición- almas, volvió a concitar un Robe que, engrasado tras cerca de cuarenta fechas, amplificó el aplomo y la convicción con el que recrea su nueva encarnación más sensible y sentida pero no menos apreciada su diversificada audiencia.

Lo único que separa la nueva intensidad de sus canciones de las de Extremoduro es su falta de intensidad, ha dicho Iniesta, que cuenta a su favor con un 'ensemble' que suena como los ángeles al interpretar con ramalazos de folk de cámara, aires zíngaros, rock andaluz y new age, un repertorio a medio tiempo sustentado en los arreglos de pianos, cuerdas, (violin) y vientos (clarinete, saxo)

Un violín gitano introdujo 'El cielo cambio de forma', que dramatizada por los quejíos de Robe y el piano muy flamenco, llevó a pensar en lo poco que se valora su pellizco hondo comparado con la cacareada querencia flamenca de Los Planetas. Junto a 'Querré lo prohibido' conformó una dupla inicial de la primera parte del concierto que, en una toda una declaración de intenciones, el de Plasencia comenzó a interpretar sentado 'Por ser un pervertido'.

«Ni de hombres ni mujeres , sino de amor y sexo» dijo que hablaba el tema de su debut que con saxo flotante remitió al Brian Eno ambiental. A no interpretar sus metáforas al pie de la letra apeló en 'Hoy al mundo renuncio', que el personal celebró coreando aquello muy cierto de «vivo al margen de las reglas» y «mi única bandera son sus bragas negras» Dedicada a los niños refugiados que cada día se ahogan en el Mediterráneo encadenó una emocionante 'Nana Cruel' a la que la realidad dijo imponer un cambio en su versos final («Y prometió volver» por «Y prometió volver aunque tu no estés»).

Con final en crescendo emotivo e instrumental y protagonismo para el un David Lerman (bajo, saxo, clarinete) con falda escocesas a lo Axl Rose, continuó en tono desolado Iniesta con 'Destrozares' («que viniera a verme en cualquier hora la muerte») y 'Guerreros', coreada con un Robe, antes de, con intro neocamerística, anunciar con la elegíaca 'La Canción más triste' el habitual y difícil de entender parón (25 minutos esta vez) que en los tiempos terminales de Extremoduro llevaba a pensar mal.

No hubo la tormenta eléctrica que sugiere un gira titulada 'Bienvenidos al temporal', pero con sonido mas rotundo y ramalazos extremos arrancó la segunda parte con 'Cartas de Gaia'. Ligando a Goran Bregovic de las bodas y funerales con el Morente de Omega como 'Puta Humanidad' y con ecos del Paul Simón mestizo 'Del tiempo perdido' con las que demostró su capacidad para elevar el tono y la respuestas sin tirar de viejas fórmulas.

Con aflamencada intro de bajo y evocando con piano trianesco el rock andaluz de los 70 de Triana encaró Iniesta la recta final con su canción necesaria ('Contra todos'). A lo mejor por el cierto punto a su colega Fito que insufló a 'Y rozar contigo' se vino la gente arriba con el crescendo rockista de su despedida momentánea «por encima del bien y el mal».

«Que no sea el ultimo Robe», le venían gritando desde las primeras filas antes de dejar para el bis su único rescate de los Extremoduro posteros ('Si te vas') que, mecida en su intro por clarinete y violín, y cuyo intenso crescendo saludaron las féminas coreando versos como «Me pongo palote solo con que me toque» o «la realidad que necesito se ha ido detrás de ese culito». Decenas de móviles capturaban , entre tanto la escena, pero a Robe no pareció impostarle esta vez que el personal «diera por culo en lugar de disfrutar». Quien sabe si , por ser vizcaíno de adopción, sentia que jugaba en casa.

Rematada con un sostenido vocal de Lorenzo González que envidiaría cualquier héroe vocal del heavy, la aflamencada 'Un suspiro acompasado' puso el broche con el artista saludando como un divo de la lírica y con la sensación de que, como cantan en 'Contra el mundo', Robe ha cambiado su futuro.

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